Escuchar estos relatos de primera mano es estremecedor y lo que intento transmitir es que esto no es un caso mediático cualquiera.

Es la vida real de mujeres que sufrieron abuso y mi trabajo como periodista es que se escuchen y se comprendan sus voces.

No estamos hablando de algo que pasó hace décadas, sino de hechos bastante recientes que ocurrieron hace apenas un par de años.

La historia nos llegó gracias a una fuente muy cercana al entorno de las trabajadoras en la casa de Julio Iglesias, un hombre que pudo ver con claridad lo que estaba pasando y entendió que se trataba de abusos y agresiones.

Él me dijo que las mujeres vivían en condiciones extremadamente duras, jornadas de 16 horas, presiones constantes y la obligación de acudir a su habitación por las noches para cumplir con demandas que no debían consentir.

Según él, muchas ni siquiera se atrevían a hablar porque no sabían a quién recurrir y la vida que llevaban allí era insoportable.

Cuando nos llega esa información, lo que pensamos en el diario es que tenemos la responsabilidad de darles una vía para que sus denuncias no queden en el olvido.

Por eso publicamos los testimonios de dos de ellas, una mujer dominicana y otra venezolana, trasladada a Punta Cana específicamente para trabajar allí.

Son mujeres que vienen de países donde la protección ante violencia sexual es limitada, donde denunciar puede ser incluso más difícil que soportar el abuso y sus relatos son escalofriantes.

Muestran como el poder y la fama pueden ser utilizados para manipular, presionar y silenciar a quienes deberían ser protegidas por la ley.

A veces en España pensamos que tenemos recursos, protección y leyes, pero imaginaos lo difícil que es para estas mujeres en países donde las garantías son mínimas, donde la justicia es lenta o incluso corrupta y donde él tiene poder, influencia y doble nacionalidad, lo que lo hace todavía más temido.

Por eso quiero celebrar que el periodismo puede abrirles una vía, un primer paso para que se escuchen sus denuncias y para demostrar que incluso los más poderosos pueden ser cuestionados.

Estas no son necesariamente las primeras mujeres que intentan hablar.

Algunas nos han contado que hubo compañeras antes que no encontraron la forma de hacerlo.

Pero al compartir su historia con nosotros y gracias a la valentía de la fuente que nos puso sobre la pista, estas mujeres pudieron dar el paso decisivo y presentar su denuncia que ya está en marcha.

No se trata solo de ellas.

Detrás de esto hay meses de investigación, entrevistas, revisión de documentos, contrastar información con el entorno de Julio Iglesias, que por supuesto niega todo y califica las acusaciones de falsedades.

Pero lo más importante es que finalmente hay testigos que confirman que algunas de estas denuncias reflejan la realidad y eso abre la posibilidad de justicia.

Tres años de trabajo nos han enseñado que detrás de cada denuncia hay historias de presión, miedo y abuso de poder, y que publicarlas no es solo informar, es ofrecer a estas mujeres una oportunidad para que se les escuche y para que nadie más quede impune.

Él no ha dado ninguna respuesta a nuestras preguntas, a pesar de que le hemos dado plazos muy generosos y nos hemos asegurado de que las recibiera.

las enviamos por correo a su abogado y hasta hemos ido personalmente a la puerta de sus casas en distintos países para entregarlas y lo único que hemos recibido es silencio absoluto, ni un no hago comentarios, ni una negación, ni siquiera una respuesta formal de su equipo legal, pero creo que el impacto de esta noticia no se va a poder eludir por mucho tiempo.

Las pruebas y los testimonios que hemos recabado muestran a dos mujeres en aquel momento muy jóvenes, vulnerables, provenientes de barrios humildes, trabajando como internas en sus mansiones hasta 16 horas al día, explotadas, seleccionadas por su apariencia, obligadas a enviar fotos antes de entrevistas, sin libertad para tener novios y sin poder salir durante semanas.

Esto coincide con patrones que vemos en redes de abuso y explotación y confío en que la justicia esté a la altura de una denuncia de esta magnitud.

La fiscalía ya tiene la denuncia en sus manos presentada el 5 de enero y estas mujeres están representadas por una organización internacional de derechos de las mujeres, Woman’s Link, que ha dado un paso fundamental para que se haga justicia.

Lo que me parece importante recalcar es que esto no es solo un titular.

Son vidas reales, vulnerables, que necesitan que se escuchen sus voces y que se actúe con responsabilidad.

Sí, es en la Audiencia Nacional donde recae esta denuncia y lo que hace básicamente es relatar hechos y señalar posibles delitos, aunque luego será la fiscalía quien determine si hay delito o no.

Pero lo importante es que las abogadas que llevan estos casos conocen muy bien la situación y han apuntado a delitos graves como la trata de personas con fines de trabajo forzado y servidumbre.

En nuestras entrevistas, varias de las mujeres nos han confesado que se sentían como esclavas, no solo por el sistema de control y abuso constante, sino también por detalles cotidianos que no son menores.

El uniforme que debían llevar, que en algunos casos recordaba a los de esclavas históricas, la vigilancia sobre su alimentación, incluso pesándolas para asegurarse de que no engordaban, porque supuestamente a él le gustaba que permanecieran delgadas.

También nos contaron que les quitaba el móvil sin previo aviso para revisar sus fotos, conversaciones de WhatsApp y contactos, porque él no confiaba en que siguieran las reglas de la casa, como no tener novios o no hacer fotos dentro de la mansión.

Una de ellas incluso me relató como en su habitación le pedía que se colocara ciertas bufandas de manera muy específica, como parte de un control que hoy resulta inquietante y extremadamente invasivo.

Todo esto nos muestra que detrás de la fama y el glamur hay una dinámica de poder y abuso que estas mujeres han sufrido en silencio y que por primera vez ahora puede ser visibilizada gracias a esta denuncia.

Cuando empecé a escuchar los relatos, lo que me contaban era estremecedor.

Una de ellas me dijo que para evitar ser tocada directamente tenía que fingir y cubrirse.

Mientras él se movía sin camiseta y en actitud intimidante, los límites eran constantemente ignorados y muchas veces las mujeres perdían la conciencia por el alcohol que les obligaban a consumir o la presión extrema a la que estaban sometidas.

Por eso lo que describen no es solo abuso sexual, sino un sistema de control absoluto, casi esclavitud, donde su trabajo doméstico se mezcla con el sometimiento físico y psicológico.

Cuando estas historias nos llegaron y después de las entrevistas, la reacción a la publicación de nuestra exclusiva fue, por supuesto, polarizada.

Siempre hay quienes cuestionan porque no resistieron o porque no se fueron.

Y eso es algo que nos explicaron con detalle.

Temían por su seguridad, tenían miedo de represalias y, además, la preocupación principal era que no las creyeran, que su palabra se pusiera en duda o que fueran identificadas y afectara sus vidas irreversiblemente.

Hay que pensar que estamos hablando del año 2021, en plena pandemia, en una villa cerrada de lujo en Puntacana, donde casi nadie podía entrar, donde ellas no podían salir ni comprar nada durante semanas, mientras los hombres y las jefas sí tenían libertad.

Esa sensación de estar encerradas combinada con una autoridad severa y agresiva ejercida por alguien con poder y fama internacional, generaba un entorno de control absoluto y miedo constante que marcaba cada aspecto de su día a día.

Se sienten completamente atenazadas, controladas en todos los aspectos de su vida.

No pueden levantar la voz ni contradecirlo porque él se enfada, grita y ha llegado a despedir a alguien por cualquier motivo, por haberse levantado mal, por no hacer algo a su gusto, incluso en plena pandemia.

El salario que reciben unos 25,000 pesos dominicanos al mes, que al cambio son unos 350 € puede parecer poco, pero allí es considerado un sueldo decente y muchas aceptan el trabajo, a pesar de que vivir internamente en sus mansiones significa dejar de ver a sus familias, perder su libertad y someterse a un control absoluto.

nos han contado que temen constantemente su furia, lo han visto en la intimidad y en espacios compartidos, y eso hace que normalicen abusos que de otra forma serían inaceptables.

Nos decían que él mismo les decía cosas como, “Te estoy enseñando”, y poco a poco empiezan a interiorizar que esa conducta es normal, como un trabajo psicológico que les hace aceptar situaciones de sometimiento físico y emocional.

Estamos hablando de un sistema donde el poder se mezcla con el abuso, donde las mujeres empiezan trabajando como personal doméstico y terminan siendo sometidas a dinámicas mucho más graves.

Hemos conversado también con las abogadas de Women’s Link que llevan la denuncia y ellas consideran que a pesar de que él tiene doble nacionalidad, los delitos son muy graves y la justicia española es la que debe actuar.

Por eso la denuncia se ha presentado ante la Audiencia Nacional.

Porque antes de todo esto, Julio Iglesias era un icono de España, un artista que ha marcado generaciones, pero detrás de esa fama hay historias de abuso y control que estas mujeres por fin han podido contar y que ahora empiezan a visibilizarse gracias al trabajo periodístico y a la vía judicial que se ha abierto.

No solo nuestros padres y abuelos, sino también nosotros hemos cantado y bailado canciones de Julio Iglesias.

es alguien que ha llevado el nombre de España por todo el mundo, ha tenido influencia política e incluso ha recibido a figuras como los Clinton en su villa de Punta Cana.

fue parte de la estrategia de marca España, trabajando con el Ministerio de Exteriores para representar al país internacionalmente.

Pero detrás de ese brillo y esa fama, ahora sabemos que hay historias muy duras de abuso y control hacia mujeres que trabajaban a su lado, sometidas a jornadas extremas, vigilancia constante y condiciones que rozan servidumbre.

Lo que esperamos ahora de la justicia española es que no se limite a leer titulares, que investigue, que presente querellas y que estas mujeres puedan obtener una justicia real y repadora.

Ellas ya confiaron en el periodismo como primera vía para ser escuchadas y yo confío en que ahora la fiscalía actúe con seriedad y responsabilidad porque esto no es solo un escándalo mediático, son vidas que merecen que se haga justicia.

Así que mi invitación final es esta, sigue nuestro trabajo, mantente informado y si quieres estar al tanto de todas las investigaciones y exclusivas que revelan la verdad detrás de estos casos, suscríbete al canal y activa la campanita.

No te pierdas nada, porque la información es poder y estas historias necesitan ser escuchadas.

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