El presidente Gustavo Petro acusó formalmente a sectores del gobierno estadounidense de violar la soberanía colombiana mediante la presunta inyección de capitales ilegales en la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella

 

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La campaña hacia la segunda vuelta presidencial en Colombia ha tomado dimensiones de un auténtico conflicto geopolítico internacional tras un inusual cruce de declaraciones entre el mandatario Gustavo Petro, el expresidente estadounidense Donald Trump y el candidato derechista Abelardo de la Espriella.

Lo que inició como un mensaje rutinario de respaldo político desde los Estados Unidos se transformó rápidamente en una grave denuncia de interferencia electoral.

El presidente colombiano acusó abiertamente a sectores del gobierno norteamericano de violar la Constitución local mediante el flujo ilegal de capitales extranjeros destinados a desestabilizar los comicios a cambio de concesiones mineras estratégicas en el departamento del Cauca.

La controversia se desató cuando Donald Trump publicó un efusivo mensaje de felicitación hacia De la Espriella por su avance a la segunda vuelta, donde enfrentará al candidato de la izquierda moderada, Iván Cepeda.

En su pronunciamiento, el magnate neoyorquino elogió las promesas del abogado de “impulsar la economía” mediante el comercio exclusivo con Estados Unidos y aplicar drásticas políticas para “detener la inmigración ilegal” y combatir las sustancias ilícitas. No obstante, lejos de beneficiar al candidato, el mensaje encendió las alarmas de los sectores progresistas y analistas económicos locales.

Críticos de la campaña derechista señalaron de inmediato las severas contradicciones de su programa, el cual proyecta la eliminación de cerca de 700.000 empleos públicos y plantea una subordinación comercial absoluta hacia Washington que desmantelaría el aparato productivo nacional.

 

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La respuesta del presidente Gustavo Petro no se hizo esperar y elevó las tensiones a un nivel institucional sin precedentes. A través de canales oficiales, Petro recordó con firmeza que la Constitución Política de Colombia prohíbe de manera tajante el ingreso de dineros o apoyos de gobiernos extranjeros en campañas políticas, tipificándolo como un delito grave contra la soberanía nacional.

El mandatario fue más allá al lanzar una dura insinuación que apunta directamente a un entramado de corrupción transnacional: cuestionó públicamente si altos funcionarios de la administración estadounidense estarían inyectando millonarias sumas de dinero a la campaña de la oposición con el objetivo oculto de asegurar la entrega y explotación de una rica mina de oro ubicada en la conflictiva región del Cauca.

Esta denuncia sobre el control de los recursos minerales cobra especial relevancia en el contexto financiero global de 2026, donde potencias como China avanzan a paso firme en la acumulación masiva de reservas físicas de oro para respaldar sus economías frente a una inminente recesión.

Según informes previos detallados por medios internacionales, agencias de los Estados Unidos han estado bajo la lupa por la compra indirecta de oro extraído ilegalmente por organizaciones criminales como el Clan del Golfo.

La advertencia del gobierno actual sugiere que un eventual triunfo de la extrema derecha abriría las puertas a la legalización y entrega de estos recursos mineros, además de revivir la implementación de técnicas ambientales nocivas como el *fracking* para la extracción de hidrocarburos, hipotecando las riquezas hídricas del país en favor de intereses corporativos norteamericanos.

 

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El debate electoral también se ha trasladado al delicado terreno de los derechos humanos y la política migratoria.

La adopción por parte de De la Espriella de la retórica antiinmigración de Donald Trump ha generado profunda preocupación en un país que alberga a casi tres millones de ciudadanos venezolanos en diversas condiciones de regularidad.

Los sectores de izquierda advierten que importar discursos de corte xenófobo y racista a Colombia no solo amenaza la estabilidad de los migrantes que hoy apoyan paradójicamente a la derecha bajo el temor del espejo venezolano, sino que presagia una persecución sistemática contra la oposición interna.

De la Espriella ya ha anunciado gestiones formales ante el Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y el Departamento de Justicia para retirar visados y procesar penalmente a funcionarios, empresarios y líderes vinculados al progresismo, una postura que la coalición de Iván Cepeda califica como un peligroso anuncio de dictadura judicial respaldada por Washington.

Durante su reciente intervención ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, organismo que Colombia preside temporalmente con un amplio respaldo internacional, Petro equiparó estas corrientes extremistas con los movimientos fascistas de la Europa de los años treinta.

El jefe de Estado alertó que disolver los lazos con la ONU o la OEA, como sugieren los asesores de la campaña derechista, aislaría por completo a la nación de la comunidad internacional.

En un escenario donde el descontento social y la inflación global golpean con fuerza, el desenlace de los comicios del próximo 21 de junio determinará si Colombia mantiene su agenda de soberanía y transición ecológica o si se encamina hacia una restauración conservadora profundamente alineada con las directrices de la Casa Blanca.

 

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