Cornelio Reyna fue uno de los máximos exponentes de la música norteña mexicana, fundador de Los Relámpagos del Norte junto a Ramón Ayala y autor de una extensa discografía que marcó el género

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Cornelio Reyna fue una de las figuras más influyentes de la música norteña mexicana, reconocido por su estilo inconfundible en el bajo sexto y por haber marcado una época dorada junto a Ramón Ayala en el legendario dúo Los Relámpagos del Norte.

Su historia, construida entre la pobreza, el esfuerzo y el éxito continental, también estuvo atravesada por problemas de salud que culminaron en su fallecimiento el 22 de enero de 1997, a los 56 años, a causa de complicaciones derivadas de una úlcera gástrica.

Nacido en el norte de México y formado en un entorno rural, Reyna aprendió desde niño a trabajar con el bajo sexto, instrumento que se convertiría en su sello artístico.

A los 14 años ya se había trasladado a ciudades como Monterrey y Reynosa en busca de oportunidades musicales, alternando su vida entre empleos informales y presentaciones en bares y centros nocturnos.

Su talento pronto lo llevó a compartir escenario con músicos locales hasta que, en 1961, conoció a Ramón Ayala, con quien formaría una de las agrupaciones más importantes del género norteño.

Con la creación de Los Relámpagos del Norte, el dueto comenzó a consolidar un sonido innovador que mezclaba música tradicional mexicana con influencias texanas.

En 1963 lanzaron su primer álbum, que incluyó temas como “Ya no llores” y “Vida truncada”, logrando un impacto inmediato en México y Estados Unidos.

El éxito del grupo abrió las puertas a giras internacionales y a una nueva etapa en la música regional.

 

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“Era una época de mucho sacrificio, pero también de mucha ilusión.

No sabíamos hasta dónde íbamos a llegar”, solían recordar sus contemporáneos sobre aquellos primeros años de grabaciones y viajes constantes.

Sin embargo, la carrera del dúo no estuvo exenta de tensiones.

En la década de los setenta, diferencias personales y profesionales llevaron a la separación del grupo, permitiendo que Cornelio Reyna iniciara una exitosa carrera como solista.

Su incursión en la música con mariachi amplió aún más su alcance artístico, llevándolo a grabar decenas de discos y a participar en producciones cinematográficas, donde también destacó como actor y compositor.

En total, Reyna participó en alrededor de 30 películas y grabó más de 60 álbumes a lo largo de su carrera, consolidándose como una figura central en la evolución de la música norteña.

Su voz, grave y emotiva, lo convirtió en uno de los intérpretes más queridos del público mexicano y de comunidades latinas en Estados Unidos.

En su vida personal, estuvo casado en varias ocasiones y enfrentó relaciones marcadas por la exposición mediática y los conflictos familiares.

Uno de los episodios más comentados fue su matrimonio con Mercedes Castro, cantante con quien compartió escenario y proyectos musicales.

La relación, sin embargo, terminó en separación en medio de tensiones personales.

A pesar de los altibajos en su vida privada, su carrera siguió en ascenso durante los años ochenta y noventa, alternando presentaciones en vivo con grabaciones en estudio.

Incluso en sus últimos años, mantuvo una relación profesional y de respeto con Ramón Ayala, con quien llegó a reencontrarse en eventos especiales donde interpretaron nuevamente algunos de sus éxitos más emblemáticos.

 

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Tras su última gira en diciembre de 1996, en la que recorrió diversas ciudades de Estados Unidos durante varios meses, Reyna comenzó a presentar problemas de salud.

Inicialmente, los síntomas fueron atribuidos a molestias estomacales comunes, incluyendo náuseas y fatiga.

Sin embargo, su estado se agravó rápidamente.

De acuerdo con reportes médicos, fue diagnosticado con anemia y posteriormente con una úlcera gástrica severa, provocada por años de hábitos alimenticios irregulares y consumo excesivo de alcohol.

El cantante fue hospitalizado en más de una ocasión, presentando episodios de sangrado interno que complicaron su recuperación.

“Pensé que eran solo náuseas por el cansancio”, habría comentado en una de sus consultas iniciales, según relataron personas cercanas al entorno médico, sin imaginar la gravedad del diagnóstico.

A pesar de los esfuerzos médicos, su condición empeoró rápidamente.

Los especialistas llegaron a considerar una intervención quirúrgica, pero su estado físico ya era demasiado delicado debido a la pérdida de sangre.

Finalmente, la úlcera estalló, provocando un desenlace irreversible.

 

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Cornelio Reyna falleció en la madrugada del 22 de enero de 1997 en la Ciudad de México.

Su muerte generó una profunda conmoción en el ámbito musical.

Cientos de seguidores se reunieron en espacios emblemáticos como Plaza Garibaldi para rendirle homenaje, recordando su legado como una de las voces más representativas del regional mexicano.

Tras su fallecimiento, su cuerpo fue trasladado a Reynosa, ciudad que lo vio crecer artísticamente y que adoptó como símbolo de identidad cultural.

Allí fue sepultado en medio de una multitud que acompañó su último adiós con música y homenajes espontáneos.

Su legado no terminó con su muerte.

Algunos de sus hijos y familiares continuaron vinculados al mundo musical, interpretando temas inéditos que el artista había dejado grabados.

Entre ellos destacó su hijo Alberto Reyna, quien intentó seguir sus pasos en la música, aunque también enfrentó dificultades personales relacionadas con el consumo de alcohol.

Años más tarde, su vida también se vio truncada prematuramente, lo que generó un eco de tristeza dentro del círculo familiar.

Hoy, Cornelio Reyna es recordado como una de las figuras fundamentales de la música norteña, un artista que transformó el género con su estilo único y cuya obra sigue vigente en la memoria colectiva de México y Estados Unidos.

Su historia permanece como la de un hombre que convirtió el esfuerzo y la pasión en un legado musical eterno.