La icónica presentadora argentina, de 82 años, padece un cuadro de dolor crónico que compromete seriamente su esperada participación en la cobertura del Mundial de Fútbol 2026.

 

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El estado de salud de María Susana Giménez Aubert, la indiscutible «reina de los teléfonos» de la televisión sudamericana, ha encendido las alarmas en el panorama mediático internacional.

Tras un mes de absoluto hermetismo en Madrid, donde se sometió a terapias de última generación para paliar dolencias crónicas en una vértebra y una rodilla, el fracaso de dichos procedimientos clínicos obligará a la diva a someterse a una intervención quirúrgica de urgencia en los próximos días.

A sus 82 años, la presentadora arrastra un severo cuadro de dolor óseo y articular que ha mermado su movilidad en los últimos meses.

Ante la falta de alternativas viables en el continente americano, Giménez se trasladó a España el pasado mes de marzo para iniciar un tratamiento de vanguardia basado en tecnología de ondas de choque y bombeo de diapasón en sesiones diarias de dos horas.

Sin embargo, fuentes cercanas al entorno de la paciente han confirmado que los resultados biológicos no cumplieron con las expectativas médicas.

La persistencia del dolor agudo ha forzado la vía quirúrgica como único camino para estabilizar la región afectada, programándose la operación para inicios de la próxima semana en la capital argentina.

 

El exclusivo tratamiento que Susana Giménez se hizo en Madrid y que la dejó  “nueva” - LA NACION

 

La actual crisis de salud de Susana Giménez coincide con el repaso de una trayectoria vital marcada por la resiliencia.

Nacida en Buenos Aires en 1944 en el seno de un hogar turbulento, se graduó como maestra de enseñanza primaria, profesión que jamás ejerció debido a las urgencias económicas que la empujaron al modelaje en la década de 1960.

El mítico anuncio publicitario de jabón Cadum en 1969 —cuyo icónico grito de «¡Shock!» caló en el imaginario colectivo— la catapultó de manera definitiva a la industria del entretenimiento.

Su ascenso cinematográfico estuvo indisociablemente ligado a uno de los episodios más oscuros y comentados de la crónica social rioplatense: su tormentoso romance con el campeón mundial de boxeo Carlos Monzón, iniciado durante el rodaje del largometraje La Mary (1974).

Aquella relación, caracterizada por la opinión pública como una espiral de pasión y violencia física transnacional, culminó con la ruptura definitiva en 1978, un hecho que la propia Giménez calificó años después como una decisión límite que salvó su propia vida, anticipando el trágico destino que sufriría la posterior pareja del púgil, Alicia Muñiz.

 

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El revés clínico de la conductora impacta directamente en la planificación estratégica de la cadena televisiva Telefe.

Giménez constituía la principal apuesta de la señal para liderar las transmisiones especiales del inminente Mundial de Fútbol 2026.

A pesar de que la propia artista había manifestado su férrea voluntad de asistir al evento deportivo incluso de forma independiente, las exigencias físicas de la cobertura internacional obligan hoy a las productoras a evaluar sustituciones de emergencia.

Fuentes internas del canal de San Cristóbal señalan que figuras como Alejandro «Marley» Wiebe e Ian Lucas comienzan a ganar terreno para asumir la conducción principal de los bloques mundialistas.

La evolución postoperatoria de la diva determinará si su histórico carisma podrá estar presente en la cita global o si, por el contrario, el implacable paso del tiempo forzará un repliegue definitivo de las pantallas.