El precio de la perfección: la dolorosa metamorfosis y los secretos detrás del colapso del imperio musical de ABBA - News

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El precio de la perfección: la dolorosa metamorfosis y los secretos detrás del colapso del imperio musical de ABBA

El icónico cuarteto sueco ABBA se consolidó como el tercer grupo más exitoso de la historia musical tras ganar el festival de Eurovisión en 1974 y vender más de 400 millones de discos a nivel global con éxitos perfectos como “Waterloo” y “Dancing Queen”

 

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La historia de la música popular tiene un altar reservado para muy pocos, y el cuarteto sueco ABBA ocupa, sin lugar a dudas, uno de sus peldaños más altos.

Consagrado actualmente como el tercer grupo musical más exitoso de todos los tiempos, superado únicamente por gigantes de la talla de The Beatles y Queen, el fenómeno escandinavo ha registrado ventas que superan los 400 millones de discos en todo el mundo.

Su meteórico ascenso al estrellato global comenzó formalmente el 6 de abril de 1974 en el festival de la canción de Eurovisión celebrado en Brighton, Inglaterra, donde la enérgica interpretación del tema “Waterloo” no solo les otorgó la victoria, sino que colocó por primera vez a Suecia en el mapa del pop internacional.

Sin embargo, detrás del brillo de las lentejuelas, las botas de plataforma y las armonías vocales perfectas que cautivaron a audiencias de diversas generaciones, se gestaba un drama humano de proporciones devastadoras.

La fachada de felicidad y las dinámicas de las dos parejas perfectas que sostenían el proyecto se desmoronaron en una dolorosa transición donde el éxito comercial convivió de cerca con la infidelidad, el divorcio, la depresión y severas crisis personales.

Las raíces de esta alianza artística e íntima comenzaron a entrelazarse a mediados de la década de los sesenta.

En 1966, un joven tecladista de 19 años llamado Benny Andersson, miembro de la popular banda Hepp Stars —conocidos localmente como los Beatles suecos—, conoció en una fiesta de verano a Björn Ulvaeus, un guitarrista de 21 años integrado en el grupo de música folclórica Hootenanny Singers.

La química creativa entre ambos fue inmediata, dando pie a una fructífera sociedad de composición bajo el respaldo del sello Polar Music y su visionario propietario, Stig Anderson, quien más tarde asumiría el rol de mánager general del cuarteto.

Poco tiempo después, el destino musical de ambos creadores se completaría al conocer a sus respectivas parejas.

Björn quedó fascinado al escuchar las composiciones en solitario de Agnetha Fältskog, una prodigiosa cantautora pop que ya gozaba de un notable éxito en las listas nacionales y con quien contrajo matrimonio en julio de 1971.

Por su parte, Benny inició una relación con Anni-Frid Lyngstad, conocida afectuosamente como Frida, una talentosa vocalista nacida en Noruega en 1945 bajo el contexto de la ocupación alemana, cuyo trasfondo familiar estaba marcado por la tragedia de haber perdido a su madre a la temprana edad de 21 años a causa de una insuficiencia renal.

 

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La consolidación del cuarteto bajo el acrónimo ABBA supuso un desafío directo a las corrientes culturales de la Suecia de los años setenta.

Mientras el panorama musical local estaba fuertemente dominado por movimientos de izquierda que exigían canciones con mensajes políticos explícitos y rechazaban la comercialización artística, ABBA optó por una filosofía basada en el profesionalismo absoluto y la búsqueda constante de la perfección melódica orientada al entretenimiento puro.

Esta postura les valió duras críticas de la prensa especializada y restricciones en las emisoras de radio estatales suecas, obligando a sus seguidores a comprar masivamente sus álbumes para poder escucharlos.

A pesar del escepticismo inicial de los críticos, quienes dudaban de la longevidad del grupo tras el impacto de “Waterloo”, la banda demostró una capacidad inigualable para encadenar éxitos mundiales.

Piezas definitivas como “SOS”, “I Do, I Do, I Do, I Do, I Do” y “Mamma Mia” estallaron en las listas británicas y australianas en 1975, seguidas un año después por “Fernando” y “Dancing Queen”, esta última coronándose como su único número uno absoluto en la prestigiosa lista Billboard de los Estados Unidos.

El impacto fue tal que el grupo trascendió las fronteras ideológicas de la Guerra Fría, logrando que su largometraje ABBA: The Movie se proyectara con éxito en las salas de cine de la Unión Soviética a finales de 1977.

 

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El declive interno de la agrupación comenzó a manifestarse de manera pública a principios de 1979, coincidiendo con el lanzamiento de su sexto álbum de estudio, Voulez-Vous.

Tras siete años de intensas giras internacionales y una exposición mediática asfixiante, el estrés deterioró profundamente el matrimonio entre Björn y Agnetha.

El pavor que la vocalista desarrolló hacia las multitudes, los viajes en avión y la culpa por permanecer alejada de sus dos pequeños hijos generaron tensiones insostenibles, agravadas por reportes sobre presuntas infidelidades por parte del guitarrista.

Apenas una semana después de anunciar oficialmente su separación en enero de 1979, Björn inició una relación con la presentadora de televisión Lena Källersjö, hecho que sumió a Agnetha en una profunda depresión y la llevó a buscar ayuda terapéutica.

Este dolor quedó inmortalizado en composiciones posteriores del grupo, adquiriendo matices mucho más melancólicos y oscuros.

El ejemplo más elocuente de esta catarsis forzada se reflejó en “The Winner Takes It All”, una pieza maestra donde Björn plasmó el fin del romance y obligó a su exesposa a interpretar líneas de profunda crudeza emocional en el estudio de grabación.

El golpe de gracia para la estructura interna de ABBA se produjo en febrero de 1981, cuando Benny y Frida anunciaron el término de su matrimonio tras apenas tres años de haber formalizado legalmente una unión que llevaba más de una década de convivencia.

La aparición de una nueva relación sentimental por parte de Benny con la productora de televisión Mona Nörklit precipitó la ruptura definitiva de la pareja.

Aunque los cuatro integrantes acordaron inicialmente mantenerse unidos por el bien de la música y completaron los álbumes Super Trouper y The Visitors, la magia y la complicidad que los caracterizaba se habían evaporado por completo.

En 1982, asfixiados por una evidente crisis creativa y la incomodidad de sostener una dinámica laboral fracturada por los divorcios, los miembros anunciaron un cese temporal de sus actividades y emprendieron caminos profesionales separados, cerrando así la era dorada del pop de los setenta.

 

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El destino post-ABBA de los cuatro integrantes estuvo marcado por fortunas dispares y profundos procesos de sanación personal.

Benny y Björn continuaron su exitosa alianza en el teatro musical, creando obras de gran calado como Chess y, posteriormente, el fenómeno global Mamma Mia! en 1999, cuya adaptación cinematográfica en 2008 introdujo su catálogo a una nueva generación de oyentes.

En el plano personal, Benny enfrentó y superó una severa adicción al alcohol tras ingresar a un centro de rehabilitación en 2001.

Por su parte, Frida Lyngstad continuó una respetable trayectoria en solitario antes de casarse en 1992 con el príncipe suizo Heinrich Ruzzo Reuss von Plauen, integrándose formalmente a la nobleza europea; no obstante, la tragedia la golpeó nuevamente a finales de la década con la muerte de su hija en un accidente de tráfico y el posterior fallecimiento de su esposo a causa de un linfoma.

La historia de Agnetha fue quizás la más ermitaña: afectada por el suicidio de su madre en 1994, el deceso de su padre al año siguiente y el acoso constante de fanáticos obsesivos, la cantante optó por retirarse por completo del ojo público y aislarse en una isla de Estocolmo, permaneciendo en un silencio musical absoluto que solo rompió en 2004 con un disco de versiones.

A pesar de que los rumores de un reencuentro persistieron durante décadas, llegando incluso a rechazar una oferta multimillonaria de mil millones de dólares en el año 2000 por parte de un consorcio angloamericano para realizar una gira de conciertos, los cuatro integrantes mantuvieron su postura de no empañar el recuerdo de su época de esplendor.

No fue hasta el año 2021 cuando la agrupación sorprendió al mundo con el lanzamiento de Voyage, su primer álbum de estudio con material inédito en cuarentena años.

Finalmente, en 2022, el cuarteto materializó un revolucionario regreso a los escenarios de Londres, delegando el peso del espectáculo en avanzados avatares digitales que reprodujeron fielmente sus apariencias físicas, vestuarios y energía de los años setenta, asegurando de este modo que la inmortalidad artística de ABBA continúe vigente en el tiempo, protegida de las fragilidades humanas que alguna vez causaron su caída.

 

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