La tendencia de los “therians” se volvió viral en Colombia y otros países, con jóvenes que se identifican simbólicamente con animales y comparten estas expresiones en redes sociales.

A las 11:33 de la mañana el término “therians” se ubicaba entre las principales tendencias en Colombia y en otros países del mundo.
En redes sociales circulan videos de jóvenes que usan máscaras de animales —principalmente de perros o zorros— y afirman identificarse con rasgos psicológicos o espirituales de esos animales.
El fenómeno, amplificado por plataformas digitales, ha despertado curiosidad, críticas y preocupación entre padres de familia.
De acuerdo con la descripción más extendida, los llamados therians son personas que experimentan una identificación parcial con un animal.
“Tiene que ver con una identificación parcial con un tipo de animal”, explicó la psicóloga argentina Débora Pedaz, directora de un centro terapéutico integral en su país, al analizar el fenómeno.
La especialista subrayó que desde la psicología no se juzga si estas expresiones “nos gustan o no”, sino que se evalúa qué función cumplen en la vida psíquica de quien las adopta.
En redes se han visto encuentros masivos en países como Argentina y Uruguay, donde jóvenes se reúnen caracterizados con máscaras y accesorios, compartiendo conductas simbólicas asociadas al animal con el que se identifican.
Aunque el término es reciente y se ha popularizado en la era digital, la identificación simbólica con animales no es nueva.
Décadas atrás existieron comunidades y foros que abordaban experiencias similares, pero sin la visibilidad actual.

Pedaz fue enfática en diferenciar entre una identificación simbólica y un trastorno clínico.
“Sentirse identificado con un animal no es una enfermedad en sí”, afirmó.
Sin embargo, advirtió que el límite se cruza cuando esa identificación reemplaza la identidad humana y pone en riesgo la vida propia o la de otros.
“Cuando la persona quiere habitar en el cuerpo de un animal y ya tomar conductas que pongan en riesgo su vida o la de otra persona, ahí hablamos de un tema más complicado y con un nivel patológico”, señaló.
La especialista explicó que la identidad es un proceso en construcción, especialmente en la adolescencia.
Comparó el fenómeno con las antiguas tribus urbanas, en las que grupos de jóvenes compartían vestimenta, códigos y comportamientos específicos como forma de pertenencia.
“Lo que hay detrás es una necesidad de pertenecer”, indicó, y agregó que en muchos casos puede tratarse de una etapa pasajera.
“Hay adolescentes o jóvenes que esto lo toman como una etapa en sus vidas y en unos años, cuando ya se deje de hablar tanto del tema, la espuma baja”.
El riesgo, insistió, aparece cuando la conducta deja de ser simbólica.
Mencionó casos conocidos públicamente en los que adolescentes adoptaron comportamientos extremos, como acudir a un veterinario en lugar de a un médico o consumir alimento para animales.
“Ahí ya no es una representación simbólica, ahí ya es una psicosis donde la persona se cree o toma un rol que no es el correcto para vivir en condiciones saludables”, explicó.

En términos clínicos, la psicosis implica una pérdida del criterio de realidad.
“Es cuando la persona no distingue la realidad de lo que está pensando y cree que esos escenarios son reales”, detalló Pedaz.
Recordó que estos cuadros pueden estar asociados a trastornos como la esquizofrenia y requieren intervención de profesionales de distintas disciplinas.
Para muchos padres, la inquietud no radica solo en la identidad simbólica, sino en conductas visibles en espacios públicos, como jóvenes que simulan comportamientos animales o incluso muerden a otros.
Frente a ello, la psicóloga recomendó no reaccionar con pánico ni con permisividad absoluta.
“Lo recomendado es el diálogo y la comunicación abierta”, sostuvo.
A su juicio, la clave está en acompañar con afecto y marcar límites claros: “Seguir tratando a esa persona como un hijo, no como un personaje”.
También subrayó que estos procesos no surgen de un día para otro.
“Esto no ocurre de la noche a la mañana”, dijo, y llamó a los adultos a estar emocionalmente presentes.
Muchos jóvenes que adoptan estas identidades refieren experiencias de exclusión o acoso escolar.
“Hay un por qué”, explicó, aludiendo a posibles sentimientos de no pertenencia o baja autoestima.
El papel de las redes sociales es determinante en la expansión del fenómeno.
“Las redes sociales no crean este fenómeno, pero sí lo amplifican, lo validan y muchas veces lo cristalizan”, afirmó.
Recordó que el cerebro adolescente, especialmente la corteza prefrontal encargada del control y la autogestión, no termina de desarrollarse hasta alrededor de los 25 años, lo que aumenta la vulnerabilidad ante tendencias virales.
Ante la posibilidad de que un adolescente comience a sentirse identificado con esta tendencia, la recomendación es buscar orientación antes de tomar decisiones drásticas.
“Antes de tomar cualquier decisión, hablá con un responsable adulto cercano”, aconsejó Pedaz, y sugirió acudir a terapia psicológica cuando existan dudas sobre identidad y autoestima.
Mientras el término sigue escalando posiciones en las tendencias digitales, expertos coinciden en que la respuesta no pasa por la burla ni por el alarmismo, sino por información responsable y acompañamiento familiar.
En un entorno donde las redes potencian cada expresión cultural, el desafío consiste en distinguir entre una etapa identitaria pasajera y señales que requieran atención profesional.