“Se me ha olvidado el 90% de lo que me ha pasado y el 10% de lo que recuerdo, no pasó así
Isabel Allende: “Se me ha olvidado el 90% de lo que me ha pasado y el 10% de lo que recuerdo, no pasó así. Pero tengo más de 24.000 cartas que intercambié con mi madre”
📚💌 ¿Y si los recuerdos que guardas no fueran tan reales como crees? Isabel Allende hizo una confesión que ha sorprendido incluso a sus lectores más fieles.
Entre miles de cartas, un exilio y una novela que estuvo a punto de acabar en la basura, la escritora desvela la historia más íntima detrás de su memoria.
Descubre por qué esas cartas cambiaron su vida y dieron origen a una de las obras más importantes de la literatura en español.

Isabel Allende, una de las escritoras más influyentes de la literatura en español, ha vuelto a reflexionar sobre uno de los temas que ha marcado toda su obra: la memoria.
A sus 83 años, la autora chilena reconoció que los recuerdos son mucho más frágiles de lo que solemos imaginar y confesó que una parte importante de su pasado solo ha podido reconstruirla gracias a la inmensa correspondencia que mantuvo durante décadas con su madre, Francisca Llona Barros.
Durante una conversación en la que repasó su trayectoria vital y literaria, Allende explicó que el paso del tiempo transforma inevitablemente los recuerdos y que la memoria humana está lejos de ser un registro fiel de la realidad.
“Se me ha olvidado el 90 % de lo que me ha pasado y el 10 % que me acuerdo no pasó así”, afirmó con total sinceridad.
Para la escritora, esa sensación tiene una explicación muy personal.
Tras vivir en distintos países debido a las circunstancias políticas y familiares, considera que ha tenido pocos testigos permanentes de su propia vida.
“Para una persona como yo, que no tiene testigos de su vida, porque voy cambiando, es muy importante recordar”, expresó.
Sin embargo, existe un lugar donde, según ella, permanece intacta buena parte de esa historia: las miles de cartas intercambiadas con su madre a lo largo de varias décadas.
“Tengo 24.
000 cartas.
Ahí está todo.
Ahí está la memoria perdida.
”

Aquella correspondencia comenzó cuando Isabel era apenas una adolescente y continuó prácticamente a diario durante buena parte de sus vidas.
Con el paso de los años, ambas conservaron cuidadosamente las cartas recibidas y enviadas, formando un archivo excepcional que documenta no solo la evolución de su relación, sino también acontecimientos familiares, políticos y personales que atravesaron varias generaciones.
Allende ha explicado en diferentes ocasiones que esas cartas representan una especie de diario compartido, escrito a cuatro manos durante décadas.
Gracias a ellas puede comprobar cómo ocurrieron realmente muchos episodios que hoy su memoria recuerda de forma diferente.
La muerte de Francisca Llona Barros, en 2018, supuso el final de ese ritual cotidiano que había acompañado a la escritora durante casi toda su vida.
“Desde entonces no tengo a quién escribirle.
Y los días van pasando uno tras otro y se pierden en el olvido.
Eso es lo terrible con la memoria.
”
Esa preocupación por preservar el pasado no solo ha influido en su vida personal, sino que también está profundamente ligada al nacimiento de su carrera literaria.
La historia de La casa de los espíritus, publicada en 1982 y convertida en una de las novelas fundamentales de la literatura latinoamericana contemporánea, comenzó precisamente con una carta.

En enero de 1981, mientras vivía exiliada en Venezuela tras el golpe militar en Chile, recibió la noticia de que su abuelo, de 99 años, agonizaba en Santiago.
Incapaz de viajar para despedirse, decidió escribirle una larga carta espiritual.
“Comencé una carta para decirle que yo me acordaba de todo lo que él me había contado, todas las anécdotas familiares, la historia de la familia.
”
Aquella despedida fue creciendo día tras día hasta convertirse en un manuscrito de más de quinientas páginas.
“Al cabo de un año tenía quinientas y tantas páginas en el mesón de la cocina y esa fue mi primera novela, ‘La casa de los espíritus’.
”
La obra, construida a partir de recuerdos familiares, relatos transmitidos oralmente y personajes inspirados en su propia familia, terminó convirtiéndose en un fenómeno editorial internacional.
Con el paso de los años ha vendido decenas de millones de ejemplares y ha sido traducida a numerosos idiomas, además de inspirar adaptaciones cinematográficas y televisivas.

La escritora suele recordar con humor que apenas necesitó inventar personajes para aquella historia.
“Con una familia como la mía, no hay que inventar nada.
Son todos lunáticos, maravillosos.
”
No obstante, el manuscrito estuvo a punto de desaparecer antes incluso de llegar a una editorial.
En una entrevista posterior, Allende recordó que olvidó el voluminoso original en una peluquería de Caracas.
Cuando regresó a buscarlo, ya había sido arrojado a la basura.
“La habían tirado a la basura y tuve que meterme en el basurero de la calle para sacarla.
Allí estaba, intacta, burlándose de mí.
”
Aquella recuperación terminó siendo decisiva para la historia de la literatura hispanoamericana.
Allende también ha reconocido que escribir memorias resulta mucho más complejo que escribir ficción.

Mientras una novela permite transformar libremente la realidad, enfrentarse al propio pasado exige una búsqueda constante de la verdad.
“En la ficción puedo mentir todo lo que quiera.
Soy una gran mentirosa.
Pero en la memoria tienes que tratar de llegar a la verdad, y eso me cuesta mucho más.
”
Hoy, esas 24.000 cartas siguen siendo el archivo más valioso de su vida.
Para Isabel Allende representan mucho más que una correspondencia familiar: constituyen la prueba de que la memoria individual puede desdibujarse con el tiempo, pero también de que las palabras escritas son capaces de conservar aquello que los recuerdos, inevitablemente, terminan olvidando.