Egipto ha revelado hallazgos arqueológicos sin precedentes que incluyen la Ciudad Dorada de Luxor de tres mil años de antigüedad y la tumba de la reina Neit, una soberana previamente desconocida en los registros dinásticos

 

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El desierto egipcio, ese océano de arena que ha custodiado los secretos de la humanidad durante milenios, ha decidido hablar con una elocuencia sin precedentes.

Mientras el mundo intentaba recuperarse de una crisis sanitaria global que golpeó los cimientos de la economía egipcia —reduciendo el flujo de visitantes de 13 millones en 2019 a apenas 3,7 millones en 2020—, bajo el suelo de Luxor, Saqqara y Alejandría se gestaba una revolución arqueológica.

El Ministerio de Turismo y Antigüedades, en una apuesta audaz, ha liderado una serie de excavaciones que no solo buscan reactivar los ingresos nacionales, sino que están obligando a los expertos a replantearse todo lo que creían saber sobre el imperio de los dioses.

El hallazgo que ha paralizado a la comunidad científica internacional ocurrió el 8 de abril de 2021.

En la orilla occidental de Luxor, la misión dirigida por el legendario arqueólogo Zahi Hawass desenterró la “Ciudad Dorada Perdida”, el mayor asentamiento administrativo e industrial de la era dorada.

Betsy Bryan, profesora de egiptología en la Universidad Johns Hopkins, fue tajante al dimensionar la magnitud del evento: “El hallazgo de esta ciudad perdida es el descubrimiento arqueológico más importante desde la tumba de Tutankamón”.

Esta urbe, que data del reinado de Amenofis III, ha revelado calles flanqueadas por casas con muros de hasta tres metros de altura, tres palacios reales y una panadería completa.

“Nos ofrece una visión global e inusual de la vida de los antiguos egipcios durante las horas más fastuosas del Imperio Nuevo”, añadió Bryan.

 

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Pero si Luxor aportó la estructura de la vida cotidiana, Saqqara ha entregado los nombres de quienes la gobernaron.

En enero de 2021, el propio Hawass anunció un descubrimiento que rompió los esquemas dinásticos: la tumba de la reina Neit, una soberana previamente desconocida.

“Ahora estamos escribiendo un nuevo capítulo en la historia del Reino Antiguo al agregar el nombre de una nueva reina”, declaró entusiasmado el arqueólogo, quien fuera ministro de Antigüedades.

Las inscripciones sugieren que Neit era hija del faraón Teti, y los expertos se preguntan si su esposo era también su padre, una práctica de incesto real que buscaba preservar la divinidad de la sangre.

A pocos metros de allí, el equipo de Hawass extrajo de la tierra 54 ataúdes de madera pintados con vivos colores rojo y azul, pertenecientes a las dinastías decimoctava y decimonovena.

En su interior, momias acompañadas de botes de madera en miniatura y amuletos de oro destinados al tránsito hacia la eternidad.

La presencia de cerámica importada de Creta y Chipre en estas tumbas confirma que, incluso en la muerte, la élite egipcia mantenía una red comercial global envidiable.

 

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El misticismo alcanza su punto máximo en las afueras de Alejandría, en el templo de Taposiris Magna.

Allí, una misión egipcio-dominicana liderada por Kathleen Martínez encontró 16 cámaras funerarias.

Dos de las momias halladas portaban lenguas de oro sólido.

Según los voceros oficiales, este elemento no era un adorno, sino una herramienta espiritual: “Les permitía hablar con la corte de Osiris para buscar la justicia y la armonía cósmica en el más allá”.

Martínez, cuya búsqueda de la tumba de Cleopatra ha dado la vuelta al mundo, ha encontrado también monedas con el rostro de la última reina ptolemaica, vinculando el sitio directamente con los estertores del imperio.

No todo en el antiguo Egipto era solemnidad y ritos mortuorios; también había espacio para la industria y el placer.

En febrero de 2021, en la histórica ciudad de Abidós, se desenterraron las ruinas de la fábrica de cerveza más antigua del mundo, de hace cinco mil años.

El arqueólogo Matthew Adams, líder de la misión estadounidense-egipcia, explicó que la instalación contaba con 40 barreños de terracota para cocinar la mezcla de granos.

“Posiblemente el líquido embriagador era utilizado en los rituales funerarios durante las exequias de los primeros reyes egipcios”, señaló Adams, estimando una producción masiva de 22,000 litros.

 

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La cronología religiosa de Egipto también ha sido sacudida.

En el oasis de Bahariya, una misión franco-noruega descubrió un monasterio cristiano del siglo IV, el más antiguo encontrado en el país.

Este hallazgo obliga a revisar la historia del monacato.

El jefe de la misión, Victor Ghica, subrayó la importancia de las pruebas físicas: “Tenemos la certeza de que nos encontramos ante un monasterio del siglo cuarto por el buen número de evidencias sólidas como cerámica y datación por radiocarbono”.

Según Ghica, estas excavaciones revelan una imagen del cristianismo temprano “diferente de la que ofrecen los textos oficiales de la iglesia”.

La lista de descubrimientos se extiende por todo el territorio.

Desde la tumba de Tay M By, el tesorero principal de Ramsés II en Saqqara, hasta el hallazgo accidental de 250 tumbas talladas en roca en Al-Hamediya, donde los objetos cotidianos cuentan la historia de la gente común.

Incluso en el ámbito urbano moderno de El Cairo, la demolición del Palacio Tawfiq Pasha en Luxor permitió hallar antigüedades bizantinas bajo sus cimientos, demostrando que en Egipto, cualquier perforación es un portal al pasado.

Finalmente, el “zoológico fúnebre” de Saqqara cierra este ciclo de asombros con la recuperación de 75 estatuas de gatos y momias de cachorros de león, una muestra de la devoción por Bastet.

Cada uno de estos hallazgos es un recordatorio de la resiliencia cultural de una nación que se niega a quedar enterrada.

Como reza el proverbio que guía a los arqueólogos locales: “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Egipto, por su parte, ha decidido desenterrarla para asegurar que el mundo nunca olvide su gloria.

 

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