“Cagada tras Cagada”: La Feroz Crítica de Felipe Zuleta que Desnuda la Supuesta Mitomanía y Falta de Empatía de Gustavo Petro

 

En el complejo tablero político de Colombia, donde la polarización parece ser el único lenguaje común, las voces críticas suelen ser el termómetro de una sociedad que oscila entre el apoyo ferviente y el rechazo absoluto. Sin embargo, pocas veces se ha escuchado un ataque tan personal, directo y visceral como el que recientemente protagonizó el experimentado periodista Felipe Zuleta Lleras contra el presidente Gustavo Petro Urrego.

En una intervención que ha encendido las plataformas digitales, Zuleta no solo cuestionó la gestión administrativa del mandatario, sino que descendió al terreno de su “condición humana”, calificándolo en términos que han generado un sismo en la opinión pública.

La Anatomía de una Crítica Feroz

Para Zuleta, el actual gobierno no solo padece de ineficiencia técnica, sino de una profunda crisis ética y moral en su liderazgo. El periodista comenzó su intervención señalando lo que denomina la “doble moral” del país, donde actos que serían intolerables en cualquier otro contexto son festejados o ignorados por los simpatizantes del Pacto Histórico. Según Zuleta, el presidente Petro ha incurrido en conductas de discriminación y racismo que contradicen directamente el discurso de inclusión que lo llevó a la Casa de Nariño.

Uno de los puntos más álgidos de su relato fue la mención a un Consejo de Ministros donde, según versiones citadas por el periodista, Petro habría increpado a un funcionario diciendo: “A mí ningún negro me viene a decir qué se debe hacer”. Estas palabras, de ser ciertas, representarían una traición a las bases sociales que el presidente dice representar. Zuleta extendió esta crítica hacia el trato que recibe la vicepresidenta Francia Márquez, afirmando que, independientemente de su desempeño, ha sido objeto de insultos y desprecio por parte de su jefe inmediato, olvidando que fue ella una pieza fundamental para su victoria electoral.

El Estigma hacia la Mujer y la Prensa

El análisis de Zuleta no se detuvo en el gabinete. El comunicador denunció un “machismo de proporciones asqueantes” por parte del mandatario, evidenciado en la forma en que se refiere a las mujeres que lo cuestionan. Utilizar términos como “periodistas mafiosas”, “princesas de la oligarquía” o “vampiras sangrientas” para descalificar a la prensa femenina y a la oposición, denota, según Zuleta, un hombre que discrimina “desde el alma”.

Esta actitud hacia la mujer periodista ha sido un tema recurrente de fricción entre el gobierno y los gremios de libertad de prensa, pero Zuleta lo eleva a un rasgo de personalidad que define la forma en que Petro entiende y ejerce el poder: como una herramienta de estigmatización hacia quien no se alinea con su relato.

La Tragedia como Escenario de Evasión

Quizás el punto más doloroso de la crítica fue la mención a dos tragedias recientes que han enlutado al país. El primero, el fallecimiento del niño Kevin, quien padecía hemofilia y murió presuntamente por falta de medicamentos en medio de la crisis del sistema de salud. Zuleta recriminó con dureza que la respuesta oficial fuera, en esencia, culpar a la madre por permitir que el niño montara en bicicleta, una declaración que el periodista calificó como una falta absoluta de empatía y humanidad.

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El segundo hecho fue el reciente accidente del avión Hércules de la Fuerza Aérea Colombiana, donde perdieron la vida 69 jóvenes soldados. La reacción del presidente, al calificar la aeronave como “chatarra regalada por Estados Unidos”, fue vista por Zuleta como un intento desesperado por evadir la responsabilidad del mantenimiento y la seguridad operacional bajo su mando. El periodista enfatizó que el comandante de la Fuerza Aérea tuvo que salir a desmentir al propio presidente, asegurando que el avión estaba en óptimas condiciones. Esta tendencia a buscar culpables externos —ya sean los “gringos”, la ONU o el gobierno anterior— es lo que Zuleta define como una conducta infantil y peligrosa.

Mitomanía: Cuando el Relato Reemplaza a la Realidad

El concepto central de la “peinada” de Zuleta fue la mitomanía. No se trata simplemente de mentir, sino de la construcción de una realidad alternativa que el propio autor termina creyendo. “Es un individuo que no es capaz de asumir una sola responsabilidad de absolutamente nada”, afirmó Zuleta, comparando al presidente con un niño pequeño que niega tener el pañal sucio a pesar de que el olor lo delata.

En política, la mitomanía se traduce en la creación de narrativas heroicas o de persecución que buscan blindar al líder de cualquier error. Según el análisis, cuando la producción de cocaína se dispara, la culpa es de los Estados Unidos; cuando las hectáreas de coca crecen, la culpa es de las Naciones Unidas. Esta desconexión con los datos y la realidad científica erosiona la confianza pública y genera una estabilidad ficticia basada en el discurso y no en los resultados.

Un Llamado a la Ciudadanía

La intervención de Zuleta concluye con una reflexión necesaria para la sociedad colombiana: ¿Qué tipo de liderazgo estamos aceptando? El periodista advierte que cuando una sociedad empieza a justificar lo injustificable por mera simpatía ideológica, deja de avanzar y empieza a estancarse. Gobernar no es solo “hablar bonito” o prometer cambios estructurales; es la capacidad de reconocer errores, asumir consecuencias y actuar con la responsabilidad que exige el cargo más alto de la nación.

Colombia se encuentra en una encrucijada donde la verdad parece ser una víctima más de la lucha política. El análisis de Felipe Zuleta, más allá de la virulencia de sus palabras, invita a los ciudadanos a evaluar a sus líderes con objetividad, exigiendo coherencia entre el discurso de la “potencia mundial de la vida” y las acciones cotidianas de quien ostenta el poder. La conclusión es amarga pero urgente: el país necesita menos relatos épicos y más soluciones reales, menos excusas y más honestidad. El verdadero cambio, sugiere Zuleta, no vendrá de un discurso en un balcón, sino de la capacidad de cada colombiano de cuestionar el poder, sin filtros ni fanatismos.