César Armando Librado Legorreta, alias “El Coqueto”, cumple una condena acumulada de 296 años de prisión en el penal de máxima seguridad de Tepachico tras confesar los brutales ataques contra ocho mujeres y el homicidio de siete de ellas entre 2010 y 2012

 

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César Armando Librado Legorreta, conocido popularmente como “El Coqueto”, es un nombre que ha resonado en México debido a su historia criminal.

Este hombre, que alguna vez fue un conductor de microbús en el Valle de México, ha sido condenado a 296 años de prisión por una serie de crímenes horrendos que aterrorizó a la comunidad entre 2010 y 2012.

Hoy, a sus 43 años, se encuentra en el penal de máxima seguridad de Tepachico, donde su vida ha cambiado drásticamente y enfrenta una realidad muy diferente a la que conocía.

Nacido el 16 de junio de 1982 en Tenango del Valle, Estado de México, César vivió una vida aparentemente normal hasta que su oscuro pasado salió a la luz.

Era un hombre que, como muchos otros, madrugaba para llevar a cabo su trabajo diario.

Sin embargo, detrás de esa fachada cotidiana, se escondía un depredador.

Durante sus recorridos en el microbús, se aprovechaba de las mujeres solas, simulando fallas mecánicas en su vehículo para desviar su ruta y atacar a sus víctimas.

Este modus operandi le permitió llevar a cabo varios crímenes antes de ser finalmente capturado.

La historia de “El Coqueto” comenzó a desmoronarse cuando una de sus primeras víctimas, que había sobrevivido a su brutal ataque, rompió el silencio y denunció el crimen.

A medida que las investigaciones avanzaban, se revelaron patrones que conectaban a varias mujeres desaparecidas con el conductor del microbús.

La presión pública creció y las autoridades finalmente lograron capturarlo el 26 de febrero de 2012.

Durante su presentación ante los medios, César confesó haber atacado a ocho mujeres y haber causado la muerte de siete de ellas, lo que dejó a la sociedad en shock.

 

Condenan a “El Coqueto” a 240 años de cárcel

 

Sin embargo, su historia no terminó con su arresto.

Menos de 24 horas después de su captura, “El Coqueto” logró escapar de la custodia policial de manera vergonzosa, aprovechando la negligencia de los agentes que lo custodiaban.

Su intento de fuga resultó en una caída que le causó graves lesiones en la columna vertebral.

A pesar de que fue recapturado rápidamente, su estado de salud se deterioró significativamente y necesitó una cirugía de emergencia que costó al Estado de México 300,000 pesos.

Desde su ingreso al sistema penitenciario, “El Coqueto” ha estado cumpliendo una condena que lo mantiene alejado de la libertad por un tiempo que excede su expectativa de vida.

En 2012, fue sentenciado a 240 años por los crímenes cometidos, pero con el tiempo, esa cifra se incrementó a 296 años debido a procesos adicionales.

Su condena, aunque no se llama oficialmente cadena perpetua, funciona como tal, ya que no tiene posibilidad de acceder a beneficios penitenciarios ni a liberación anticipada.

La vida dentro del penal de Tepachico es extremadamente restrictiva.

Los reclusos de alta peligrosidad, como César, no tienen libertad de movimiento y deben cumplir con una estricta rutina diaria.

La mayoría de su tiempo lo pasa en un espacio reducido, con interacciones limitadas y bajo supervisión constante.

Esto crea un ambiente donde el tiempo parece transcurrir de manera diferente, y cada día se convierte en una repetición del anterior.

La falta de visitas familiares ha exacerbado su aislamiento, ya que desde su ingreso a prisión, no ha recibido ninguna comunicación de sus seres queridos.

 

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En cuanto a su estado físico, las secuelas de su caída durante el intento de fuga han afectado su movilidad.

Aunque la cirugía le permitió recuperar cierta capacidad de movimiento, las lesiones en su columna vertebral son permanentes y han llevado a que, en años recientes, se le vea en silla de ruedas.

Este deterioro físico ha impactado su calidad de vida dentro del penal, limitando aún más sus actividades diarias y su interacción con otros internos.

A pesar de su notoriedad pública, “El Coqueto” ha caído en el olvido mediático.

Su historia, que una vez ocupó titulares en todo el país, ha sido reemplazada por nuevas narrativas criminales.

Sin embargo, su condena permanece intacta, y su vida actual está marcada por la rutina del penal, lejos del mundo que una vez conoció.

A medida que los años pasan, su existencia se convierte en un ciclo interminable de encierro, con el futuro reducido a la espera de cada nuevo día en prisión.

La historia de César Armando Librado Legorreta es un recordatorio de las consecuencias de sus actos y del impacto que sus crímenes han tenido en las vidas de las víctimas y sus familias.

Mientras él cumple su condena en Tepachico, las familias de las mujeres a las que atacó continúan lidiando con el dolor de su ausencia, un sufrimiento que no cesa con la captura del responsable.

La vida de “El Coqueto” hoy es un reflejo de lo que significa vivir con las consecuencias de decisiones atroces, en un entorno que no ofrece redención ni esperanza de liberación.

 

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