Os trajimos galletas, salid a bailarnos”: cubanos protestan frente a sede  de Podemos en Madrid

Un grupo de ciudadanos cubanos se concentró frente a la sede de Podemos en Madrid para denunciar lo que consideran una actitud de complicidad con el régimen de Cuba.

La protesta, cargada de simbolismo, se produjo en medio de la controversia generada por la reciente visita de Pablo Iglesias a La Habana, y ha tenido un fuerte eco tanto en la calle como en las redes sociales.

Los manifestantes protagonizaron una escena que rápidamente se volvió viral: depositaron paquetes de galletas frente a la sede del partido acompañados de mensajes irónicos.

“Hoy hemos llevado a la sede de Podemos, que ya ni pueden abrir por falta de presupuesto, unos paquetes de galletas para alimentarlos como hicieron con los niños cubanos”, expresaron en redes.

Y añadieron con tono crítico: “Cuba no quiere limosnas, pero ellos que están a punto de desaparecer las necesitarán pronto”.

El gesto no fue casual.

Durante la concentración, uno de los lemas más repetidos fue: “Salgan a bailarnos que trajimos galletas”, en alusión directa a vídeos difundidos del llamado “Convoy Nuestra América”, donde se observa a niños en la isla recibiendo galletas mientras se les anima a bailar.

Para los asistentes, este tipo de iniciativas representan una banalización de la crisis humanitaria que atraviesa el país.

“Convierten la necesidad en espectáculo”, comentaban algunos participantes.

Entre las voces más destacadas estuvo la del activista Lázaro Mireles, quien fue contundente en su crítica.

“Estas acciones explotan la precariedad que vive la población”, afirmó.

En su intervención insistió en que la situación de Cuba no puede reducirse a gestos simbólicos: “Los cubanos no necesitan galletas ni propaganda, necesitan libertad real”.

Sus palabras reflejaron el sentir de muchos asistentes, tanto residentes en España como miembros de la diáspora.

 

Protesta en Madrid en apoyo al pueblo cubano tras las revueltas en Morón

 

Las críticas también encontraron eco en el ámbito intelectual y periodístico.

La reconocida periodista Yoani Sánchez fue tajante: “Cuba no es un parque temático”.

En la misma línea, la historiadora Rosa Marquetti denunció lo que calificó como una “folclorización de la miseria”.

Ambas coincidieron en señalar que este tipo de acciones y discursos contribuyen a distorsionar la realidad del país y a trivializar las dificultades que enfrenta su población.

La polémica se intensificó tras las declaraciones de Pablo Iglesias durante su estancia en La Habana.

El exlíder de Podemos aseguró que la situación en la isla “es difícil, pero no como se presenta desde fuera”, una afirmación que generó un fuerte rechazo entre sectores críticos.

Para muchos cubanos, estas palabras suponen una minimización de la crisis desde una posición privilegiada.

“No se puede hablar así cuando no se vive el día a día de la escasez”, comentaban algunos manifestantes.

El episodio ha reavivado el debate sobre el papel de Podemos en relación con el régimen cubano y su narrativa internacional.

Los críticos sostienen que determinadas posturas contribuyen a blanquear la situación política y social del país, mientras que desde posiciones afines se defiende una visión más matizada del contexto cubano.

Más allá de la confrontación política, la protesta en Madrid ha puesto de manifiesto el malestar creciente de una parte de la comunidad cubana en el exterior.

La utilización de símbolos como las galletas no solo buscaba llamar la atención mediática, sino también trasladar un mensaje claro: la crisis en Cuba, insisten, no puede reducirse a gestos puntuales ni a interpretaciones ideológicas.

El impacto del acto, amplificado por las redes sociales, ha contribuido a situar nuevamente la cuestión cubana en el centro del debate público en España.

Mientras tanto, la figura de Pablo Iglesias queda en el foco de la polémica, en un contexto donde cada declaración sobre la isla es analizada con especial intensidad.

La escena frente a la sede de Podemos, sencilla pero cargada de significado, resume la tensión entre dos relatos enfrentados: el de quienes denuncian una realidad marcada por la escasez y la falta de libertades, y el de quienes piden contextualizar la situación sin simplificaciones.

En medio de ese choque, la voz de los ciudadanos cubanos sigue reclamando protagonismo.