🔥🚨💻 Una red invisible, cientos de víctimas y una operación que terminó en cuestión de horas 🚨💻🔥
En la Ciudad de México y el Estado de México, más de 200 familias fueron engañadas con la promesa de comprar un automóvil que nunca existió 😨📱.

Durante meses, perfiles falsos operaron con precisión quirúrgica hasta que la inteligencia policial logró rastrear cada paso 🧠⚖️.

“Tenemos sus perfiles, sus teléfonos y sus cuadernos”, advirtió una voz oficial, marcando el inicio del fin de la red 🔥👁️.

 

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La mañana del 15 de abril de 2026 marcó un punto de inflexión en la lucha contra el fraude digital en México.

El secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, confirmó el desmantelamiento de una red criminal que operó durante casi dos años mediante engaños en Facebook Marketplace, dejando al menos 237 víctimas y pérdidas superiores a 31 millones de pesos.

No se trataba de asaltos tradicionales ni de secuestros, sino de una modalidad más sofisticada: la manipulación digital.

Las víctimas eran atraídas por ofertas de vehículos a precios ligeramente por debajo del mercado.

“Todo parecía legítimo: fotos reales, perfiles creíbles, respuestas rápidas”, relató un investigador involucrado en el caso.

Pero detrás de cada conversación había una estructura organizada.

El modus operandi combinaba ingeniería social con conocimiento territorial.

Los delincuentes creaban perfiles falsos —muchos con identidades femeninas— cuidadosamente construidos durante semanas.

“Respondían como cualquier vendedor honesto, sin prisa, generando confianza”, explicó un agente de inteligencia.

Una vez convencida la víctima, se pactaba un encuentro en zonas estratégicamente seleccionadas: calles sin salida, áreas con baja vigilancia o puntos con escasa cobertura del sistema C5.

 

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Allí, la ilusión se rompía en segundos.

Grupos de entre cuatro y cinco hombres armados interceptaban a los compradores, quienes llegaban con efectivo.

En algunos casos hubo disparos.

Aunque no se registraron víctimas mortales, el impacto económico y emocional fue devastador.

La investigación comenzó siete meses antes, cuando la Unidad de Inteligencia Cibernética detectó patrones inusuales en denuncias dispersas.

“No era la cantidad, sino la coincidencia en los detalles”, explicó un analista.

A partir de perfiles, direcciones IP y números telefónicos, se reconstruyó una red con tres niveles: administradores digitales, células de asalto y colaboradores locales que identificaban zonas vulnerables.

El punto de quiebre ocurrió el 13 de abril en Atizapán de Zaragoza.

Una pareja acudió a comprar una camioneta anunciada en línea.

En medio del intento de asalto, uno de los compradores lanzó el dinero por encima de una barda.

El error de los delincuentes fue intentar recuperarlo entrando a una vivienda.

Vecinos alertaron a las autoridades y, en menos de 12 minutos, los sospechosos fueron detenidos.

 

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“Ese fue el momento clave”, reconoció un mando policial.

En su poder se encontraron armas, radios y tres teléfonos celulares.

Lo más relevante estaba en esos dispositivos: conversaciones activas con múltiples víctimas en distintas etapas del engaño.

“Había personas que estaban a horas de perder todo”, señaló un perito.

Gracias a esta información, dos transacciones fueron canceladas a tiempo.

El análisis forense de los teléfonos reveló la magnitud real de la operación.

Al menos 22 perfiles falsos estaban activos, operando en 12 municipios del Estado de México y seis alcaldías capitalinas.

Además, se identificaron tres centros de operación en Ecatepec y Naucalpan.

El 15 de abril, en operativos simultáneos, fueron detenidas nueve personas: administradores, coordinadores logísticos y proveedores de información territorial.

En los inmuebles intervenidos se aseguraron 16 teléfonos, 11 computadoras, 34 tarjetas SIM, dinero en efectivo y, sobre todo, tres cuadernos con registros detallados de 312 operaciones.

“Eso no era improvisación, era un sistema”, afirmó un investigador.

En esos cuadernos se documentaban montos, ubicaciones y observaciones sobre el comportamiento de las víctimas.

Incluso se anotaban estrategias para mantenerlas dentro del engaño.

 

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Uno de los hallazgos más inquietantes fue que 75 de esas operaciones nunca fueron denunciadas.

“La cifra negra es enorme”, admitió Harfuch.

“Cada denuncia que no se presenta es oxígeno para estas redes”.

Durante su declaración, el funcionario fue contundente: “Tenemos sus perfiles, tenemos sus teléfonos, tenemos sus cuadernos.

El siguiente operativo ya está en marcha”.

No fue una advertencia, sino una afirmación de continuidad.

El caso revela una transformación en el crimen urbano: menos visible, más digital y profundamente dependiente de la confianza de las víctimas.

Un modelo replicable que, según las autoridades, ya muestra indicios en otras ciudades del país.

La caída de esta red no solo representa un golpe operativo, sino una advertencia clara: el delito evoluciona, y la prevención depende tanto de la inteligencia institucional como de la cautela ciudadana.