Un análisis con inteligencia artificial procesó miles de datos arqueológicos y determinó que la piedra del altar de Stonehenge proviene de la cuenca de Orcadas en Escocia, a más de 700 kilómetros del sitio, lo que confirma transporte marítimo avanzado en el Neolítico

 

La pesada piedra del altar de Stonehenge vino desde Escocia

 

Stonehenge, el icónico monumento prehistórico ubicado en Wiltshire, Inglaterra, ha sido durante siglos objeto de estudio, teorías y fascinación global, pero un reciente análisis impulsado por inteligencia artificial ha reconfigurado significativamente la comprensión científica sobre su origen, diseño y posible función.

Construido hace aproximadamente 5.000 años durante el Neolítico tardío, este conjunto de enormes bloques de piedra ha sido tradicionalmente asociado con rituales, observaciones solares y ceremonias comunitarias, sin embargo, nuevos hallazgos sugieren un nivel de sofisticación técnica mucho más elevado del que se había considerado anteriormente.

El sistema de inteligencia artificial utilizado en la investigación procesó una vasta cantidad de información acumulada durante décadas, incluyendo estudios arqueológicos, registros geológicos, análisis acústicos, modelos de transporte antiguo y datos de reconstrucción ambiental.

A través de la correlación de estos conjuntos de datos, el sistema logró identificar patrones que no habían sido detectados previamente por métodos convencionales.

Uno de los descubrimientos más relevantes fue la procedencia de la llamada piedra del altar, cuya composición mineral no coincide con las canteras de Gales, como se creía, sino con la antigua cuenca de Orcadas en el noreste de Escocia, ubicada a cientos de kilómetros del sitio.

Este hallazgo implica que las comunidades neolíticas poseían capacidades logísticas avanzadas, incluyendo transporte marítimo a larga distancia.

 

El misterio del altar de Stonehenge: ¿por qué trajeron una piedra de seis  toneladas desde Escocia, a 700 kilómetros? | El PAÍS Exprés | EL PAÍS

 

El análisis también integró modelos de física ambiental y estudios de resonancia material, detectando que las piedras utilizadas en Stonehenge presentan propiedades acústicas, magnéticas y mineralógicas específicas que, al combinarse, generan interacciones coherentes.

Este comportamiento no parece responder al azar, sino a una selección deliberada de materiales.

Simulaciones realizadas con modelos tridimensionales han demostrado que el interior del círculo produce una reverberación sonora controlada, amplificando la voz humana y ciertos instrumentos, mientras que fuera del perímetro el efecto desaparece rápidamente.

Este fenómeno sugiere que el espacio fue diseñado para crear una experiencia sensorial diferenciada dentro del monumento.

Investigaciones previas realizadas por el ingeniero acústico Trevor Cox y su equipo, mediante la construcción de un modelo a escala de Stonehenge, confirmaron que la estructura puede generar sonidos de baja frecuencia, conocidos como infrasonidos, que no son perceptibles por el oído humano pero sí por el cuerpo.

Estas vibraciones pueden provocar sensaciones físicas como inquietud, asombro o intensidad emocional.

La disposición de las piedras favorece la concentración de estas frecuencias en el interior del círculo, lo que indica un conocimiento avanzado del comportamiento acústico por parte de sus constructores.

El análisis de la inteligencia artificial también examinó la alineación del monumento con el cielo antiguo.

Si bien es ampliamente conocido que Stonehenge está alineado con los solsticios, el sistema detectó otra orientación menos evidente que no corresponde directamente al Sol ni a la Luna.

Esta alineación apunta hacia una región específica del firmamento reconstruido hace 5.000 años, lo que sugiere una intención geométrica adicional en el diseño.

La probabilidad estadística de que esta disposición sea accidental es extremadamente baja según los modelos generados.

 

Piedra Altar de Stonehenge fue transportada 700 km desde Escocia - Noticias  de Chihuahua

 

Otro aspecto clave del estudio es la escala organizativa necesaria para construir Stonehenge.

A partir de simulaciones sociales y logísticas, la inteligencia artificial concluyó que es poco probable que una estructura de esta complejidad haya sido levantada por comunidades dispersas actuando de manera espontánea.

Los datos apuntan a la existencia de una autoridad central capaz de coordinar el trabajo de miles de personas durante generaciones, gestionando recursos, transporte y conocimiento técnico de forma sostenida.

Este nivel de organización implica una estructura social más compleja de lo que se atribuía a las sociedades neolíticas de la región.

Los resultados también destacan la combinación de conocimientos en múltiples disciplinas por parte de los constructores, incluyendo geología, acústica, astronomía y logística.

La selección de materiales provenientes de distintas regiones, la precisión en la disposición de las piedras y la creación de un entorno acústico controlado sugieren que Stonehenge fue concebido como un espacio diseñado para ser experimentado de manera integral, involucrando percepción visual, auditiva y física.

Además, estudios publicados en 2024 sobre la composición mineral de la piedra del altar, mediante técnicas avanzadas de espectrometría, confirmaron la antigüedad y diversidad de sus componentes, algunos con más de mil millones de años.

Esta mezcla geológica única refuerza la hipótesis de una selección consciente de materiales específicos.

 

Cómo pudo la mayor piedra de Stonehenge cruzar más de 700 kilómetros hace  unos 4.500 años?

 

En conjunto, la integración de estos hallazgos permite reconstruir una imagen más completa de Stonehenge como una estructura altamente planificada, donde cada elemento cumple una función dentro de un sistema mayor.

Aunque la inteligencia artificial no atribuye intenciones ni interpreta el propósito final del monumento, sí establece con claridad que su diseño responde a principios físicos y geométricos complejos.

El resultado es una reinterpretación del sitio que supera la visión tradicional de un simple espacio ceremonial, presentándolo como una obra de ingeniería avanzada para su época.

Stonehenge emerge así como un ejemplo de la capacidad humana temprana para comprender y aplicar conocimientos técnicos sofisticados en la construcción de entornos que interactúan con el espacio natural y el cuerpo humano.

A medida que la tecnología continúa avanzando, el uso de inteligencia artificial en arqueología abre nuevas posibilidades para analizar estructuras antiguas desde perspectivas integradas, permitiendo descubrir relaciones invisibles entre materiales, formas y funciones.

En este contexto, Stonehenge se mantiene como uno de los casos más emblemáticos de cómo el pasado aún puede revelar dimensiones desconocidas mediante herramientas contemporáneas.

 

Descubren el origen escocés de la piedra del altar de Stonehenge