La cumbre progresista celebrada en Barcelona reunió a líderes como Pedro Sánchez, Gabriel Boric y Claudia Sheinbaum para coordinar una respuesta conjunta ante las amenazas actuales a la democracia

 

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Barcelona se convirtió en el epicentro de la política progresista global con la celebración de la cuarta reunión de la iniciativa en defensa de la democracia, un foro impulsado por líderes internacionales que buscan responder de forma coordinada a los desafíos actuales del orden democrático.

La cita reunió a figuras clave como Pedro Sánchez, Gabriel Boric, Claudia Sheinbaum, Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro, entre otros.

Desde el inicio, el tono del encuentro fue claro: pasar de la preocupación a la acción.

Sánchez inauguró la jornada con un mensaje directo: “La preocupación lo que hace es observar. La responsabilidad lo que hace es actuar”.

En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, debilitamiento del multilateralismo y creciente desigualdad, el presidente español insistió en que “la democracia no puede darse por sentada”.

El mandatario subrayó tres ejes prioritarios: la renovación del sistema multilateral, la gobernanza digital y la lucha contra la desigualdad.

En relación con el primero, defendió la necesidad de reformar las instituciones internacionales para adaptarlas al siglo XXI: “Solo podrá sobrevivir si se reforma para reflejar la realidad del mundo actual, siendo más eficaz, más inclusivo y más representativo”.

Incluso planteó abiertamente la posibilidad de que Naciones Unidas sea liderada por una mujer, destacando que se trata de una cuestión de credibilidad global.

 

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En materia tecnológica, Sánchez alertó sobre el impacto de la desinformación y el poder de los algoritmos: “No podemos aceptar que la desinformación condicione nuestras sociedades ni que los algoritmos premien el odio”.

En este sentido, España ha impulsado iniciativas regulatorias para exigir mayor responsabilidad a las plataformas digitales y proteger especialmente a los menores.

Por su parte, Boric reforzó la idea de que el mundo atraviesa un punto de inflexión.

“Estamos en un momento de convulso movimiento global”, afirmó, advirtiendo sobre el auge de proyectos autoritarios que capitalizan el descontento ciudadano.

El presidente chileno fue enfático al señalar que “la democracia no es un estado natural de las cosas, tenemos que cultivarla día a día”.

Boric también apeló a la autocrítica: reconoció que parte de la desafección ciudadana se debe a errores de los propios gobiernos progresistas, pero insistió en que la respuesta no puede ser el repliegue, sino la construcción de alternativas.

“No queremos generar miedo, queremos generar propuestas y esperanza”, afirmó, destacando el crecimiento de este espacio político internacional como señal positiva.

 

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Uno de los discursos más extensos y simbólicos fue el de Claudia Sheinbaum, quien habló desde una perspectiva histórica y cultural profundamente arraigada en México.

“Vengo a nombre de un pueblo que ha aprendido a resistir sin odiar”, declaró, reivindicando las raíces indígenas, las luchas por la independencia y las transformaciones sociales de su país.

Sheinbaum articuló una visión de la democracia vinculada estrechamente a la justicia social: “La libertad es palabra vacía si no la acompaña la justicia social, la soberanía y la dignidad de los pueblos”.

En esa línea, defendió un modelo democrático centrado en la distribución de la riqueza y el bienestar colectivo.

Entre sus propuestas concretas, destacó una iniciativa presentada previamente en el G20: destinar el 10% del gasto militar global a programas de reforestación y desarrollo sostenible.

“En vez de sembrar guerra, sembremos paz, sembremos vida”, afirmó.

Asimismo, hizo un llamado a priorizar el diálogo internacional y reiteró principios históricos de la política exterior mexicana como la no intervención y la autodeterminación de los pueblos.

La presidenta mexicana también anunció la disposición de su país para acoger la próxima cumbre en 2027, consolidando así la continuidad de esta alianza progresista.

 

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El encuentro se desarrolló en paralelo al Global Progressive Forum y contó con espacios dedicados a la participación juvenil y al intercambio de experiencias en gobernanza digital.

La presencia de líderes y delegaciones de distintos continentes reflejó la ambición de construir una comunidad política global capaz de influir en la agenda internacional.

Más allá de las diferencias nacionales, los discursos coincidieron en un diagnóstico común: la democracia enfrenta amenazas tanto externas como internas.

La erosión institucional, la polarización social y la desigualdad económica constituyen riesgos estructurales que requieren respuestas coordinadas.

Sánchez sintetizó este espíritu al cierre de su intervención: “Es el momento de hacer frente al miedo con más democracia y a la desigualdad con más justicia”.

Una frase que encapsula el objetivo central de la cumbre: transformar la preocupación compartida en acción política concreta.

En Barcelona, los líderes progresistas no solo debatieron, sino que reafirmaron su compromiso de actuar conjuntamente en defensa de un modelo democrático que aspire no solo a resistir, sino a renovarse y fortalecerse frente a los desafíos del siglo XXI.

 

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