A 15 de abril de 2026, el mundo del espectáculo peruano se ha despertado con una de las noticias más desgarradoras y difíciles de procesar en lo que va del año.

Manolo Rojas, el carismático actor, comediante y locutor que durante décadas fue sinónimo de risas y alegría en los hogares del país, ha fallecido de manera repentina en su vivienda del distrito de La Victoria.

Lo que inicialmente se manejó como un rumor en redes sociales fue confirmado por las autoridades y sus familiares más cercanos, revelando una secuencia de eventos trágicos marcados por la soledad de sus últimos minutos y un pedido de auxilio que, lamentablemente, no llegó a tiempo para salvarlo.

La partida de Manolo Rojas no solo deja un vacío inmenso en la comedia nacional, sino que ha generado una profunda conmoción por la forma en que se produjo.

Según las investigaciones preliminares y los registros de las cámaras de seguridad del vecindario, el artista falleció a causa de un ataque cardíaco fulminante.

La tragedia se tiñe de un dramatismo punzante al conocerse que Manolo, consciente del malestar que lo aquejaba, intentó buscar ayuda por sus propios medios antes de desvanecerse en el umbral de su hogar.

Una cronología de la tragedia: el taxi rojo y la espera fatal

Los detalles que emergen de las cámaras de vigilancia son estremecedores.

Al promediar las 9:30 a 9:40 de la noche, un taxi de color rojo llegó hasta el frontis de la vivienda de Manolo Rojas en La Victoria.

Según se ha podido reconstruir, el comediante habría solicitado el vehículo para trasladarse de urgencia a un centro de salud tras empezar a sentir los síntomas compatibles con un infarto.

El taxi permaneció estacionado en el lugar durante aproximadamente seis minutos, esperando a que el pasajero saliera.

Sin embargo, Manolo nunca cruzó la puerta hacia la libertad del vehículo.

Las imágenes registran que, en ese intervalo de tiempo, el actor intentó salir de su vivienda, pero la fuerza del ataque cardíaco fue superior a su voluntad y se desvaneció, quedando tendido en el suelo de la entrada, justo detrás de la puerta principal.

Al no haber respuesta y transcurridos los minutos de espera reglamentarios, el taxista, desconociendo que a pocos metros un hombre luchaba por su vida, se retiró del lugar.

El cuerpo de Manolo permaneció en esa posición, en una soledad absoluta, durante un periodo cercano a una hora.

El hallazgo y la desesperación familiar
Fue su hijo quien, preocupado por la falta de respuesta a sus constantes llamadas, decidió acudir al domicilio.

Durante la noche, el entorno cercano de Manolo había notado una ausencia de comunicación inusual, ya que su hijo lo estuvo llamando insistentemente para coordinar temas relacionados con la promoción de su disco.

Al llegar a la vivienda, el joven se encontró con la escena más temida: su padre yacía inconsciente en el suelo de la entrada.

De manera paralela, una persona que transitaba por la zona notó una situación irregular y alertó a las unidades del Serenazgo de La Victoria.

En cuestión de minutos, el lugar se llenó de efectivos policiales y una ambulancia.

En medio de la desesperación, los familiares intentaron auxiliarlo y trasladarlo por su cuenta en una camioneta blanca hacia el hospital más cercano, con la esperanza de que aún hubiera un hálito de vida.

Sin embargo, los paramédicos y la policía constataron en el acto que el reconocido artista ya no presentaba signos vitales.

La disposición legal obligó a que el cuerpo permaneciera en el lugar para el inicio de las pericias correspondientes, bajo el llanto inconsolable de su esposa, sus hijos y sus hermanos.

Un día de aparente normalidad: el testimonio de su hermano Jaime

Lo que más ha sorprendido a su círculo íntimo es que, durante el transcurso del día 15 de abril, Manolo Rojas no manifestó ninguna molestia ni síntoma de enfermedad.

Su hermano Jaime, quien trabajó a su lado por más de 30 años —manejando su vehículo y acompañándolo a cada rincón del Perú—, relató que Manuelito, como le decían de cariño, desarrolló sus actividades con total normalidad.

“Todo el día estuvo bien tranquilo.

Almorzó bien y de ahí se fue a la radio a trabajar tranquilo”, comentó Jaime visiblemente afectado.

Manolo regresó a su casa alrededor de las 7:00 de la noche tras cumplir con su jornada laboral en la radio.

Según sus allegados, el actor mantenía hábitos saludables, asistía al gimnasio diariamente y seguía una dieta regular, por lo que no existían indicios previos de que su corazón estuviera en riesgo.

La muerte lo sorprendió en la cúspide de su madurez artística, siendo recordado por sus compañeros como “el apoyón”, un hombre que nunca decía “no” a un favor y que siempre extendía la mano a quien lo necesitaba.

El adiós a un grande: velorio y sepultura

La noticia ha provocado una ola de solidaridad en el gremio artístico.

Figuras como Ernesto Pimentel llegaron hasta la vivienda de La Victoria para expresar sus condolencias.

Pimentel, profundamente conmovido, manifestó que “va a pasar toda una vida para que aparezca otro gran actor cómico como Manolo”.

Otros compañeros lo describieron como un “hermano de vida”, destacando su humildad y su inquebrantable fe, especialmente su devoción a la Virgen de la Puerta de Otuzco, a quien visitaba religiosamente cada año.

Respecto a las exequias, la familia aún se encuentra coordinando los detalles.

Se ha mencionado la posibilidad de que el velatorio se realice en las instalaciones del Ministerio de Cultura, dada su trayectoria como uno de los artistas más representativos del país, propuesta que está siendo evaluada por Ernesto Pimentel y el entorno cercano.

En cuanto a su última morada, existen dos alternativas: Lima o su tierra natal, Huaral.

“Él decía que de repente quería ser enterrado con su papá en Huaral, pero depende de lo que decidan su señora y sus hijos”, añadió su hermano Jaime.

Manolo Rojas se va dejando un legado de risas, imitaciones inolvidables y una calidad humana que traspasaba las pantallas.

Sus redes sociales oficiales serán el canal por donde se informará a sus seguidores los detalles finales de su despedida.

Hoy, el Perú no solo llora a un comediante; llora a un hombre que, en la paradoja más triste de su vida, nos hizo reír a todos mientras él, en sus últimos minutos, solo buscaba un poco de aire y compañía.

Que descanse en paz, Manuelito.