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Hubo un tiempo en que el rostro de Andrea del Boca (Buenos Aires, 1965) equivalía al alma misma de la televisión argentina.

Niña prodigio desde los tres años, galardonada con el Martín Fierro a los cinco por Nuestra Galleguita y consagrada como mito popular con Papá Corazón, la actriz construyó una carrera monumental que rebasó las fronteras platenses con éxitos internacionales de la talla de Celeste, Antonella o Perla Negra.

Sin embargo, el destino de la gran diva de los melodramas ha terminado por imitar la desmesura trágica de sus guiones más enrevesados.

A sus 59 años, la actriz compagina su vigencia teatral en la obra Brujas con un complejo frente judicial y el resurgimiento de antiguos fantasmas afectivos que amenazan con empañar definitivamente su leyenda.

Hija del célebre director Nicolás del Boca y de la actriz Ana María Castro, Andrea creció bajo el amparo de una estructura familiar volcada al negocio del entretenimiento.

Su capacidad innata para conmover a las masas la posicionó como la heroína desvalida por excelencia, una imagen de pureza que contrastaba con las audaces elecciones profesionales que tomó en su madurez, como su recordada interpretación de una prostituta alcohólica en el filme Funes, un gran amor (1993).

No obstante, las mayores turbulencias de su biografía aguardaban fuera de los platós cinematográficos.

 

Andrea del Boca: su amor prohibido que escandalizó al país

 

La vida sentimental de Del Boca se transformó en un asunto de Estado para la prensa del corazón en el año 2000.

Tras asistir al cumpleaños de la cantante Manuela Bravo junto a su entonces íntima amiga Lucía Galán —vocalista del dúo Pimpinela—, la actriz inició un fugaz y tormentoso idilio con el empresario Ricardo Biasotti.

Aquel encuentro provocó un distanciamiento insalvable entre ambas mujeres, alimentado por persistentes rumores de un triángulo amoroso que marcaría el fin de una vecindad y amistad entrañable.

De aquella breve unión nació el 15 de noviembre de ese mismo año Anna Chiara Biasotti.

Lo que inicialmente se perfiló como una maternidad en solitario protegida por un estricto pacto de silencio mediático, derivó dos décadas después en una truculenta batalla en los tribunales criminales de Buenos Aires.

En 2019, la joven formalizó una desgarradora denuncia contra su progenitor por presuntos abusos e intimidaciones sufridas durante las visitas obligatorias de su infancia.

La propia Andrea del Boca rememoró con crudeza el calvario judicial, acusando al sistema de menores de desoír los llantos de la niña y castigar a la madre con multas económicas ante cada intento de protección, un proceso de reconstrucción psicológica que madre e hija intentan subsanar actualmente bajo el mismo techo.

 

Él era casado, ella menor y había un bebé en camino: el romance prohibido  de Andrea

 

A los traumas familiares se ha sumado recientemente la reactivación de uno de los mitos urbanos más persistentes del espectáculo argentino: la existencia de una supuesta hija primogénita oculta en el extranjero.

Diversas informaciones periodísticas reflotadas en la televisión local señalan que, a principios de la década de los ochenta, Del Boca habría mantenido un polémico romance con el cantante José Luis Rodríguez, conocido artísticamente como «Silvestre».

La relación, considerada conflictiva debido a la minoría de edad de la actriz y al matrimonio vigente del músico, habría resultado en un embarazo secreto.

Según estas versiones, una ciudadana ucraniana identificada como Lesia Povarova, nacida en 1982 y fallecida en 2019, vivió convencida hasta sus últimos días de ser la hija biológica de la actriz, tras haber sido entregada en adopción mediante canales no oficiales en Europa.

Si bien el propio Silvestre admitió en su momento la existencia de llamadas donde se le notificaba el embarazo antes de que la actriz interrumpiera el contacto, la veracidad del nacimiento de Povarova jamás ha podido ser constatada fehacientemente, quedando relegada a un misterio periférico en la vida de la artista.

 

La vida y el triste final de Andrea del Boca

 

El desafío más acuciante para Andrea del Boca no procede del pasado sentimental, sino del ámbito de la justicia federal.

Tras ocho años de postergaciones, el Tribunal Oral Federal Número 7 de Argentina ha dado inicio al juicio oral y público contra la actriz y el exministro de Planificación Federal del kirchnerismo, Julio De Vido, bajo la acusación de administración fraudulenta en perjuicio del erario público.

El proceso, cuyas audiencias virtuales se celebran semanalmente mediante videoconferencia, investiga el desvío de más de 25 millones de pesos destinados a la producción de la telenovela Mamá Corazón.

La tesis de la fiscalía sostiene que la productora de la actriz, A+A Group SRL, se benefició de una contratación directa irregular instrumentada a través de un convenio con la Universidad Nacional de San Martín, financiado íntegramente por fondos ministeriales.

Las pesquisas judiciales apuntan a que las cláusulas contractuales garantizaban indebidamente a la empresa privada los derechos exclusivos de comercialización internacional de la obra por un periodo de hasta diez años, eximiéndola de los riesgos comerciales habituales a costa del contribuyente.

A pesar de que más de un centenar de testigos, entre ellos destacados actores del reparto, comparecerán ante los magistrados Enrique Méndez Signori, Fernando Canero y Germán Castelli, Del Boca insiste en su absoluta inocencia.

La intérprete arguye que su única responsabilidad consistió en dar fiel cumplimiento a un contrato de producción cuyas fases de edición y venta le fueron vedadas con posterioridad.

Despojada de la protección de los guiones de ficción, la célebre actriz afronta el veredicto definitivo de una sociedad que observa cómo su estrella más duradera se juega el prestigio en las crónicas de tribunales.

 

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