El excomisario José Manuel Villarejo protagonizó un violento altercado verbal a las puertas de la Audiencia Nacional al insultar gravemente a los reporteros tras ser preguntado por su presunta reunión secreta con Leire Díez

 

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El excomisario del Cuerpo Nacional de Policía, José Manuel Villarejo, ha vuelto a situarse en el epicentro de la polémica tras protagonizar un tenso y desabrido altercado con los medios de comunicación a las puertas de la Audiencia Nacional.

En un escenario donde habitualmente se dirimen los asuntos más complejos de la inteligencia y la corrupción estructural en España, el expolicía mostró su faceta más hostil al perder por completo el control tras ser interrogado sobre sus supuestas conexiones y reuniones secretas con Leire Díez, señalada en diversos entornos políticos y mediáticos como una de las piezas operativas en la sombra del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

El incidente, que se propagó con rapidez en la agenda informativa nacional, fue captado en directo por las cámaras del programa televisivo En boca de todos.

La reportera Leticia Sánchez intentaba profundizar en las ramificaciones que vinculan al excomisario con el denominado entorno “sanchista”, cuestionándole directamente si existieron pactos explícitos, favores ocultos o algún tipo de intercambio de información con Díez.

La respuesta de Villarejo, lejos de la frialdad analítica que suele exhibir en los tribunales, fue un estallido de furia verbal.

Con un tono marcadamente vulgar y desafiante, el excomisario espetó un rotundo “¡váyase a tomar por culo!” ante los micrófonos, intentando zanjar un interrogatorio que visiblemente perturbó su habitual coraza mediática.

 

José Villarejo en EL PAÍS

 

La gravedad de la reacción provocó una condena inmediata en el plató de Mediaset.

El presentador del espacio, Nacho Abad, interrumpió la emisión visiblemente estupefacto ante el espectáculo lamentable que acababa de presenciar la audiencia.

Con una mezcla de indignación e ironía mordaz, Abad fulminó la actitud del expolicía sentenciando ante las cámaras: “Impactados con las declaraciones de Villarejo, qué lenguaje, qué verborrea, ¿no?”.

La intervención del periodista reflejó el sentir generalizado ante un personaje público que, al verse acorralado por los cuestionamientos sobre el espionaje político y los pactos privados, recurre a la descalificación grosera.

De acuerdo con el relato de los periodistas presentes en el lugar, el asunto de Leire Díez y los presuntos acuerdos con la fontanería socialista parece ser el único vector informativo que desestabiliza por completo al excomisario.

Durante los minutos previos a su explosión, Villarejo se dedicó a escurrir el bulto de forma sistemática, parapetándose en la narrativa de que es víctima de una confabulación de Estado y presentándose a sí mismo como un falso chivo expiatorio de un sistema judicial corrupto.

Al verse acorralado por la insistencia de los reporteros que buscaban esclarecer la naturaleza de sus encuentros con la emisaria del PSOE, el investigado optó por desviar la atención atacando frontalmente al magistrado Santiago Pedraz, reprochándole airadamente el no haberlo citado a declarar todavía junto a su equipo de defensa.

 

Villarejo pierde los papeles con los periodistas en el juicio de la  Kitchen: "Váyase a tomar por culo"

 

Sin embargo, la estrategia de distracción se desmoronó cuando las preguntas insistieron en el núcleo de la sospecha: el espionaje y los tratos de favor mutuos.

Completamente fuera de sí y desprovisto de cualquier atisbo de educación, Villarejo no solo arremetió contra la prensa, sino que extendió sus descalificaciones hacia las instituciones encargadas de la investigación criminal en el país.

El excomisario cargó con dureza contra la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, acusando formalmente a los agentes de mentir en sede judicial y de confeccionar denuncias falsas con el único propósito de destruirlo políticamente y asegurar su condena.

Este nuevo episodio de crispación pone de manifiesto que la sombra de las cloacas del Estado y los presuntos vínculos con el actual entorno de gobierno siguen siendo un terreno sumamente inflamable para el excomisario.

Lejos de la imagen de hombre de Estado que intenta proyectar en sus memorias y comparecencias, la realidad a las puertas de la Audiencia Nacional desveló a un Villarejo contra las cuerdas, un hombre acorralado por su propio pasado que, al quedarse sin argumentos jurídicos ni evasivas plausibles frente al escrutinio público, ya solo es capaz de responder mediante el insulto directo, la ramplonería y la confrontación barriobajera.

 

Villarejo pierde los papeles e insulta gravemente a los periodistas que  cubren Kitchen: "Váyasen a tomar..."