A los 99 años de edad, la mítica presentadora argentina Mirtha Legrand ha roto un silencio histórico de décadas para revelar públicamente la identidad de los cinco colegas del espectáculo a los que jamás pudo perdonar por sus desaires y traiciones

 

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A sus 99 años y con la perspectiva que otorgan casi seis décadas al frente de las pantallas, Rosa María Juana Martínez Suárez, conocida universalmente como Mirtha Legrand, ha decidido que ya no tiene nada que perder ni susceptibilidades que cuidar.

En una sorprendente y descarnada entrevista concedida desde la intimidad de su residencia bonaerense, la mítica presentadora argentina ha quebrado un silencio histórico para poner nombre y apellido a las cinco heridas que nunca cicatrizaron a lo largo de sus 57 años de trayectoria televisiva.

«Hubo artistas que me hicieron daño. Creyeron que por ser Mirtha Legrand yo no tenía sentimientos, que no me dolían las traiciones o los desprecios», confesó la conductora frente al micrófono, despojándose por primera vez de la rigurosa diplomacia que convirtió a sus almuerzos en un récord mundial de la radiodifusión.

 

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El primer nombre en emerger de este ajuste de cuentas emocional fue el de Andrea del Boca, una de las heroínas más queridas de la telenovela austral.

La fractura se remonta al año 2000, cuando Legrand inquirió con vehemencia en pleno directo sobre la identidad del padre del bebé que la actriz esperaba.

Aquella incómoda insistencia provocó que Del Boca abandonara el plató para no regresar jamás.

Veintiséis años de hostilidad silenciosa que Legrand revivió con amargura: «La vi en el entierro de Romina Yan; me acerqué a darle el pésame y ella se dio la vuelta sin decir palabra. Eso me dolió más que cualquier insulto».

No menos tensa es la tregua que mantiene con la vedette Moria Casán.

Aunque en 2025 escenificaron una reconciliación pública, Legrand admitió que el rencor sigue latente desde que en 2014 acusara a Casán de practicar «magia negra y ritos satánicos».

La diva de los almuerzos no solo criticó la falta de disculpas de la intérprete, sino que arremetió contra su valía artística de forma fulminante: «En escena Moria siempre hizo lo mismo: desnudarse y gritar».

 

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El espectro político y profesional también ocupa un lugar destacado en las memorias del agravio de Legrand.

El periodista Jorge Rial, histórico conductor del espacio Intrusos, quedó vetado de forma perpetua tras declarar en 2017 que Mirtha era «funcional al poder» y que hacía «propaganda en lugar de periodismo».

La respuesta actual de la presentadora ha sido tajante al asegurar que Rial no volverá a pisar su mesa por haber edificado su carrera «hablando de la desgracia ajena».

Por otra parte, el dolor más íntimo de la lista lo protagoniza la productora Silvana Suárez, colaboradora de máxima confianza de Legrand que renunció abruptamente en 2024 para incorporarse al equipo de Juana Viale, nieta de la propia Mirtha y su competencia directa en la parrilla televisiva.

Según relató la diva, Suárez se despidió sentenciando que trabajar con ella se había vuelto imposible porque «ya no toleraba que nadie la contradijera».

 

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El quinto y más incendiario de los conflictos es el que la enfrenta a Graciela Alfano.

La disputa estalló con inusitada virulencia hace apenas ocho meses, en julio de 2025, cuando Alfano acusó a Susana Giménez de haberle sustraído un abrigo de piel en la década de los noventa.

Legrand tildó públicamente a Alfano de «mentirosa patológica y piojosa», desatando una cruenta réplica en la que la modelo acusó a la matriarca de la televisión de vivir de un programa «sostenido por el Estado».

La posterior alianza mediática entre Alfano y Moria Casán terminó por sepultar cualquier puente.

«Me llamó piojosa a mí, que llevo 57 años en la televisión. Eso no se lo voy a perdonar nunca», sentenció Legrand.

La confesión de esta ‘lista negra’ no se presenta como un mero ejercicio de revanchismo mediático, sino como el epílogo humano de una mujer que, detrás de la alta costura y los focos, también habitó la soledad y el desprecio de sus propios pares.

A las puertas del siglo de vida, Mirtha Legrand ha elegido limpiar los rincones de su memoria para dejar su verdad flotando antes de que se apaguen definitivamente las luces del estudio.

 

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