La reina Letizia ha escenificado una ruptura total con Pedro Sánchez al negarle el saludo, la palabra y la mirada de forma deliberada durante la recepción oficial y el besamanos en honor al papa León XIV en el Palacio Real

 

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La tensión entre la Casa Real y La Moncloa ha alcanzado un punto de no retorno, evidenciado durante la reciente visita del Papa León XIV a España.

En este evento, la Reina Letizia mostró un desprecio palpable hacia el presidente Pedro Sánchez, al negarse a dirigirle ni una palabra ni una mirada.

Este comportamiento no fue un simple desaire, sino un acto deliberado que refleja la ruptura total entre ambas instituciones.

Tanto en la recepción oficial como en el besamanos en el Palacio Real, la actitud de Doña Letizia fue clara y contundente, dejando en evidencia que la cordialidad que alguna vez existió se ha desvanecido por completo.

La situación ha ido escalando desde finales de 2023, cuando la desconfianza comenzó a gestarse.

En aquel momento, una RTVE controlada por Moncloa filtró imágenes privadas de la Princesa Leonor en su cumpleaños, un acto que violó su privacidad y marcó el inicio de una serie de tensiones entre el gobierno y la Corona.

Este incidente provocó un enfriamiento de las relaciones, que se intensificó tras la trágica DANA de 2024.

Durante esa crisis, mientras los Reyes enfrentaban la situación y se mostraban ante el pueblo, Sánchez optó por huir de Paiporta, lo que desató la ira del presidente.

Este episodio no solo agrandó la brecha entre ellos, sino que también llevó a un aumento en los ataques mediáticos y filtraciones dirigidas a la Familia Real.

 

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A lo largo de 2025, el acoso hacia la Casa Real se tradujo en desplantes protocolarios que buscaban humillar a Doña Letizia.

Sánchez comenzó a ignorar las normas de cortesía, lo que llevó a la Reina a limitar al máximo cualquier interacción con él.

Esta dinámica culminó en un veto de la Casa Real hacia Begoña Gómez en actos oficiales, reflejando la creciente hostilidad.

La respuesta de la Familia Real ante las embestidas de un gobierno apoyado por independentistas y Bildu ha sido contundente.

Han decidido refugiarse en el cariño del pueblo, multiplicar sus actos y potenciar la figura de la Princesa Leonor, buscando así blindar su independencia frente a un gobierno que parece querer instrumentalizar la monarquía.

En este contexto, el año 2026 ha visto cómo la Guerra Fría entre la Casa Real y el gobierno de Sánchez ha estallado de manera definitiva.

La visita del Papa a España fue el escenario donde se evidenció este conflicto.

Mientras el Pontífice compartía un encuentro cálido con los Reyes, Pedro Sánchez se vio relegado a un segundo plano, expuesto al desprecio visible de una Reina Letizia que ha decidido poner fin a la simulación de cordialidad.

Don Felipe VI, aunque intenta mantener la corrección institucional, se encuentra en una situación complicada, pues tanto él como la Reina han decidido que no están dispuestos a seguir siendo cómplices de un presidente que ha cruzado todas las líneas rojas, especialmente al amenazar la privacidad de sus hijas.

 

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Este clima de tensión y desconfianza no solo afecta las relaciones entre la Casa Real y el gobierno, sino que también repercute en la percepción pública de ambas instituciones.

La Familia Real ha buscado acercarse al pueblo, intentando fortalecer su imagen y su apoyo popular en un momento de crisis.

Por otro lado, el gobierno de Sánchez enfrenta críticas y cuestionamientos sobre su manejo de la situación, lo que podría tener repercusiones en su legitimidad y en su futuro político.

La situación actual es un reflejo de la complejidad de las relaciones entre las instituciones en España, donde la política y la monarquía se entrelazan en un contexto de desconfianza y confrontación.

La actitud de la Reina Letizia, así como las acciones del gobierno, marcan un nuevo capítulo en esta historia, donde el respeto y la cordialidad parecen haber quedado atrás, dando paso a una dinámica de poder que podría redefinir el papel de la monarquía en el futuro.

La pregunta que queda en el aire es qué dirección tomarán estas relaciones en un país que observa con atención cada movimiento de sus líderes.

 

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