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El giro internacional del ‘caso UNGRD’: la oposición busca el arbitraje de Washington tras el vuelco electoral

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En un giro dramático que promete sacudir los cimientos de la democracia en el continente, se ha revelado una ofensiva judicial y mediática sin precedentes dirigida contra el presidente de la República, Gustavo Petro, y los casi 13 millones de colombianos que respaldan el proyecto político del progresismo.

La controversia estalló tras conocerse una carta enviada por Sneider Pinilla, exfuncionario implicado en el millonario desfalco de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).

Pinilla, a quien el propio mandatario retiró de su cargo y exigió judicializar apenas se conocieron los hechos de corrupción, ha saltado los canales regulares de la justicia colombiana para acudir directamente a funcionarios de alto nivel en los Estados Unidos, entre ellos el senador republicano Marco Rubio.

Fuentes cercanas al debate político denuncian que este movimiento no es un acto aislado de un procesado buscando beneficios jurídicos o una “green card”, sino una estrategia coordinada desde la extrema derecha colombiana.

Diversos analistas se preguntan si detrás de esta misiva se encuentra la mano del abogado y líder político de oposición Abelardo de la Espriella, quien presuntamente habría coordinado con Rubio una persecución internacional para vincular falsamente a Petro en un entramado de corrupción interna que el propio jefe de Estado denunció y combatió desde el primer día.

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El “Voto Fusil”: La narrativa estadística para estigmatizar a la periferia colombiana

De forma paralela a la estrategia jurídica en el exterior, los sectores mediáticos tradicionales en Colombia, liderados por figuras como Vicky Dávila y Luis Carlos Vélez, han iniciado una fuerte campaña internacional.

En entrevistas recientes para cadenas como CNN, se ha posicionado el concepto del “voto fusil”, una narrativa que sostiene que millones de ciudadanos en las regiones más golpeadas por el conflicto armado fueron coaccionados por grupos ilegales para votar a favor de las fuerzas progresistas e Iván Cepeda.

Sin embargo, esta postura ha provocado un rechazo contundente por parte de diversos sectores sociales y académicos.

El Instituto de Pensamiento Progresista publicó un riguroso análisis técnico basado en modelos econométricos espaciales aplicados a 112 municipios del país. Los resultados del estudio demuestran de manera concluyente que la presencia de grupos armados organizados no predice el comportamiento electoral a favor de la izquierda.

De hecho, los datos revelan una paridad absoluta en las zonas de conflicto durante la segunda vuelta, donde el progresismo se impuso en 308 municipios frente a 299 obtenidos por la campaña de Abelardo de la Espriella.

El verdadero motor del voto en estas regiones responde a factores históricos de exclusión estructural, vulnerabilidad socioeconómica y una genuina afinidad política, desmintiendo la tesis de una supuesta movilización forzada.

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¿Hacia el Estado 51? El debate sobre la soberanía judicial de Colombia

La entrega de información de carácter interno al Departamento de Estado y a agencias federales estadounidenses ha encendido las alarmas sobre la pérdida de la soberanía nacional.

Sectores de la oposición gubernamental argumentan que la justicia de los Estados Unidos no posee jurisdicción alguna sobre delitos de administración pública cometidos dentro del territorio colombiano, a diferencia de los casos relacionados con el narcotráfico que vinculan de manera transnacional a ambas naciones.

Figuras de la política nacional, como la congresista Mafe Carrascal, advierten que este escenario forma parte de una “contrarrevolución política” diseñada para deslegitimar las instituciones nacionales, amedrentar a las bases populares de las periferias y disciplinar a la población mediante el uso de la fuerza y la intervención extranjera.

El temor generalizado entre los sectores populares es que, ante una eventual transición de poder, la Fiscalía General de la Nación quede supeditada a las directrices de Washington, convirtiendo el mapa político de Colombia en un apéndice geopolítico norteamericano.

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