Pablo Duggan denunció en televisión el crecimiento explosivo de los préstamos informales en Argentina y aseguró que miles de familias ya se endeudan para comprar comida, pagar alquileres y cubrir servicios básicos

 

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El debate político y económico en Argentina volvió a encenderse luego de un tenso cruce televisivo entre Pablo Duggan, Antonio Aracre y otros panelistas, donde quedó al descubierto una de las preocupaciones más graves que atraviesa actualmente a millones de familias argentinas: el crecimiento explosivo del endeudamiento, la expansión de los préstamos informales y el deterioro del poder adquisitivo bajo el gobierno de Javier Milei.

La discusión comenzó alrededor de la aparente calma social que atraviesa el país pese a la profundidad de la crisis económica.

Mientras algunos analistas se preguntaban por qué no existen protestas masivas como las ocurridas en diciembre de 2001, otros remarcaron que gran parte de la sociedad se encuentra agotada, deprimida o completamente absorbida por la necesidad de sobrevivir trabajando jornadas cada vez más extensas.

En ese contexto, Duggan sostuvo que la situación social es mucho más delicada de lo que reflejan algunos indicadores oficiales.

Según afirmó, el principal síntoma de la crisis ya no es únicamente la inflación, sino el nivel de endeudamiento cotidiano de los trabajadores y sectores medios.

Durante el programa mostró numerosos anuncios de préstamos rápidos difundidos en redes sociales y grupos barriales, donde se ofrecen sumas pequeñas de dinero con intereses considerados usureros.

Uno de los ejemplos más impactantes mencionados fue el de préstamos de 200 mil pesos con cuotas diarias cercanas a los 12.500 pesos, lo que equivale a tasas mensuales cercanas al 50% y rendimientos anuales superiores al 1000%.

Duggan denunció que muchas familias recurren a estos mecanismos simplemente para comprar alimentos, pagar servicios o cubrir gastos básicos del hogar.

 

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La polémica escaló cuando el periodista acusó directamente al actual gobierno de haber “legalizado la usura” tras la desregulación financiera impulsada por la administración libertaria.

Según explicó, el retiro de controles y la política monetaria de tasas extremadamente altas terminaron empujando a miles de personas fuera del sistema bancario tradicional hacia circuitos paralelos mucho más agresivos.

Durante el intercambio, Antonio Aracre intentó relativizar parte de las críticas señalando que históricamente existieron prestamistas ilegales en Argentina.

Sin embargo, Duggan respondió que la diferencia actual radica en la facilidad y masividad del fenómeno gracias a las plataformas digitales, billeteras virtuales y aplicaciones financieras que ofrecen créditos instantáneos a personas sin capacidad real de pago.

El debate también dejó expuesta una fuerte preocupación por el aumento de la morosidad bancaria.

Varios panelistas coincidieron en que, aunque los bancos endurecieron las condiciones para acceder a créditos, las tasas continúan siendo extremadamente elevadas.

En algunos casos, refinanciar una tarjeta de crédito puede superar el 120% anual, incluso en un contexto donde el Gobierno asegura haber controlado parcialmente la inflación.

La situación se vuelve todavía más compleja en el mercado hipotecario.

Según se comentó durante la emisión, las escrituras con crédito hipotecario habrían caído alrededor del 50% durante abril debido a las nuevas exigencias bancarias y a los bajos salarios registrados.

Aunque las tasas nominales descendieron respecto al año anterior, los ingresos mínimos requeridos para acceder a un préstamo inmobiliario se volvieron prácticamente inaccesibles para la mayoría de los trabajadores.

 

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Los panelistas explicaron que para financiar una propiedad relativamente modesta de alrededor de 120 mil dólares, una familia necesita demostrar ingresos mensuales cercanos a los cuatro millones de pesos y además contar con ahorros suficientes para cubrir el anticipo inicial.

En la práctica, esto dejó afuera del mercado hipotecario a gran parte de la clase media.

Otro de los momentos más comentados del programa ocurrió cuando surgió el nombre del diputado libertario Santiago Santurio.

Duggan ironizó sobre el crecimiento patrimonial del legislador y mencionó versiones que señalaban que habría pasado de manejar un Uber a adquirir una vivienda en un barrio cerrado gracias a un crédito hipotecario del Banco Nación.

Aunque algunos panelistas desmintieron partes de la historia y aseguraron que el crédito fue otorgado legalmente, el episodio abrió una nueva discusión sobre los privilegios políticos y las facilidades de acceso al financiamiento para determinados sectores.

La conversación derivó luego hacia un punto aún más alarmante: el avance del negocio financiero ilegal en barrios vulnerables.

Duggan reveló que recientemente se registraron enfrentamientos entre bandas narco vinculados al control de redes de préstamos clandestinos.

Según explicó, en muchas zonas populares el negocio del crédito informal ya resulta más rentable que la venta de drogas.

 

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El fenómeno se alimenta de la desesperación económica de familias que no consiguen financiamiento formal y terminan aceptando condiciones extremas.

Algunos prestamistas exigen pagos diarios, aplican intereses exorbitantes y utilizan métodos de presión que incluyen amenazas, confiscación de bienes domésticos y mecanismos de extorsión.

Uno de los testimonios más duros mencionados en el programa fue el de una trabajadora de maestranza que habría tomado un préstamo de un millón de pesos y ahora enfrenta cuotas mensuales imposibles de sostener con un salario de apenas 800 mil pesos.

Según relató Duggan, la mujer aseguró sentirse completamente desesperada y sin posibilidades de salir del círculo de deuda.

El cruce terminó convirtiéndose en una radiografía brutal de la economía argentina actual.

Mientras algunos analistas sostienen que todavía existe un respaldo social importante hacia el gobierno de Milei, otros advierten que debajo de la aparente estabilidad financiera crece una crisis silenciosa marcada por salarios pulverizados, consumo deprimido y una dependencia cada vez mayor del crédito para sobrevivir.

La discusión también reflejó una fractura política más profunda sobre cómo interpretar el presente argentino.

Para el oficialismo, el ajuste económico representa un sacrificio necesario para estabilizar el país.

Para sus críticos, en cambio, el modelo actual está generando una sociedad cada vez más endeudada, desigual y vulnerable, donde millones de personas dejaron de proyectar un futuro y apenas logran llegar a mitad de mes.

 

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