🔥 ¡VÍDEO REVELADO! Las impactantes imágenes captadas por un testigo del momento exacto en que la avioneta de Yeison Jiménez pierde el control ahora mismo.

El 10 de enero de 2026 quedará marcado en el calendario de la música colombiana como una de sus fechas más lúgubres.

Lo que comenzó como una alerta sobre una avioneta estrellada en el departamento de Boyacá, se transformó en cuestión de minutos en una tragedia de alcance nacional al confirmarse que entre las víctimas se encontraba Yeison Jiménez, el “Aventurero” de la música popular.

Este suceso no solo apaga la voz de un artista en la cúspide de su carrera, sino que cierra de forma abrupta una historia de superación que inspiró a millones.

A continuación, reconstruimos los hechos, el legado del artista y las inquietantes señales que precedieron a este fatídico día.

La noticia del accidente generó un proceso colectivo de duelo.

En un mundo hiperconectado, las imágenes de los restos calcinados de la aeronave en la vereda Romita de Paipa circularon con una velocidad que superaba los reportes oficiales.

Sin embargo, más allá del morbo de la tragedia, la pérdida de Yeison Jiménez obliga a revisar la dimensión de su figura: un hombre que nació en la escasez y murió convertido en un símbolo de la identidad cultural colombiana del siglo XXI.

De las calles de Manzanares al estrellato global Yeison Jiménez nació el 26 de junio de 1991 en Manzanares, Caldas.

Su infancia no conoció los privilegios; creció en medio de carencias económicas que más tarde se convertirían en la materia prima de sus composiciones.

Antes de ser el ídolo de las multitudes, Yeison fue vendedor ambulante y limpiabotas en Armenia, Quindío.

Estas experiencias, lejos de ser ocultadas, fueron el pilar de su autenticidad.

“Entendí el valor del trabajo duro”, solía repetir en sus entrevistas, recordando cómo el barrio forjó su visión de la vida sin filtros.

Su formación musical fue empírica, construida en las cantinas y escenarios locales donde el desamor y la revancha emocional eran el lenguaje común.

A diferencia de otros artistas, Yeison no necesitó conservatorios para conectar con el pueblo; le bastó su experiencia personal.

Temas como “Aventurero”, “Mi Venganza” y “Gracias” no eran solo éxitos radiales, eran himnos de una clase popular que se veía reflejada en su ascenso por mérito propio, sin atajos ni influencias heredadas.

La inquietante premonición: ¿Un sueño o una advertencia? Uno de los elementos más estremecedores que rodea su muerte es la serie de declaraciones que el artista hizo meses antes del accidente.

En diversos registros de video y transmisiones en vivo, Jiménez habló con una serenidad pasmosa sobre un sueño recurrente: su propia muerte en un accidente aéreo.

“Me empecé a soñar un tema muy delicado.

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que íbamos a tener un accidente tres veces.

Yo me subí al avión, el avión se estrella.

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y empiezo a ver todo Medellín como yo me estoy yendo”, relató en una entrevista que hoy resuena con una fuerza sobrenatural.

En su momento, Yeison abordó este sueño con una lógica introspectiva, asociándolo al cansancio de su ritmo de vida y a la constante exposición al riesgo que implicaban sus traslados.

No hablaba con miedo, sino con una aceptación profunda de que la muerte es parte de la existencia.

“Vivir sin miedo” era su consigna, una filosofía que mantuvo hasta que el destino decidió materializar las imágenes de sus noches de insomnio en la tarde del 10 de enero.

Cronología del desastre en el sector Romita A las 4:11 de la tarde de aquel sábado, Yeison Jiménez despegó del aeródromo Juan José Rondón en Paipa, Boyacá, a bordo de una avioneta Piper PA31 con destino a Medellín.

El vuelo era un desplazamiento rutinario dentro de una gira que lo llevaría esa misma noche a Marinilla, Antioquia.

No viajaba solo; lo acompañaba su círculo íntimo, aquellas personas que consideraba su familia laboral.

Junto al artista, fallecieron el capitán Hernando Torres, responsable del mando; Jefferson Osorio, su mánager y pilar organizativo de su carrera; Wisman Mora, su fotógrafo personal; y otros integrantes del equipo como Juan Manuel Rodríguez y Óscar Marín.

Según los informes preliminares, la aeronave no logró completar la maniobra de ascenso inicial.

Pocos minutos después del despegue, el avión perdió estabilidad y se precipitó en una zona rural montañosa.

El impacto fue tan violento que la aeronave quedó completamente destruida y se incendió al contacto con el suelo.

Los organismos de socorro confirmaron que no hubo sobrevivientes, cerrando de forma definitiva el trayecto de un hombre que solo quería cumplir con su público.

Un impacto que trasciende fronteras En cuestión de minutos, el nombre de Yeison Jiménez se convirtió en tendencia mundial.

Las redes sociales se llenaron de homenajes espontáneos: velas encendidas, fragmentos de sus conciertos y mensajes de incredulidad.

Sus colegas del género, desde Jessi Uribe hasta Pipe Bueno, destacaron su disciplina y ética de trabajo, recordándolo como alguien que abrió paso en la industria sin privilegios.

La prensa internacional también se hizo eco de la noticia, analizando no solo la tragedia técnica, sino el fenómeno de las premoniciones que el propio Yeison había alimentado con sus relatos oníricos.

En ciudades como Bogotá, Medellín y Manizales, los seguidores organizaron vigilias, demostrando que Yeison no solo era un cantante de éxitos, sino una persona que había puesto voz a las rupturas y superaciones de todo un país.

El legado de un hombre que cantó su verdad La pérdida de Yeison Jiménez deja un silencio ensordecedor en la música popular colombiana, pero su legado permanece intacto.

Sus canciones seguirán siendo el refugio de quienes enfrentan dificultades económicas o heridas del corazón.

Yeison se fue como vivió: sin pedir permiso, sin filtros y en medio de la intensidad que siempre definió su paso por el mundo.

A los 34 años, el “Aventurero” ha realizado su último vuelo, dejando seis familias rotas y una nación que aún intenta procesar cómo el hombre que soñó su final, terminó abrazándolo en las montañas de Boyacá.

Su música queda como un testamento sonoro de la verdad humana, recordándonos que la vida, como él decía, es tan endeble como un hilo, pero tan poderosa como una canción que se queda para siempre en la memoria colectiva.

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