La madrugada del 10 de mayo dejó una de las noticias más delicadas para la seguridad pública en la Ciudad de México.

 

Siete policías activos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana fueron detenidos después de ser acusados de abuso de autoridad, robo y presuntas agresiones contra una joven pareja en la alcaldía Álvaro Obregón. Lo que comenzó como una aparente revisión rutinaria terminó convirtiéndose en un caso que hoy sacude a la corporación y abre nuevas preguntas sobre posibles redes de protección internas.

Todo ocurrió en la colonia Estado de Hidalgo, una zona tranquila durante el día, pero prácticamente desierta durante la madrugada. Según la investigación, tres patrullas oficiales llegaron simultáneamente a unas canchas de fútbol donde se encontraba una pareja de jóvenes. Los agentes descendieron de las unidades y realizaron una supuesta revisión que rápidamente se salió de control.

De acuerdo con las denuncias presentadas ante la Fiscalía, los policías habrían intimidado a las víctimas utilizando el peso del uniforme y la autoridad que representaban. La joven denunció tocamientos indebidos durante la revisión, mientras que al joven le habrían quitado dinero en efectivo y otras pertenencias personales. Entre los objetos recuperados posteriormente apareció el teléfono celular de la víctima, un detalle que ahora es considerado clave dentro del expediente.

 

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Lo que los implicados no imaginaron era que aquella zona acababa de recibir semanas antes una nueva cámara del sistema C2 Poniente. El dispositivo contaba con tecnología de video replay y resolución suficiente para identificar los números de las patrullas incluso a larga distancia. Esa cámara terminó convirtiéndose en la principal prueba de la investigación.

A las 2:47 de la madrugada se activó un botón de auxilio. La alerta llegó inmediatamente al Centro de Comando y Control, donde operadores comenzaron a revisar las cámaras cercanas. Fue entonces cuando aparecieron las tres patrullas estacionadas exactamente en el punto señalado por la denuncia. Las unidades quedaron registradas en imagen junto a los siete elementos uniformados.

Los números de identificación de las patrullas permitieron rastrear rápidamente a los agentes asignados al turno nocturno. Apenas minutos después, personal de Asuntos Internos ya seguía sus movimientos en silencio para evitar que escaparan. Las autoridades decidieron actuar sin sirenas ni alertas de radio abiertas para impedir que los sospechosos fueran advertidos.

El operativo de captura ocurrió menos de una hora después de la denuncia inicial. Los siete policías fueron retenidos, identificados y trasladados a la Fiscalía Central de Investigación para la Atención de Delitos contra la Libertad y Seguridad Sexual. Según fuentes internas, la víctima reconoció plenamente a todos los involucrados durante el procedimiento.

 

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Sin embargo, el aspecto más preocupante apareció después. Al revisar el historial de patrullaje de las unidades involucradas, investigadores detectaron que esas mismas patrullas ya habían sido reportadas anteriormente en la misma zona y bajo patrones similares. Existían inconsistencias en los recorridos oficiales, tiempos muertos y movimientos que no coincidían con los registros normales del sistema.

Eso cambió completamente el enfoque del caso.

La investigación ya no apunta únicamente a siete agentes detenidos. Ahora las autoridades intentan determinar si hubo supervisores, operadores o mandos que conocían el comportamiento de esas unidades y decidieron ignorarlo. El nombre del despachador que autorizó el recorrido de las patrullas durante esa madrugada se ha convertido en una de las piezas más importantes del expediente.

El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, reaccionó con rapidez. La postura oficial fue contundente: la corporación no protegerá a quienes traicionen el uniforme. Aunque el mensaje pareció dirigido a la opinión pública, dentro de la policía muchos interpretaron las declaraciones como una advertencia directa hacia quienes pudieran haber encubierto irregularidades.

 

Extorsionaban con patrulla, cuatro policías estatales son ...

La Fiscalía también analiza antecedentes disciplinarios de los siete detenidos. Si alguno había sido señalado previamente y nunca recibió sanciones, el escándalo podría escalar aún más alto dentro de la estructura de mando.

El caso recuerda otros episodios ocurridos años atrás en la capital mexicana, donde grupos de policías fueron acusados de operar de manera similar durante patrullajes nocturnos. La diferencia ahora es la rapidez con la que actuó el sistema de videovigilancia y la existencia de pruebas visuales prácticamente imposibles de negar.

Mientras tanto, la sociedad mexicana observa con preocupación. Para muchos ciudadanos, el uniforme debería representar protección y confianza. Por eso, cuando quienes tienen la obligación de cuidar a la población son acusados de convertirse en una amenaza, el golpe a la credibilidad institucional resulta enorme.

La investigación continúa abierta y las autoridades todavía deben responder una pregunta fundamental: ¿cómo fue posible que tres patrullas oficiales operaran durante semanas bajo sospechas sin que nadie actuara antes?

La respuesta podría revelar algo mucho más profundo que un simple abuso policial aislado.