La crisis entre las campañas de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella se intensifica en la derecha colombiana con acusaciones cruzadas por supuesta financiación de influenciadores digitales

 

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La contienda electoral en Colombia ha entrado en una fase de alta tensión dentro del bloque de la derecha, donde los principales equipos de campaña han pasado de la competencia política a un enfrentamiento abierto marcado por denuncias de amenazas, presunto uso de recursos para influenciadores digitales y filtraciones de conversaciones privadas que han sacudido el panorama político nacional.

El conflicto se intensificó tras las declaraciones de Tomás Uribe, hijo del expresidente Álvaro Uribe, quien aseguró que la falta de unidad en la oposición estaría debilitando sus posibilidades frente al avance del candidato progresista Iván Cepeda.

En un mensaje difundido en redes y posteriormente ampliado en entrevistas, afirmó: “Sin una oposición unida no es posible derrotar a Petro”.

Sin embargo, el foco del escándalo se trasladó rápidamente a las campañas de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, donde se señalan estrategias de ataque mutuo.

Según Tomás Uribe, la campaña de De la Espriella estaría utilizando influenciadores digitales para golpear a otros sectores de la oposición.

“La campaña de Abelardo ataca con deslealtad a la oposición al pagar influenciadores”, aseguró.

 

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Estas acusaciones provocaron una reacción inmediata dentro del entorno político.

Álvaro Uribe intervino públicamente para advertir sobre el impacto de las disputas internas, mientras defendía a su círculo cercano y cuestionaba la circulación de información sobre asesores de campaña.

En uno de sus pronunciamientos, afirmó: “Cuidado con asesores de campaña”, generando aún más controversia.

El conflicto escaló con la aparición de presuntos chats privados entre estrategas de campaña, donde se evidencian cruces de acusaciones y ataques personales.

En uno de los intercambios divulgados, un asesor cercano a la campaña de Abelardo de la Espriella niega cualquier participación irregular y responde con tono desafiante: “La majestad presidencial no se toca”.

Las filtraciones también incluyen referencias a supuestas operaciones de comunicación digital conocidas en el entorno político como “Operación Júpiter”, un concepto que ha sido mencionado por diferentes actores como una estrategia de coordinación en redes sociales para influir en la opinión pública.

Aunque no existen confirmaciones oficiales sobre su estructura, su sola mención ha intensificado la desconfianza entre los equipos de campaña.

 

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En paralelo, el enfrentamiento entre los asesores ha derivado en acusaciones personales directas.

En uno de los mensajes atribuidos a un estratega digital, se lanza un comentario dirigido a Tomás Uribe: “Se nota que el complejo de hijo de grande pesa sobre tus hombros”, seguido de una advertencia política sobre el desgaste de los liderazgos tradicionales.

La tensión alcanzó un nuevo nivel cuando se difundieron referencias a supuestas amenazas previas contra miembros de la familia Uribe, situación que el propio entorno del expresidente ha utilizado para reforzar su narrativa de persecución política.

Tomás Uribe recordó que hace años abandonó el país por motivos de seguridad, señalando: “Nunca me imaginé que esto se iba a repetir”.

Mientras tanto, desde la campaña de Paloma Valencia se insiste en la necesidad de unidad dentro del espectro opositor.

La propia candidata ha reiterado públicamente que su objetivo es consolidar un bloque fuerte para enfrentar al oficialismo.

“Yo le apuesto a ganar, a que derrotemos a Petro, a que nos unamos como oposición”, afirmó en uno de sus pronunciamientos.

 

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El trasfondo de esta crisis interna ha abierto un debate sobre el uso de redes sociales en campañas políticas, especialmente en lo relacionado con la difusión de contenidos, la contratación de influenciadores y la propagación de mensajes de alto impacto emocional.

Analistas señalan que estas prácticas han convertido la campaña en un terreno altamente digitalizado, donde la narrativa se construye tanto en mítines como en plataformas virtuales.

En este contexto, la figura de Iván Cepeda emerge como el principal beneficiado indirecto de la división interna.

Sectores políticos reconocen que la fragmentación de la oposición podría consolidar su posición de cara a una eventual segunda vuelta.

Incluso dentro de los mismos círculos opositores se admite que la disputa actual está debilitando su capacidad de coordinación estratégica.

Un asesor político consultado en medio del conflicto resumió la situación con una frase que refleja el clima electoral: “Hoy la pelea no es con Cepeda, es entre ellos”.

Las filtraciones continúan generando efectos en cascada, mientras nuevos mensajes, acusaciones y respuestas cruzadas siguen apareciendo en el debate público.

En medio de este escenario, el electorado observa una campaña marcada por la desconfianza, la fragmentación y una guerra interna que podría redefinir el mapa político colombiano en las próximas semanas.

 

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