En las trincheras más calientes de la guerra en Ucrania ya no solo se escucha ucraniano o ruso.

Cada vez es más común oír español.

Y no cualquier español: es el acento latino, especialmente colombiano.

Miles de kilómetros lejos de casa, hombres de Colombia están combatiendo en uno de los conflictos más brutales del siglo XXI.

Pero la pregunta que sacude al mundo es clara: ¿por qué están allí?

La respuesta no es simple.

Dinero, aventura, vocación militar y hasta heridas del pasado se mezclan en una historia que parece sacada de una película, pero que es completamente real.

En el frente de Kupiansk, una de las zonas más peligrosas, unidades de combate integradas por latinoamericanos luchan hombro a hombro con soldados ucranianos.

Drones rusos sobrevuelan el cielo buscando objetivos, mientras otros drones ucranianos intentan proteger a las tropas.

En medio de ese caos tecnológico y mortal, hay hombres que llegaron desde Bogotá, Medellín o Cali.

Uno de los comandantes ucranianos reconoce sin rodeos la importancia de estos combatientes extranjeros: “Están ayudando a llenar nuestras filas.

Sin ellos, sería mucho más difícil resistir”.

 

Colombianos en la guerra de Ucrania son los extranjeros que más han muerto  en combateDeath, glory and a soldier's stipend lures Colombians to Ukraine

Y no es exageración.

Algunos batallones están formados en gran parte por latinoamericanos, donde los colombianos representan el grupo más numeroso.

Pero, ¿qué los empuja a cruzar el océano para entrar en una guerra que no es la suya?

Para muchos, la respuesta comienza con el dinero.

En Colombia, incluso los soldados con experiencia enfrentan salarios bajos y pocas oportunidades tras dejar el ejército.

La alternativa más común: trabajar como guardias de seguridad o escoltas privados.

En cambio, en Ucrania, pueden ganar mucho más.

“Cuando escuché la oferta, no lo dudé”, dice Dairo, un exmilitar colombiano que dejó su país tras ocho años de servicio.

“Era la oportunidad que estaba esperando”.

Las brigadas ucranianas incluso cubren gastos como vuelos, alojamiento y trámites legales.

Lo que empezó como iniciativas individuales —soldados que pagaban su propio viaje— se convirtió en un sistema organizado para reclutar combatientes extranjeros.

Sin embargo, el dinero no es la única motivación.

Muchos hablan de una causa “noble”.

Ven la guerra como una defensa de un país invadido.

“Es como si alguien entrara a tu casa”, explica uno de ellos.

“Hay que defenderla”.

Colombian soldiers trade jungle combat for Ukraine's tech-driven war

Pero esa narrativa heroica choca con una realidad brutal.

No hay cifras oficiales, pero se estima que cientos de colombianos han muerto en Ucrania.

Uno de ellos fue Naidair, quien viajó en 2024 buscando un mejor futuro para su familia.

Murió meses después.

Su hermana, Sandra, recuerda el momento en que recibió la noticia.

“Cuando vi el código internacional de Ucrania en el teléfono, supe que algo había pasado”.

Su voz se quiebra al recordarlo.

El proceso para recuperar el cuerpo fue rápido.

En 45 días, sus cenizas estaban en Colombia.

Pero el dinero que había ganado… desapareció.

“Fui a Ucrania a reclamarlo.

Estuve siete meses.

El banco decía que no existía ninguna cuenta a su nombre”, cuenta Sandra.

Hoy vive con la incertidumbre de una compensación prometida de 300.

000 euros que aún no llega.

Historias como la suya revelan el otro lado de esta guerra: el caos administrativo, las promesas incumplidas y el costo emocional para las familias.

Carlos González, otro colombiano que logró regresar, lleva las cicatrices físicas y mentales del conflicto.

En 2024, un dron lanzó gas venenoso sobre su unidad.

Dos de sus compañeros murieron.

“Esto no es un juego”, dice.

“Es la guerra real”.

Pero su historia tiene un matiz más oscuro.

Carlos perdió a su padre en Colombia a manos de guerrillas y cree que países como Rusia apoyaron esos movimientos.

Para él, luchar en Ucrania es también una forma de ajustar cuentas con su propio pasado.

Esa conexión entre la violencia en Colombia y la guerra en Ucrania es clave.

Décadas de conflicto interno han creado una generación de hombres entrenados para la guerra, pero sin oportunidades reales en tiempos de paz.

Y eso los convierte en candidatos ideales para conflictos internacionales.

Sin embargo, hay un riesgo que preocupa a las autoridades: el conocimiento que adquieren en Ucrania, especialmente en el uso de drones, podría terminar en manos de grupos armados ilegales en América Latina