Mensajes armados difundidos desde 2021 señalaron presuntos vínculos entre mandos de seguridad en Chihuahua y grupos delictivos, marcando el inicio de una crisis persistente en la entidad

 

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La situación de seguridad en el estado de Chihuahua ha estado marcada por una compleja red de tensiones, mensajes intimidatorios y disputas entre grupos delictivos que han influido directamente en la vida pública desde el inicio de la actual administración estatal.

A tan solo dos días de haber asumido el cargo como gobernadora, Maru Campos fue señalada indirectamente en un mensaje difundido por un grupo armado, donde se advertía sobre presuntos vínculos entre mandos de seguridad y organizaciones criminales.

Desde entonces, la relación entre el poder político y la dinámica delictiva en la entidad ha sido objeto de constante atención.

En aquel primer mensaje, difundido mediante un video, se observaba a varias personas encapuchadas portando equipo táctico mientras acusaban a funcionarios de colaborar con una organización conocida como “La Línea”, vinculada históricamente al cártel de Juárez.

En el contenido también se mencionaban amenazas dirigidas a mandos policiales y se advertía sobre posibles consecuencias si no se actuaba contra ciertos elementos dentro de las instituciones de seguridad.

Aunque la autenticidad del mensaje no fue confirmada oficialmente, su impacto marcó el inicio de una narrativa persistente sobre la infiltración del crimen organizado en estructuras gubernamentales.

Chihuahua, debido a su ubicación estratégica en la frontera norte, ha sido durante años un punto clave para diversas organizaciones que buscan controlar rutas hacia Estados Unidos.

En este contexto, la disputa entre facciones del cártel de Sinaloa y el grupo conocido como La Línea se ha mantenido como uno de los principales focos de conflicto.

Sin embargo, a partir de 2025, la situación se volvió aún más compleja con la aparición de informes que señalaban la presencia del cártel Jalisco Nueva Generación en la entidad, lo que representó un cambio significativo en el mapa delictivo regional.

 

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Estos informes indicaban que, además de las facciones internas del cártel de Sinaloa, como los llamados “Chapitos” y “Mayos”, también operaban estructuras del cártel Jalisco Nueva Generación en territorio chihuahuense.

Esta coexistencia de múltiples grupos, en algunos casos con alianzas temporales y en otros con enfrentamientos directos, generó una reconfiguración constante del control territorial.

La fragmentación interna de las organizaciones ha permitido que se formen acuerdos tácticos que, en ocasiones, resultan contradictorios desde el exterior.

En medio de este panorama, surgió un episodio que incrementó la tensión política y mediática: el aseguramiento de varios laboratorios clandestinos en zonas serranas del estado.

Durante este operativo, se reportó la participación de personas extranjeras integradas a un convoy estatal, lo que generó cuestionamientos sobre posibles colaboraciones no oficiales.

Posteriormente, se confirmó que al menos dos ciudadanos extranjeros habían estado presentes durante las acciones, aunque sin portar insignias ni participar directamente en operaciones tácticas.

El incidente tomó un giro aún más delicado cuando se registró un accidente en el que fallecieron el director de la Agencia Estatal de Investigación, su escolta y dos de los extranjeros que viajaban en el convoy.

La investigación posterior reveló que, en total, eran cuatro personas extranjeras las que se habían integrado al grupo, aunque el paradero de dos de ellas no fue esclarecido en ese momento.

Este hecho generó dudas sobre los mecanismos de control interno dentro de las instituciones estatales.

 

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La fiscalía encargada del caso señaló que la integración de estas personas al operativo no fue informada a los niveles superiores, lo que evidenció fallas en los protocolos de comunicación.

Según esta versión, la decisión habría sido tomada por el titular de la agencia, quien perdió la vida en el accidente, lo que dejó sin un responsable directo para responder por la situación.

Esta narrativa oficial provocó críticas y cuestionamientos sobre la transparencia en el manejo de la información.

Minutos después de darse a conocer estos hallazgos, el fiscal general del estado presentó su renuncia al cargo, argumentando omisiones e inconsistencias dentro de la institución.

Aunque no asumió responsabilidad directa, reconoció que la falta de información oportuna había vulnerado los controles que debía garantizar.

La renuncia fue interpretada como una medida para contener la crisis institucional que se había generado tras los acontecimientos.

Mientras tanto, el gobierno estatal optó por limitar sus declaraciones públicas, señalando que las investigaciones seguían en curso.

Sin embargo, a nivel federal se anunció la apertura de una indagatoria para esclarecer la posible participación de actores extranjeros sin autorización oficial, lo que elevó el caso a un ámbito de mayor relevancia nacional.

La posibilidad de que la investigación fuera atraída por instancias federales marcó un nuevo capítulo en el desarrollo del conflicto.

 

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Paralelamente, en distintas regiones del estado se registraron episodios de violencia relacionados con operativos de seguridad.

En el municipio de Ojinaga, por ejemplo, un enfrentamiento entre fuerzas estatales y civiles armados derivó en la localización de un predio con armamento y en una serie de reacciones que incluyeron bloqueos carreteros e incendios de vehículos.

A pesar de la magnitud de los hechos, las autoridades reconocieron la falta de denuncias formales, lo que dificultó la apertura de investigaciones completas.

Otro evento que generó conmoción fue el ataque contra una dirigente del sector ganadero en un establecimiento comercial, donde resultaron lesionadas varias personas.

Este tipo de incidentes ha sido interpretado como parte de un entorno de riesgo creciente en zonas productivas, donde la actividad económica convive con la presencia de grupos armados y disputas territoriales.

En este contexto, la figura de la gobernadora se mantiene en el centro del debate público, con cuestionamientos sobre la relación entre las decisiones gubernamentales y la evolución de los conflictos en el estado.

Mientras las investigaciones continúan y las autoridades buscan esclarecer los hechos, Chihuahua enfrenta un escenario marcado por la incertidumbre, donde la seguridad, la política y la influencia de grupos delictivos se entrelazan de manera compleja y constante.

 

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