🔥⚖️👁️ Una década de persecución, un capo que parecía invisible y un operativo que finalmente cerró el cerco 👁️⚖️🔥😱🕯️ Hace apenas unos días se confirmó la captura de uno de los criminales más escurridizos del centro de México 🌑⛓️.

Durante años, su nombre fue sinónimo de miedo en Puebla y Veracruz, pero también de frustración para las autoridades ⚡👁️.

“Se movía antes de que llegáramos”, admitían en privado agentes involucrados.

No fue una caída espectacular, sino un descuido: una fiesta, un trayecto cotidiano y una red debilitada 🌪️💔.

El resultado: el fin de una larga huida.

 

Captura de “El Bukanas”: un fuerte golpe a la delincuencia - Así lo Dice  Puebla

 

 

El sábado 18 de abril de 2026 marcó el final de una persecución que se extendió por más de una década.

Ese día, Roberto de los Santos de Jesús fue detenido en la sierra norte de Puebla, en los límites con Hidalgo, tras años de evadir a fuerzas federales, estatales y municipales.

Su captura no solo representa la caída de un líder criminal, sino el cierre de uno de los episodios más prolongados de violencia vinculada al robo de combustible en México.

Durante 12 años, el Bucanas construyó una reputación casi mítica.

“Siempre llegábamos tarde”, reconoció un mando de seguridad bajo condición de anonimato.

Su ventaja era clara: conocía el sistema desde dentro.

Antes de convertirse en objetivo prioritario, había sido policía municipal en Veracruz, donde aprendió los tiempos, las fallas y las filtraciones de las instituciones.

Ese conocimiento fue clave cuando, en 2014, abandonó la corporación y se integró al crimen organizado, vinculado al grupo de Los Zetas.

Para 2015 ya lideraba su propia estructura en el llamado Triángulo Rojo de Puebla, una región estratégica atravesada por ductos de Pemex que se convirtió en epicentro del huachicol.

“Llegó con disciplina, con estructura y con control”, explicaría años después un investigador estatal.

Bajo su mando, surgió una red criminal que no solo perforaba ductos, sino que también controlaba rutas, imponía extorsiones y ejecutaba secuestros.

 

 

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La violencia no tardó en escalar.

En marzo de 2017, tres agentes de la Fiscalía fueron asesinados tras ser interceptados por un comando ligado a su grupo.

“Fue un mensaje directo: nadie podía investigarlo sin consecuencias”, señalaron fuentes ministeriales.

Meses después, un operativo de la Marina terminó en enfrentamiento, dejando muertos y heridos, pero nuevamente el Bucanas logró escapar.

Uno de los episodios más impactantes ocurrió ese mismo año, cuando una enfermera y su esposo fueron secuestrados para atender a integrantes heridos de la organización.

Días después, ambos fueron encontrados sin vida.

“Los necesitaban… y luego los silenciaron”, resumió un fiscal del caso.

A pesar de múltiples operativos, el Bucanas seguía libre.

Su capacidad de evasión se sustentaba en tres pilares: conocimiento del terreno, una red de informantes —los llamados “halcones”— y presuntas filtraciones dentro de corporaciones de seguridad.

“Sabía de los operativos antes de que iniciaran”, admitió un funcionario.

Sin embargo, el panorama comenzó a cambiar en 2026.

La captura de colaboradores cercanos, incluyendo operadores financieros y familiares, debilitó su estructura.

Además, el uso de inteligencia tecnológica permitió rastrear sus movimientos con mayor precisión.

“Ya no tenía el mismo margen de maniobra”, explicó una fuente de inteligencia.

Sus rutas estaban vigiladas, su círculo reducido y sus recursos limitados.

Por primera vez, el hombre que parecía intocable estaba acorralado.

 

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El operativo final fue ejecutado por fuerzas federales y estatales, en coordinación con instancias de seguridad lideradas por figuras como Omar García Harfuch en el ámbito nacional.

Según versiones, el Bucanas fue localizado cuando se dirigía a una boda en la región.

Un movimiento cotidiano que terminó por delatarlo.

“Fue un error humano, no una falla operativa”, señalaron fuentes cercanas al caso.

La detención se realizó sin mayores enfrentamientos.

Junto a él fueron capturados varios integrantes de su círculo cercano y se aseguraron armas de alto calibre.

Posteriormente, fue trasladado bajo fuerte resguardo ante el riesgo de un intento de rescate.

Al día siguiente, autoridades confirmaron la captura.

El gobernador de Puebla declaró: “Ocho gobiernos pasaron y no lo detuvieron.

Eso también dice mucho”.

Sus palabras apuntaban a un problema más profundo: la posible complicidad institucional que permitió su larga impunidad.

 

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Hoy, el Bucanas enfrenta cargos por homicidio y otros delitos graves.

Sin embargo, su caída no garantiza el fin de la estructura que construyó.

“Las organizaciones no desaparecen con un solo arresto”, advirtió un analista de seguridad.

En las comunidades afectadas, la noticia ha generado una mezcla de alivio y cautela.

“Queremos creer que esto cambia algo”, dijo un transportista de la región.

“Pero ya hemos visto antes cómo todo sigue igual”.

La captura de Roberto de los Santos de Jesús cierra un capítulo, pero deja abierta una pregunta inquietante: si las condiciones que permitieron su ascenso realmente han cambiado o si, en algún punto de la sierra, alguien más ya está ocupando su lugar.