La trágica muerte de Rodrigo Bueno a los 27 años en un accidente automovilístico desató un complejo laberinto judicial que dejó a su único hijo, Ramiro, excluido de la inmensa fortuna generada por el éxito del cuarteto

 

thumbnail

 

La madrugada del 24 de junio de 2000, el asfalto de la Autopista Buenos Aires-La Plata se convirtió en el escenario de una tragedia que marcaría a fuego la historia de la cultura popular argentina.

Rodrigo Bueno, el fenómeno del cuarteto que había logrado lo imposible —conquistar la capital federal con el ritmo cordobés y llenar trece estadios Luna Park de forma consecutiva—, encontraba la muerte a los 27 años.

Sin embargo, tras el estrépito del impacto de su camioneta Ford Explorer roja, comenzó un drama judicial y familiar mucho más silencioso, pero igualmente devastador: la batalla por una fortuna que se desvaneció entre deudas, sociedades anónimas y una filiación tardía.

El viernes de Rodrigo había sido una vorágine frenética, un reflejo de su vida en aquel último año de gloria.

Volvía de Tierra del Fuego, grababa programas de televisión y terminaba cenando en “El Corralón”, donde el destino le presentó a Fernando Olmedo.

“Nunca había visto un show tuyo”, le confesó el hijo del legendario cómico Alberto Olmedo.

Con la generosidad impulsiva que lo caracterizaba, Rodrigo lo invitó a su presentación en el boliche Escándalo de City Bell.

Tras dos horas de adrenalina pura sobre el escenario, el cantante emprendió el regreso.

Estaba exhausto.

Su representante y amigos le sugirieron no manejar, pero su respuesta fue tajante: “No, quédense tranquilos. Voy a agarrar la camioneta”.

 

Pudo el cinturón de seguridad haber salvado a Rodrigo? | Parabrisas

 

En el kilómetro 26, a la altura de Berazategui, la tragedia se materializó en forma de una camioneta Blazer blanca que lo encerró.

Rodrigo dio un volantazo, chocó contra el guardarraíl y el vehículo dio siete vueltas.

Su cuerpo fue hallado a 150 metros de la camioneta.

Junto a él, fallecía también Fernando Olmedo.

Alfredo Pesquera, el conductor de la Blazer, fue el hombre señalado por la justicia.

Aunque la fiscalía pedía 13 años de prisión, Pesquera fue absuelto en 2001, bajo el argumento de que el accidente fue producto de “imprudencias y negligencias” del propio Rodrigo.

La sombra de Pesquera, sin embargo, se oscurecería años después, cuando en 2013 se suicidó tras ser vinculado al asesinato de un financista.

Pero la muerte de Rodrigo no solo dejó un vacío musical; dejó un rompecabezas financiero.

Al momento de su fallecimiento, Rodrigo era una máquina de facturar, pero sus papeles eran un caos absoluto.

Debido a deudas acumuladas durante sus años de escasez y embargos de un hotel donde residía, el cantante había comenzado a desviar la titularidad de sus bienes.

“Él empezó a cambiar la titularidad de sus canciones, de sus bienes, a no ponerlas a nombre de él. Usaba sociedades anónimas u otras personas”, relatan fuentes cercanas al caso.

 

Se cumplen 22 años de la trágica muerte de Rodrigo Bueno

 

El golpe de gracia para su único hijo, Ramiro Bueno, fue una cuestión legal de identidad.

Al momento de la muerte, el pequeño de tres años aún figuraba bajo el apellido de su madre, Patricia Pacheco.

“Ramiro no estaba reconocido. Para la ley, quien era su heredera universal era su madre, Beatriz Olave”, se explicó durante las investigaciones posteriores.

Esta brecha temporal permitió que la administración de los bienes quedara en manos de su madre y de su representante, Luis Gonzalo, mientras se iniciaba un lento juicio de filiación.

Luis Gonzalo, en un intento por deslindar responsabilidades sobre el dinero recaudado en las míticas noches del Luna Park, fue claro sobre su postura: “El que paga mal, paga dos veces. Si yo le pagaba a Beatriz, mañana venía Ramiro y yo tenía que pagar de nuevo. Por eso hice un depósito judicial”.

No obstante, para cuando el ADN confirmó con un 99,9% que Ramiro era el hijo legítimo del Potro, gran parte del patrimonio líquido se había esfumado en deudas, gastos de administración o simplemente se encontraba fuera del alcance de la justicia por estar a nombre de terceros.

El aspecto más doloroso de esta herencia reside en los derechos de autor.

Dos de los discos más exitosos, *Cuarteteando* y *Rodrigo 2000*, que vendieron millones de copias físicas tras su muerte, no figuran a nombre de Rodrigo en los registros de Sadaic.

La razón es un acto de “protección” financiera que salió mal.

Teddy Tessel, músico de su banda, relató una conversación que cambió el destino de las regalías: “Rodrigo me dijo: ‘Teddy, este disco que viene, yo no voy a inscribir ningún tema. Los temas míos, ponelos a nombre de Flavio’. Quería que saliera Flavio Bueno en vez de él”.

 

Pudo el cinturón de seguridad haber salvado a Rodrigo Bueno? | ANBariloche

 

Flavio Bueno, hermano del cantante, y Teddy Tessel son quienes hoy perciben las regalías por esos éxitos inmortales que se siguen escuchando en cada fiesta argentina.

Rodrigo nunca imaginó que a los 27 años su vida se apagaría, dejando a su hijo desprotegido de la riqueza que su propio talento generaba.

Ramiro Bueno, hoy un músico que intenta abrirse camino con esfuerzo propio, ha confesado en programas de televisión su realidad económica actual: vive de su trabajo diario, lejos de la fortuna que las 10 millones de copias vendidas de su padre sugieren.

La historia de Rodrigo es la de un ídolo que lo dio todo por su público, pero que en la borágine de los shows —llegando a realizar 47 presentaciones en un solo mes— descuidó el orden de sus papeles.

“Tengo el presentimiento de que algo malo me va a pasar”, le habría confesado a su novia Alejandra Romero meses antes del final.

Aquella premonición no solo se cumplió en el asfalto, sino también en los juzgados, donde su legado fue repartido entre acreedores, socios y familiares, dejando a su heredero natural con el tesoro de su apellido, pero con los bolsillos vacíos ante una industria que sigue lucrando con la voz del Potro cordobés.

 

Se cumplen 22 años de la trágica muerte de Rodrigo Bueno