La gesta imborrable de 1970: el día en que Rafael Antonio Niño desafió a los gigantes y reinventó el ciclismo colombiano - News

La gesta imborrable de 1970: el día en que Rafael ...

La gesta imborrable de 1970: el día en que Rafael Antonio Niño desafió a los gigantes y reinventó el ciclismo colombiano

Rafael Antonio Niño revolucionó el deporte nacional en 1970 al convertirse en el primer ciclista novato en coronarse campeón de la Vuelta a Colombia tras ser contratado a última hora por el equipo de la Gobernación de Cundinamarca

 

Rafael Antonio Niño, el novato que superó a “Cochise” en la escalada y ganó  la Vuelta a Colombia de 1970 - Infobae

 

La historia del deporte en Colombia se ha escrito a golpe de pedal, sobre cumbres andinas que desafían la resistencia humana y carreteras que, a mediados del siglo XX, eran poco más que trochas de piedra y polvo.

Desde las épocas gloriosas de Efraín “Zipa” Forero y Ramón Hoyos Vallejo en los años cincuenta, el país se acostumbró a venerar a titanes que coronaban cimas imposibles.

Para finales de la década de los sesenta, el trono del pedalismo nacional le pertenecía indiscutiblemente a Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, un ídolo de masas que compartía el protagonismo con figuras de la talla de Álvaro Pachón, Miguel Samacá, Pedro Julio Sánchez y Pablo Enrique Hernández.

Nadie preveía que el inicio de la nueva década traería consigo una revolución absoluta, un cambio de guardia liderado por un joven imberbe de veintiún años proveniente de las tierras frías de Boyacá, apodado con justicia el “Niño de Cucaita”.

El año de 1970 comenzó de forma idílica para Rafael Antonio Niño.

Con una demostración de coraje y condiciones innatas para el ascenso, el boyacense se adjudicó la Vuelta de la Juventud tras superar a corredores de gran proyección como Pedro Rodas y Juan de Dios Morales.

El escenario de su consagración juvenil fue el mítico Alto de la Línea, una de las cumbres más temidas de la geografía nacional, donde Niño sentenció la carrera tras lanzar un ataque demoledor durante una exigente prueba de siete etapas que había iniciado en Cali y culminado en Bogotá.

Sin embargo, el salto al profesionalismo y el enfrentamiento directo con los monstruos sagrados de la ruta parecía una quimera demasiado grande para el debutante.

Sus detractores ganaron argumentos cuando, en marzo de ese mismo año, Niño tuvo una pálida actuación en el Clásico RCN, quedando fuera del selecto grupo de los diez mejores de la clasificación general.

 

El recuerdo de Rafael Antonio Niño: la carrera que calificó como la más  difícil de ganar en el ciclismo colombiano - Infobae

 

Aquel bache ciclístico detonó una crisis prematura.

El equipo Relojes Pierce, que lo había contratado con bombos y platillos tras su éxito juvenil, decidió romper el vínculo debido a profundas diferencias técnicas; los directivos pretendían reconvertir al boyacense en un corredor de pista, una modalidad en la que el menudo escalador jamás se sintió cómodo ni pleno.

Sin patrocinio y con el escepticismo de la prensa especializada a cuestas, Niño deambuló durante semanas buscando un respaldo para la gran cita del año: la Vuelta a Colombia.

La oportunidad llegó de manera agónica, faltando apenas escasos días para el banderazo inicial, cuando la Gobernación de Cundinamarca le ofreció una plaza de última hora en su escuadra.

En un ambiente social de extrema tensión política y militar, marcado por las recientes y polémicas elecciones presidenciales donde Misael Pastrana Borrero se impuso sobre el general Gustavo Rojas Pinilla entre acusaciones de fraude por parte de la Alianza Nacional Popular (Anapo), la caravana multicolor partió desde Bogotá con un Niño dispuesto a desafiar la lógica.

Desde las primeras de cambio, el pedalista de Cucaita demostró que su presencia no sería testimonial.

Lejos de amedrentarse ante la veteranía y los constantes roces físicos de los capos de escuadra, quienes intentaban relegarlo al fondo del lote con codazos y arrinconamientos en la carretera, Niño se mantuvo firme en la vanguardia del pelotón.

Mientras tanto, la atención pública se centraba en “Cochise” Rodríguez, el gran favorito, quien buscaba igualar el récord histórico de cinco coronas individuales que poseía el legendario Ramón Hoyos Vallejo.

La sorpresa saltó el 6 de mayo, durante la disputa de la fracción entre Medellín y Anserma, una jornada rompepiernas de 120 kilómetros donde Rafael Antonio Niño se vistió con la camiseta de líder por primera vez.

El liderato, no obstante, fue efímero.

Dos días después, el bogotano Gustavo Rincón asestó un golpe táctico al ganar la etapa entre Manizales y Honda, ratificando su liderato al distanciar al boyacense por 1 minuto y 2 segundos en la posterior contrarreloj individual celebrada entre Honda y La Dorada.

 

El recuerdo de Rafael Antonio Niño: la carrera que calificó como la más  difícil de ganar en el ciclismo colombiano - Infobae

 

Con la desventaja en el cronómetro, Niño comprendió que la única vía hacia la gloria era la épica.

El escenario elegido para la batalla final fue la última etapa: una extenuante jornada de 173 kilómetros entre La Dorada y Bogotá.

Desde los primeros repechos, el “Niño de Cucaita” se lanzó en un ataque suicida en compañía de Miguel Samacá.

En las rampas infernales que conducen desde Villeta hacia el Alto de La Tribuna, Niño destrozó la resistencia del líder Gustavo Rincón, neutralizando la diferencia en la general y aumentando la ventaja de forma exponencial a medida que el terreno se inclinaba.

“Cochise” Rodríguez, incapaz de seguir el ritmo endemoniado del joven escalador, vio cómo se le escapaba la oportunidad histórica.

Aunque Samacá cruzó la línea de meta en primer lugar para llevarse los honores de la etapa, el verdadero triunfo le pertenecía al debutante.

La llegada al coloso de la cincuenta y tres, el estadio Nemesio Camacho El Campín, fue apoteósica.

Con unas tribunas abarrotadas por miles de aficionados que aguardaban pacientemente el inicio de un partido de fútbol profesional entre Millonarios y Unión Magdalena, el público estalló en júbilo ante la silueta del nuevo monarca.

El ciclismo nacional asistía, sin saberlo, al nacimiento del hombre que dominaría con mano de hierro la década de los setenta.

En un gesto de caballerosidad deportiva que quedó grabado en los anales del deporte, el propio “Cochise” Rodríguez subió al podio y alzó en hombros a su sucesor ante las cámaras de los diarios de la época, simbolizando un relevo generacional perfecto.

“La sensación fue única, especial. Cuando vi la pancarta sabía que era campeón; sentí una alegría inmensa, mi familia me estaba esperando, los periódicos hablaban de mí, el novato ganador”, evocaría emocionado Rafael Antonio Niño años más tarde al recordar el día en que se convirtió en el primer ciclista de la historia en ganar la Vuelta a la Juventud y la Vuelta a Colombia en una misma temporada, logrando la proeza inaudita de coronarse campeón absoluto sin haber ganado una sola etapa en el trazado principal.

Sería el primero de sus seis títulos generales en la máxima competencia del país, una cifra que lo encumbró como la leyenda definitiva de la ruta nacional.

 

Rafael Antonio Niño, el novato que superó a “Cochise” en la escalada y ganó  la Vuelta a Colombia de 1970 - Infobae

Related Articles