UN MATRIMONIO MARCADO POR LA AMBICIÓN Y LA MUERTE: EL CASO QUE CONMOCIONÓ A ARIZONA

 

Former stripper Marjorie Orbin shot her husband Jay and cut up his body  with a jigsaw. | Criminal

 

 

El 8 de septiembre de 2004 debía ser un día de celebración para Jay Orbin.

Cumplía 45 años, tenía un negocio próspero y una familia que, en apariencia, representaba el sueño americano.

Sin embargo, esa fecha marcaría el inicio de una de las historias criminales más perturbadoras en Arizona.

Ese día, Jay desapareció sin dejar rastro.

Su esposa, Marjori Orbin, aseguró inicialmente que todo estaba bajo control.

“Está de viaje, ocupado con trabajo”, repetía a familiares preocupados.

Pero las inconsistencias comenzaron a surgir rápidamente, y lo que parecía una ausencia temporal pronto se transformó en una investigación por homicidio.

La historia entre ambos había comenzado años atrás en Las Vegas, donde Marjori trabajaba como bailarina exótica.

Jay quedó cautivado desde el primer momento.

“No era solo atracción, sentía algo real”, comentaría un allegado sobre los sentimientos del empresario.

A pesar de la ambición evidente de Marjori —quien buscaba fama, dinero y reconocimiento—, iniciaron una relación que, tras idas y vueltas, culminó en matrimonio.

La vida juntos en Phoenix parecía estable.

Marjori dejó su pasado atrás y se dedicó al hogar.

Tras un costoso tratamiento, lograron tener un hijo, Noah, consolidando la imagen de una familia feliz.

Sin embargo, tras esa fachada, la relación escondía tensiones, secretos y decisiones cuestionables.

Aunque legalmente se divorciaron en 1998, continuaron viviendo juntos, una situación que ella describía como “una estrategia fiscal”.

 

What She Wanted: The Plot to Kill Jay Orbin - Tiegrabber

 

 

Pero la realidad era otra.

Durante las ausencias de Jay por trabajo, Marjori mantenía relaciones con otros hombres.

Uno de ellos, Larry Weesberg, no solo frecuentaba la casa, sino que terminó instalándose en ella.

Este detalle resultó clave para los investigadores.

La desaparición de Jay encendió las alarmas cuando su madre, preocupada por la falta de contacto —algo inusual en él—, decidió presionar a Marjori.

Finalmente, el 22 de septiembre, ella reportó su desaparición, aunque con evidente desgano.

Su actitud levantó sospechas: no colaboraba, evitaba llamadas y, sorprendentemente, comenzó a gastar grandes sumas de dinero de las cuentas de su esposo.

“Su comportamiento no era el de una esposa preocupada”, señalaron los investigadores durante el proceso.

En pocos días, Marjori gastó cerca de 100.

000 dólares en compras personales, regalos y lujos.

El 23 de octubre de 2004, el caso dio un giro macabro.

Un indigente encontró un contenedor en el desierto a las afueras de Phoenix.

Dentro había restos humanos en avanzado estado de descomposición.

El análisis forense reveló una escena estremecedora: el cuerpo había sido desmembrado, congelado y posteriormente cortado con herramientas eléctricas.

Faltaban partes, incluida la cabeza.

El ADN confirmó lo peor: era Jay Orbin.

La investigación se centró inmediatamente en Marjori.

En su casa, la policía halló pruebas incriminatorias: tarjetas de crédito de Jay, registros de compras sospechosas —incluyendo contenedores y productos de limpieza— y restos de sangre en el garaje.

Además, cámaras de seguridad la captaron adquiriendo los materiales utilizados.

Según la fiscalía, Marjori esperó a Jay en el garaje el día de su cumpleaños.

Allí le disparó.

Luego, en un acto que evidenció frialdad y planificación, manipuló el cuerpo para ocultar el crimen.

“Fue un acto meticuloso, calculado y brutal”, afirmó uno de los fiscales.

 

Marjorie Orbin - IMDb

 

Durante el juicio, una testigo declaró que Marjori le había confesado el crimen con detalles escalofriantes.

“Le disparé, lo congelé y luego lo corté”, habría dicho.

Aunque ella se declaró inocente y optó por no testificar, las pruebas fueron contundentes.

La defensa intentó desviar la culpa hacia su amante, Larry Weesberg, sugiriendo que él había cometido el asesinato.

Sin embargo, su coartada fue verificada y quedó descartado como sospechoso.

Finalmente, el jurado declaró a Marjori culpable de asesinato en primer grado, robo y fraude.

Fue condenada a cadena perpetua.

Tras el juicio, en una entrevista, Marjori cambió su versión: “Larry lo hizo.

Yo solo lo ayudé porque lo amaba y me amenazó”.

Pero nadie creyó su relato.

Todas sus apelaciones fueron rechazadas.

Hoy cumple condena en una prisión estatal de Arizona, mientras el hijo de la pareja creció bajo la custodia de familiares de Jay.

Este caso dejó al descubierto una verdad inquietante: detrás de una vida aparentemente perfecta pueden esconderse motivaciones oscuras.

Como dijo uno de los investigadores: “Las apariencias engañan, pero la verdad siempre encuentra la forma de salir a la luz”.