¡El Templo Perdido de Tutmés II Ha Sido Encontrado! - News

¡El Templo Perdido de Tutmés II Ha Sido Encontrado...

¡El Templo Perdido de Tutmés II Ha Sido Encontrado!

Un equipo de arqueólogos identificó una nueva tumba real en el Valle de los Reyes mediante el hallazgo de pasajes artificiales y vasijas ceremoniales con el nombre del faraón Tutmés II

 

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En febrero de 2025, arqueólogos hicieron un anuncio que muchos expertos consideraban prácticamente imposible.

En el Valle de los Reyes, Egipto, se había identificado una nueva tumba real.

La noticia se propagó rápidamente por el mundo, no porque las tumbas egipcias sean raras, sino porque el lugar donde fue encontrada es uno de los sitios arqueológicos más estudiados de la Tierra.

Durante más de un siglo, investigadores han explorado prácticamente cada rincón, cada fisura, cada corredor oculto en ese valle.

La creencia general era que los grandes túmulos reales ya habían sido descubiertos hace mucho tiempo.

El Valle de los Reyes no es un cementerio común.

Durante cerca de 500 años, sirvió como lugar de sepultamiento para algunos de los gobernantes más poderosos de la historia humana.

En lugar de construir pirámides visibles a kilómetros de distancia, como sus antepasados, los faraones del Nuevo Reino comenzaron a excavar sus tumbas directamente en las montañas rocosas cercanas a la antigua ciudad de Tebas, actual Luxor, con la intención de esconder sus cuerpos y tesoros de los ladrones.

Sin embargo, la estrategia solo funcionó parcialmente.

Muchos túmulos fueron saqueados incluso en la antigüedad.

A pesar de ello, el Valle de los Reyes ha preservado algunas de las mayores descubrimientos arqueológicos jamás realizados.

Fue allí donde Howard Carter encontró la tumba de Tutankamón en 1922.

Por eso, la nueva descubrimiento causó tanto asombro; pocos creían que aún existiera un faraón perdido esperando ser encontrado en ese lugar.

La equipo responsable no estaba buscando una tumba real.

De hecho, los arqueólogos estaban investigando estructuras asociadas a otra excavación cuando identificaron señales de un pasaje artificial escondido bajo capas de detritos y sedimentos acumulados a lo largo de miles de años.

 

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Conforme avanzaba el trabajo, comenzó a surgir un corredor excavado directamente en la roca.

Este detalle llamó inmediatamente la atención, ya que los egipcios poseían estilos arquitectónicos muy característicos y ciertos elementos presentes en el pasaje recordaban construcciones asociadas a la realeza de la XVIII dinastía, que fue uno de los períodos más importantes de la historia egipcia.

Cuando finalmente los arqueólogos lograron acceder al interior de la estructura, encontraron algo que aumentó aún más la expectativa.

Las paredes contenían inscripciones jeroglíficas y fragmentos de textos funerarios extremadamente sofisticados.

Entre ellos estaba parte del Amduat, también conocido como el libro de la Cámara Oculta, un texto que describía el viaje nocturno del dios Sol a través del inframundo y era utilizado para guiar al faraón muerto hacia la vida eterna.

En ese momento, los investigadores ya sospechaban que estaban ante un descubrimiento extraordinario, pero aún faltaba la prueba definitiva.

Esta surgió a través de objetos aparentemente simples encontrados entre los escombros.

Pequeños recipientes ceremoniales llevaban inscripciones con un nombre específico: Tutmés II, un faraón conocido por los historiadores.

Sin embargo, su tumba original había permanecido desaparecida durante más de 3,000 años.

Durante décadas, los arqueólogos sabían dónde se había encontrado su momia; conocían cuándo vivió, sabían parte de su historia, pero no sabían dónde había sido enterrado originalmente.

Ahora, por primera vez, esta laguna comenzaba a ser llenada.

 

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La descubrimiento también tenía otro aspecto intrigante.

Tutmés II no era un faraón cualquiera.

Gobernó durante la XVIII dinastía, una de las fases más poderosas de la historia egipcia.

Fue una época de expansión militar, riqueza creciente e influencia internacional.

Egipto se transformaba en una de las mayores potencias del mundo antiguo.

A pesar de ello, continuaba siendo uno de los gobernantes menos conocidos de ese período.

A diferencia de nombres como Tutankamón, Ramsés I o Akenatón, Tutmés II aparecía solo brevemente en los libros de historia.

Gran parte de esto se debía a que su reinado fue relativamente corto y su memoria fue eclipsada por una figura aún más impresionante: su esposa y media hermana, Hatshepsut.

La importancia de este descubrimiento radica en que cada nueva evidencia tiene el potencial de alterar significativamente lo que sabemos sobre su vida, su reinado e incluso su papel en la historia de Egipto.

Antes de analizar el contenido de la tumba, los arqueólogos necesitaban responder una pregunta crucial: ¿quién fue realmente Tutmés II? A pesar de haber gobernado en uno de los períodos más poderosos de la antigüedad, seguía siendo una figura sorprendentemente oscura.

Su reinado ocurrió alrededor de 1493 a.C., en una época que marcó el auge del nuevo reino egipcio.

 

Quem foi o faraó Tutmés II, cuja tumba foi descoberta recentemente? -  Aventuras na História

 

Los registros históricos indican que Tutmés II heredó un reino estable y poderoso.

Su padre, Tutmés I, había conducido campañas militares exitosas que ampliaron significativamente el territorio egipcio.

Era responsabilidad de Tutmés II mantener esa posición.

Aunque existen evidencias de operaciones militares durante su gobierno, especialmente contra rebeliones en Kush, al sur de Egipto, los detalles de su reinado permanecen escasos en comparación con otros faraones de la misma dinastía.

Los exámenes realizados en la momia indican que Tutmés II probablemente no gozaba de buena salud cuando murió.

Algunos investigadores identificaron signos de enfermedades de la piel, inflamaciones y posibles problemas físicos que podrían haber contribuido a su muerte temprana.

Tras su muerte, Hatshepsut asumió inicialmente el papel de regente del joven Tutmés II, pero con el tiempo pasó a gobernar como faraón en pleno derecho.

Su reinado fue tan exitoso que se convirtió en uno de los más estudiados de la historia egipcia, eclipsando el de su marido.

Mientras historiadores debatían estas posibilidades, los arqueólogos enfrentaban un misterio más inmediato.

Con el avance en los compartimentos internos de la sepultura, se hizo evidente que algo estaba mal.

Una tumba real egipcia debería contener una enorme cantidad de objetos funerarios: sarcófagos decorados, estatuas protectoras, joyas, amuletos, armas ceremoniales, muebles, recipientes con alimentos y numerosos ítems destinados a acompañar al faraón en su viaje hacia la vida después de la muerte.

Pero nada de esto estaba presente.

La tumba estaba vacía.

 

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En algunos casos, una tumba vacía podría explicarse fácilmente por la acción de saqueadores, ya que el sarcófago y la momia no estaban allí.

Sin embargo, el escenario encontrado por los arqueólogos no coincidía con un robo común.

En tumbas saqueadas, normalmente se encuentran señales de violencia, como puertas forzadas, objetos rotos y vestigios de una invasión apresurada por parte de personas interesadas en retirar la mayor cantidad de riqueza posible en el menor tiempo.

En la tumba de Tutmés II, esos signos no existían.

En lugar de destrucción, había organización.

Muchos de los elementos remanentes parecían haber sido dejados atrás tras una remoción planificada, como si alguien hubiera entrado allí sabiendo exactamente qué necesitaba retirar y qué podía ser abandonado.

Esta observación llevó a los investigadores a concluir que probablemente los responsables del vaciamiento de la tumba no eran ladrones, sino sacerdotes.

Hoy sabemos que diversas momias reales fueron transferidas de sus tumbas originales durante períodos de crisis.

Egipto atravesó momentos de inestabilidad política, invasiones y constantes oleadas de saqueos.

Para proteger los cuerpos de los faraones, los sacerdotes abrieron sepulturas antiguas y removieron a sus ocupantes hacia escondites más seguros.

Fue así que la momia de Tutmés II llegó hasta nuestros días.

Ahora, las dos historias finalmente se encontraron.

La momia ya era conocida.

La tumba finalmente había sido localizada, pero el descubrimiento trajo consigo una nueva pregunta: si los sacerdotes retiraron el cuerpo, ¿qué hicieron con todo el resto? Esta cuestión transformó completamente la investigación.

De repente, el enfoque dejó de ser solo la tumba recién descubierta y pasó a concentrarse en la posibilidad de que existiera otro lugar aún desconocido, donde los objetos funerarios de Tutmés II podrían haber sido llevados hace miles de años.

 

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