La emoción verdadera de la especie humana es que cada generación
Francis Ford Coppola: “La emoción verdadera de la especie humana es que cada generación de niños pueda correr más rápido, saltar más alto”
🎬 Hay discursos que trascienden los premios y terminan convirtiéndose en auténticas declaraciones de principios.
Francis Ford Coppola dejó en España una reflexión sobre el cine, el futuro y las nuevas generaciones que sigue inspirando más de una década después.
Francis Ford Coppola protagonizó uno de los momentos más memorables de la ceremonia de entrega del Premio Princesa de Asturias de las Artes en 2015 con un discurso que trascendió el reconocimiento a su brillante trayectoria cinematográfica.
Lejos de centrarse en los éxitos que lo convirtieron en una de las grandes figuras del séptimo arte, el director estadounidense prefirió mirar hacia el futuro y reivindicar el cine como una disciplina artística en constante evolución, además de lanzar un mensaje de esperanza sobre el papel que desempeñarán las nuevas generaciones.
Ante el público reunido en el Teatro Campoamor de Oviedo, Coppola comenzó su intervención recordando el profundo vínculo que mantiene con España, un país que ha marcado algunos de los momentos más importantes de su carrera profesional.
“Me siento especialmente emocionado por el hecho de que hace casi 50 años, en el mismísimo comienzo de mi carrera en el cine, de nuevo en España, me concedieron el premio Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián en 1967.
Así que estos dos hitos definen mi carrera creativa, y siempre en España”, afirmó.
El cineasta explicó que, pese al paso del tiempo, conserva intacta la ilusión que lo impulsó cuando comenzó a dirigir películas siendo un joven realizador.
Lejos de considerar concluido su recorrido creativo, aseguró que continúa sintiendo la misma curiosidad por descubrir nuevas posibilidades expresivas dentro del lenguaje cinematográfico.

“Suspendido entre estas dos importantes ocasiones, me encuentro lleno de muchas de las mismas emociones y ambiciones que tenía entonces, a los 28 años.
Continúo deseando explorar las posibilidades futuras de esta forma absolutamente mágica de literatura: el cine”, expresó.
Uno de los mensajes centrales de su intervención fue la convicción de que el cine, pese a contar ya con más de un siglo de historia, sigue siendo un arte joven que todavía tiene un enorme margen para transformarse.
“Incluso ahora, el cine, con poco más de cien años de historia, está cambiando y evolucionando en direcciones que aún no se han revelado del todo ante nosotros, pero con las que deseamos experimentar“, señaló.
Para Coppola, cada nueva generación de cineastas aporta una mirada diferente capaz de ampliar los límites del medio audiovisual.
En este sentido, defendió la importancia del relevo generacional como motor del progreso artístico.
“Seguimos siendo pioneros del cine mientras empujamos hacia adelante, hacia un tiempo en que nuestros hijos y nietos hereden nuestro amado cine, y lo cambien más allá de lo que nosotros podamos imaginar“, afirmó.
Fue entonces cuando pronunció una de las frases más recordadas de toda la ceremonia, una reflexión que trascendía el ámbito cinematográfico para convertirse en una defensa del progreso humano.

“Esta es la emoción verdadera de la especie humana; que cada generación de niños pueda correr más rápidamente, saltar más alto, tocar instrumentos musicales con una excelencia técnica asombrosa y soñar con expresiones cinematográficas nuevas que ni siquiera podemos sospechar“, manifestó entre los aplausos del auditorio.
Sin embargo, su discurso no estuvo exento de una mirada crítica hacia la realidad de la industria audiovisual.
Coppola reconoció que el cine posee una enorme capacidad para influir en la sociedad, aunque lamentó que esa fuerza creativa siga condicionada por intereses económicos que, en su opinión, limitan parte de su potencial.
“¡Ojalá que fuera así! Pero, desafortunadamente, no ostento tal poder“, respondió al referirse a quienes creen que un director de prestigio puede resolver por sí solo los grandes problemas sociales y políticos.
El realizador profundizó en esa idea recurriendo a una potente metáfora para describir la situación actual del séptimo arte.
“Puede que un día sea capaz el cine de realizar tales milagros, pero, de momento, es como Prometeo, atado por las cadenas del ‘mercantilismo’, controlado y neutralizado en el nombre de los beneficios exentos de riesgo“, sostuvo.

En la parte final de su intervención, Coppola recurrió a una de las obras más universales de la literatura española para cerrar su mensaje con un tono de humildad.
Inspirándose en Don Quijote de la Mancha, aseguró sentirse más identificado con el fiel escudero que con el legendario caballero.
“Me presento ante ustedes, no tanto como el caballero de la figura triste, Don Quijote de La Mancha, sino más bien como su escudero Sancho, deseando solo no estar continuamente manteado y azotado por los extraños oponentes con que este amo mío sigue enredándose, sino simplemente cuidar de mi jumento y quizá tener una buena comida“, declaró.
Finalmente, concluyó su intervención con un sencillo agradecimiento: “Así que, humildemente, les doy las gracias“.
Más de una década después de aquella ceremonia, las palabras de Francis Ford Coppola continúan siendo recordadas como una de las intervenciones más inspiradoras pronunciadas en los Premios Princesa de Asturias.
Su discurso no solo reivindicó la capacidad del cine para reinventarse constantemente, sino que también defendió la creatividad, la innovación y la confianza en las futuras generaciones como el verdadero motor del progreso artístico y humano.
