La historia de Bastian no terminaría en una bala perdida, sino en un llamado a la acción, en un recordatorio de que cada vida cuenta y que el cambio es posible.

Con cada paso que daba, Johana sabía que estaba honrando la memoria de su hijo.

Y así, con el corazón lleno de amor y la mente enfocada en el futuro, se adentró en la noche, lista para enfrentar lo que viniera.

La lucha apenas comenzaba, pero Johana no estaba sola.

“Bastian, siempre serás mi luz”, susurró al viento, mientras las estrellas brillaban más intensamente que nunca.

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