Una operación quirúrgica coordinada entre fuerzas civiles y militares desarticuló de manera simultánea dos células delictivas en Culiacán y Ecatepec de Morelos, logrando la captura de quince presuntos delincuentes y el decomiso de un arsenal de alto poder sin realizar un solo disparo

 

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Una operación táctica de alta precisión civil y militar, coordinada desde un centro de mando unificado, asestó un golpe simultáneo a dos estructuras del crimen organizado que operaban en geografías distantes pero bajo una misma cadena logística.

Las incursiones, ejecutadas en Culiacán (Sinaloa) y Ecatepec de Morelos (Estado de México), culminaron con la detención de quince presuntos delincuentes —entre ellos una mujer y dos menores de edad—, el aseguramiento de un arsenal de alto poder y la incautación de documentos clave que revelan la existencia de un coordinador logístico regional, identificado por las áreas de análisis como “El Puente”.

El despliegue en el norte del país se concentró en la colonia Chapultepec, una zona residencial de Culiacán que comenzó a registrar anomalías operativas semanas atrás.

Informes de inteligencia detectaron un flujo inusual de personas y vehículos en un inmueble específico.

El líder de esta célula rompió los protocolos elementales de dispersión al concentrar todo el arsenal en un solo punto, asumiendo erróneamente que reducir el número de viviendas de seguridad disminuiría su exposición.

Los sistemas de vigilancia aérea captaron este patrón, lo que permitió trazar un mapa detallado del objetivo.

Días antes de la intervención, la célula incorporó a dos menores de edad a las labores de vigilancia interna, una maniobra que buscaba inhibir la acción institucional por razones de costo político, pero que terminó acelerando la orden de asalto para salvaguardar la integridad de los adolescentes.

 

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La madrugada del operativo, la última alerta se encendió cuando los monitores térmicos registraron la salida de uno de los sospechosos hacia un comercio local portando equipamiento táctico bajo su vestimenta.

Ante el indicio de un posible movimiento de evacuación, el mando operativo adelantó el cerco perimetral.

Unidades del Ejército Mexicano, la Marina, la Guardia Nacional y las fuerzas especiales locales cerraron las vías de escape de manera coordinada.

Al irrumpir en el domicilio, los sospechosos intentaron dispersarse por patios traseros y ventanas laterales, pero las fuerzas federales ya controlaban los cuadrantes de fuga, neutralizando la resistencia en menos de dos minutos y sin necesidad de efectuar disparos.

En el interior de la finca de Culiacán, el inventario técnico confirmó la peligrosidad de la organización.

Se decomisó armamento de grado militar, incluyendo una carabina M4 calibre 5,56 mm, un fusil de asalto adicional, una ametralladora de cinta eslabonada con capacidad de fuego sostenido y cuatro fusiles AK-47 calibre 7,62 mm.

El arsenal se complementaba con más de treinta cargadores y un millar de cartuchos útiles, una capacidad de fuego diseñada para sostener un enfrentamiento prolongado contra unidades convencionales.

Sin embargo, el hallazgo más alarmante se localizó en la planta alta: una mochila escolar perteneciente a uno de los menores que contenía útiles de educación básica y, ocultos en el fondo, dos cargadores completamente abastecidos.

 

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A casi dos mil kilómetros de distancia, en el municipio mexiquense de Ecatepec, la Secretaría de Marina ejecutaba de forma paralela la segunda fase del plan a través del Operativo Baluarte, una estrategia diseñada para contener la volatilidad en zonas con alta densidad de organizaciones delictivas locales.

Utilizando información de inteligencia territorial compartida, las fuerzas navales interceptaron a una célula vinculada al Cártel Jalisco Nueva Generación que pretendía mimetizarse dentro de la dinámica delictiva de la zona.

La intervención en Ecatepec concluyó con la captura de siete individuos y el aseguramiento de cuatro armas de fuego en un lapso no mayor a veinte minutos, cortando los canales de distribución urbana en el centro del país.

La relevancia estratégica de la jornada radica en los documentos manuscritos incautados en la residencia de Sinaloa.

Los analistas de seguridad descubrieron carpetas con rutas de transporte, claves numéricas y, de manera crucial, la dirección exacta del inmueble intervenido en el Estado de México.

Esta evidencia física confirma que ambas células operaban de forma integrada bajo las órdenes de “El Puente”, un mando intermedio que evita el contacto directo con el armamento, cambia de dispositivos de comunicación de manera regular y coordina el flujo logístico entre Sinaloa, Jalisco y el Valle de México.

Los textos recuperados también incluyen referencias explícitas a tres locaciones futuras en el estado de Jalisco, lo que transforma este resultado operativo en la base de las próximas acciones judiciales y despliegues territoriales destinados a desmantelar los niveles superiores de la organización.

 

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