Tres policías corruptos, operando bajo las órdenes del CJNG, fueron detenidos en un operativo coordinado por Omar García Harfuch en Apatzingán, Michoacán.

 

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El domingo 5 de abril de 2026, en la tranquila tarde de Apatzingán, Michoacán, un operativo encabezado por el comandante Omar García Harfuch resultó en la detención de tres policías corruptos, quienes operaban directamente bajo las órdenes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Este operativo no solo detuvo a funcionarios públicos, sino que también logró el decomiso más grande de drogas registrado en lo que va de la ofensiva en Michoacán: 78 toneladas de metanfetamina y fentanilo, empaquetadas y listas para su distribución internacional.

El contexto en el que esta operación se desarrolló es clave para entender su magnitud.

La región de Tierra Caliente, que abarca partes de Michoacán, Guerrero y el Estado de México, ha sido un territorio disputado durante décadas por las organizaciones criminales.

La localización geográfica de esta zona, un punto de tránsito natural entre el Pacífico y el centro del país, ha sido fundamental en la transformación de Tierra Caliente en un centro logístico para el CJNG.

En las últimas dos décadas, el cártel ha logrado transformar esta región en un eje clave para la producción y distribución de drogas sintéticas, especialmente metanfetamina y fentanilo.

 

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Lo que parecía un día normal en la zona industrial de Apatzingán, a tan solo unos kilómetros del centro de la ciudad, ocultaba un operativo con consecuencias trascendentales.

Tres policías, dos comandantes y un jefe de grupo, que formaban parte de la estructura de seguridad de Michoacán, estaban involucrados en una red de protección para el CJNG.

Aparentemente, esos mismos uniformados, que durante la mañana firmaron su asistencia y cobraron su salario del Estado mexicano, estaban protegiendo el último gran cargamento de drogas que el cártel intentaba sacar de la región.

La operación fue tan precisa que los equipos tácticos de la Guardia Nacional y las fuerzas especiales de la Secretaría de la Defensa Nacional, al actuar en plena luz del día, lograron sorprender a los involucrados.

Los tres policías intentaron hacer uso de su credencial y su rango institucional para pasar desapercibidos.

Pero, al ser rodeados por las fuerzas federales, se dieron cuenta de que esta vez no había forma de escapar de la justicia.

“¡Manos arriba! ¡Al suelo!”, fueron las palabras que precedieron su arresto.

No hubo enfrentamientos, ni disparos, solo la captura inmediata de tres funcionarios corruptos.

 

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Dentro de los vehículos y las bodegas ocultas, las fuerzas de seguridad encontraron 78 toneladas de metanfetamina y fentanilo, un cargamento de tal magnitud que no solo refleja la capacidad logística del CJNG, sino también el nivel de sofisticación que la organización ha alcanzado en la región.

Los vehículos utilizados para transportar las drogas tenían compartimientos ocultos, diseñados con tal precisión que ni las revisiones más exhaustivas habrían logrado detectar lo que realmente transportaban.

Tanques de combustible modificados, camiones con dobles fondos y bodegas industriales disimuladas como espacios comerciales fueron solo algunos de los medios empleados para ocultar las drogas.

Además del impresionante decomiso, el operativo dejó al descubierto una red de corrupción profundamente arraigada dentro de las instituciones de seguridad en la región.

Los documentos encontrados durante la operación revelaron pagos regulares, organizados y registrados por el mismo cártel a los policías que colaboraban con ellos.

Estos pagos no eran simples sobornos, sino transferencias detalladas en las que se especificaba el servicio que se había prestado: protección de rutas, filtrado de información y escoltas para el traslado de cargamentos.

 

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La operación del domingo no solo significó un golpe al CJNG, sino también una señal de que el Estado mexicano está decidido a desmantelar la red de corrupción policial que ha permitido la perpetuación de estos crímenes.

Las fuerzas federales han demostrado que no hay impunidad para aquellos que, bajo el pretexto de un uniforme, sirven a las organizaciones criminales.

A pesar de la magnitud de la operación, la detención de estos tres policías no fue un acto aislado.

Según los analistas, esta operación podría ser solo la punta del iceberg.

La investigación que se abre a partir de estos arrestos promete revelar más nombres, más cómplices dentro de las corporaciones policiales y, lo más importante, los vínculos con el CJNG.

“Este no es el fin de la lucha, es solo el principio”, declaró García Harfuch en su intervención posterior al operativo.

La caída de estos tres hombres representa un mensaje claro a todos los que creen que la corrupción policial es una vía segura para operar impunemente: “No hay espacio para el crimen organizado, ni siquiera dentro de las instituciones del Estado”.

 

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El decomiso de 78 toneladas de droga, cuyo valor en el mercado de distribución al menudeo en Estados Unidos supera los 2,000 millones de dólares, es una cifra impresionante.

Sin embargo, lo que realmente importa en este caso es el impacto que esta operación tendrá en la estructura del CJNG en Michoacán.

La pérdida de su última línea de protección institucional y el golpe financiero que supone la incautación de estas drogas son dos factores que, en combinación, podrían cambiar la dinámica del crimen organizado en la región.

Este operativo marca un antes y un después en la ofensiva contra el CJNG, pero también pone en evidencia una problemática aún más profunda: la corrupción estructural dentro de las instituciones de seguridad.

El trabajo realizado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, que permitió la captura de estos policías y el decomiso de esta droga, demuestra que la inteligencia, la voluntad política y la capacidad técnica son herramientas clave para desmantelar las organizaciones criminales que operan en el país.

Sin embargo, la pregunta que sigue siendo relevante es: ¿cómo erradicar la corrupción que ha permitido que estas redes sigan operando? ¿Qué tan profundo llega la infiltración en las instituciones de seguridad? Solo el tiempo lo dirá.