Los cuervos pueden “contar” como los humanos?: qué dice la ciencia - Infobae

La inteligencia en el reino animal no apareció de una sola manera.

Surgió de formas distintas, en criaturas muy diferentes, cada una adaptándose a su entorno.

Algunas especies muestran una inteligencia simple, otra sorprendentemente compleja, pero entre todas ellas hay un ave que ha dejado a los científicos completamente desconcertados, el cuervo de Nueva Caledonia.

Durante años se sospechaba que era especial, pero nadie imaginaba hasta qué punto.

Todo cambió cuando un grupo de investigadores decidió analizar miles y miles de horas de grabaciones de cuervos usando sistemas avanzados de inteligencia artificial.

Esperaban encontrar patrones sencillos, llamadas de alarma, sonidos de comida, tal vez algunas señales sociales básicas, algo normal en el estudio de aves.

Pero lo que descubrieron fue tan extraño que parecía sacado de una historia de ciencia ficción.

La inteligencia artificial comenzó a detectar patrones extremadamente complejos en los ionidos.

No eran simples: gritos o ruidos aleatorios.

Había estructura, había contexto, había algo que parecía comunicación organizada.

Poco a poco el sistema empezó a clasificar los sonidos y relacionarlos con situaciones específicas, y cuanto más escuchaba la máquina, más inquietante se volvía el resultado.

Los cuervos no solo se comunicaban entre [música] ellos, también parecían hablar sobre nosotros, sí, sobre los humanos.

Durante siglos pensamos que nosotros éramos los observadores del planeta, que nosotros estudiábamos a los animales, pero estos descubrimientos sugieren algo muy distinto.

Los cuervos han estado observándonos, [música] también han estado aprendiendo de nosotros, analizando nuestros movimientos, recordando nuestras caras y, según algunas interpretaciones, incluso comentando nuestras acciones entre ellos.

Y lo más inquietante de todo es que probablemente ya tienes una reputación entre los cuervos de tu ciudad.

Puede sonar extraño, pero es real.

Estas aves pueden reconocer rostros humanos.

[música] Si alguien las molesta, pueden recordarlo durante años.

Y no solo eso, pueden comunicar esa información a otros cuervos.

Así que si alguna vez has ahuyentado a un cuervo, lanzado una piedra o destruido un nido, existe la posibilidad de que decenas o incluso cientos de cuervos lo sepan.

Hoy vamos a explorar ese mundo oculto.

Vamos a descubrir cómo funciona la mente de estas aves y qué podrían estar diciendo realmente sobre nosotros.

Pero antes de continuar, quiero invitarte a que te quedes hasta el final, porque lo que vamos a revelar se vuelve cada vez más sorprendente.

Si te interesa este tipo de historia sobre inteligencia animal, misterios de la naturaleza y descubrimientos científicos que cambian nuestra forma de ver el mundo, asegúrate de apoyar el contenido.

Y ahora sí, vamos a entrar en el extraño mundo de los cuervos.

Curiosamente, el famoso insulto cerebro de pájaro tal vez no sea un insulto en absoluto.

Antes de intentar entender lo que estas aves están diciendo, primero tenemos que entender qué tipo de animales son realmente.

Porque los cuervos no son pájaros comunes, son en muchos sentidos, algunos de los vecinos más inteligentes que compartimos en este planeta.

Los cuervos pertenecen a una familia de aves llamada Córbidos.

En esta familia también encontramos a los cuervos grandes, las surracas y los arrendajos.

Durante mucho tiempo, los científicos han observado que todos los miembros de esta familia tienen algo especial.

Son curiosos, juguetones, [música] traviesos y sorprendentemente inteligentes.

Algunos investigadores incluso los han llamado los simios con plumas.

Durante décadas la humanidad creyó que solo nosotros podíamos fabricar herramientas.

Era una de las características que definía nuestra inteligencia.

Pero todo cambió en el año 1960 cuando la famosa investigadora Jane W Good hizo un descubrimiento sorprendente mientras estudiaba chimpanés en África.

Observó que los chimpancés también fabricaban herramientas para conseguir comida.

Ese descubrimiento obligó a los científicos a vio replantearse lo que significaba ser inteligente.

Aún así, durante muchos años se siguió creyendo que las aves no podían tener una inteligencia avanzada.

Una de las razones era que el cerebro de las aves es diferente al de los mamíferos.

no tienen una estructura llamada corteza cerebral que en los humanos está asociada con el pensamiento complejo.

Por eso se asumía que los pájaros eran simples, pero investigaciones más recientes cambiaron completamente esa idea.

Los científicos descubrieron que las aves tienen otra región del cerebro llamada palio, que realiza muchas funciones similares a las de la corteza cerebral de los mamíferos.

En otras palabras, sus cerebros funcionan de manera diferente, pero pueden lograr resultados muy parecidos.

De hecho, cuando se compara el tamaño del cerebro de los cuervos con el tamaño de su cuerpo, se encuentra algo sorprendente.

Proporcionalmente sus cerebros son casi tan grandes como los de los chimpancés.

Y eso cambia todo, porque los cuervos no solo recuerdan cosas, también aprenden, resuelven problemas y transmiten conocimientos a las siguientes generaciones.

Es decir, tienen algo que se parece mucho a la cultura.

Un experimento famoso lo demostró de una manera impresionante.

En el año 2006, un biólogo llamado John Marsl, que estudiaba el comportamiento de los cuervos en la Universidad de Washington en Seattle, decidió realizar una prueba curiosa.

Quería saber si los cuervos podían reconocer a las personas que los habían capturado.

Para hacerlo, él y su equipo capturaron siete cuervos para estudiarlos temporalmente.

Pero los investigadores no querían que los pájaros identificaran a las personas por su rostro real, así que usaron máscaras.

Algunas máscaras representaban rostros amigables, mientras que otras representaban rostros peligrosos.

Cuando alimentaban a los cuervos o limpiaban sus jaulas, los investigadores usaban las máscaras amistosas, pero cuando capturaban a los cuervos para el experimento, usaban las máscaras peligrosas.

Después de capturarlos, los cuervos fueron anestesiados brevemente para estudiar su actividad cerebral mediante escaneos detallados similares a una resonancia magnética humana.

[música] Luego los liberaron nuevamente en el campus.

El experimento parecía terminado, pero lo más increíble ocurrió años después.

Un día, el investigador decidió volver al campus usando una de las máscaras peligrosas y entonces ocurrió algo extraordinario.

Los cuervos lo reconocieron.

De hecho, de los 53 cuervos que encontró ese día, 47 comenzaron a gritarle agresivamente.

Lo rodeaban, lo regañaban y volaban sobre su cabeza.

Pero aquí viene lo más sorprendente.

Los cuervos se comunican con gestos

Solo siete cuervos habían participado en el experimento original.

Eso significa que los otros cuervos habían aprendido la información de otros.

Los cuervos que nunca habían sido capturados sabían que esa máscara representaba peligro.

En otras palabras, la información se había transmitido socialmente.

Los cuervos no solo recuerdan rostros [música] humanos, también comparten esa información entre ellos.

Y eso es solo el comienzo.

Este descubrimiento abrió una pregunta enorme para los científicos.

Si los cuervos pueden reconocer rostros humanos y además transmitir esa información a otros cuervos, ¿qué más pueden compartir entre ellos? ¿Hasta qué punto llega su capacidad de aprender y enseñar? La respuesta comenzó a aparecer en otro experimento que se volvió muy famoso en el mundo de la ciencia.

En el año 2014, una investigadora llamada Sarah Gelbert de la Universidad de Auckland decidió estudiar algo muy específico.

Si los cuervos de Nueva Caledonia comprendían la relación entre causa y efecto.

Para ponerlo a prueba, diseñó un experimento inspirado en una antigua fábula atribuida a esopo.

En esa historia, un cuervo tiene sed y encuentra un recipiente con agua.

El problema es que el nivel del agua es demasiado bajo para alcanzarla con el pico.

Entonces, el cuervo comienza a dejar caer pequeñas piedras dentro del recipiente.

Poco a poco el nivel del agua sube hasta que finalmente puede beber.

Durante siglos esa historia se consideró solo una fábula, una simple metáfora sobre la inteligencia.

Pero los científicos querían saber si algo así podía ocurrir realmente.

Para comprobarlo, Gelbert utilizó tubos transparentes llenos de agua.

Dentro de cada tubo había un pequeño trozo de comida flotando.

Los cuervos podían verla, pero no podían alcanzarla directamente.

Cerca de los tubos había varias piedras.

Algunos tubos estaban diseñados de forma que si el cuervo dejaba caer piedras dentro, el nivel del agua subía y la comida se acercaba al borde.

Otros tubos, en cambio, estaban preparados, de manera que las piedras no producían ningún efecto útil.

La pregunta era simple.

¿Podrían los cuervos descubrir cuál era el tubo que funcionaba? Antes de realizar el experimento, los investigadores habían pasado semanas observando a estos cuervos en su entorno natural y lo que vieron ya era impresionante.

Los cuervos de Nueva Caledonia son conocidos por fabricar herramientas con una precisión sorprendente.

A menudo cortan pequeños palos rectos y luego utilizan su pico para tallar un gancho en la punta.

Con ese gancho pueden sacar larvas escondidas dentro de agujeros en la madera podrida.

Si intentaran pinchar la larva con un palo normal, esta simplemente se rompería, pero el gancho permite sacarla entera.

También fabrican herramientas usando hojas de una planta llamada pandanus.

El cuervo corta cuidadosamente el borde de la hoja y luego la rasga hacia arriba, creando una tira larga y estrecha con bordes dentados.

Esa tira funciona como un pequeño rastrillo que les permite sacar insectos escondidos debajo de las hojas del peta suelo.

Debido a estas habilidades naturales, los científicos sospechaban que estos cuervos no solo utilizaban herramientas por instinto, tal vez también comprendían por qué funcionaban.

Cuando comenzó el experimento de los tubos con agua, los resultados fueron sorprendentes.

Los cuervos elegían casi siempre los tubos que realmente permitían subir el nivel del agua.

Ignoraban los que no funcionaban.

Eso significa que no estaban actuando al azar.

Parecía que comprendían la relación entre las piedras, el agua [música] y la comida.

En otras palabras, no solo usaban herramientas, también entendían la lógica detrás de ellas.

Y mientras estos experimentos se realizaban en laboratorios, en otras partes del mundo, los cuervos mostraban habilidades igual de sorprendentes en plena naturaleza.

Por ejemplo, en algunas ciudades de Japón se observó un comportamiento increíble.

Los cuervos dejaban caer nueces duras sobre los pasos de peatones en los semáforos.

Esperaban a que los coches pasaran por encima y rompieran la cáscara.

Luego, cuando el semáforo cambiaba y los coches se detenían, los cuervos bajaban tranquilamente hasta recoger el fruto.

Era como si entendieran perfectamente el funcionamiento del tráfico.

Esto llevó a los científicos a pensar en algo aún más fascinante.

Los cuervos parecen capaces de razonar sobre lo que ocurrirá en el futuro.

Un cuervo puede mirar una situación complicada y pensar algo parecido a esto.

Si dejo caer este objeto aquí, sucederá aquello y entonces conseguiré comida.

Durante mucho tiempo ignoramos los sonidos de los cuervos como simple ruido de fondo.

Pero si un animal puede recordar rostros, resolver problemas y enseñar a otros, surge una pregunta inevitable.

¿Y si atin ni sus sonidos no son aleatorios? ¿Y si en realidad tienen estructura? ¿Y si lo que escuchamos cada día en los árboles es una forma de lenguaje que simplemente nunca supimos interpretar? Aquí es donde la inteligencia artificial volvió a Pant.

Entrar en la historia.

Los cuervos pueden “contar” como los humanos?: qué dice la ciencia - Infobae

La historia toma un giro aún más extraño cuando la inteligencia artificial comienza a analizar seriamente los sonidos de los cuervos.

[música] Durante décadas, los científicos habían grabado cantos de aves, pero la mayoría de esos estudios dependían del oído humano.

Los investigadores escuchaban los sonidos e intentaban clasificarlos según lo que creían que significaban: alarma, comida, contacto con otros miembros del grupo.

El problema es que el oído humano tiene límites.

Muchas diferencias de tono, ritmo o frecuencia simplemente pasan desapercibidas para nosotros, pero las máquinas no tienen ese problema.

Así que los investigadores decidieron hacer algo completamente nuevo.

Reunieron miles de horas de grabaciones de cuervos de distintas regiones de Norteamérica.

No solo grabaron los sonidos, también registraron todo el contexto en el que esos sonidos ocurrían.

Cada grabación estaba acompañada de información muy precisa que estaba haciendo el Atastic, cuervo en ese momento.

¿Cuántos otros cuervos estaban cerca? Si había depredadores en la zona, si había humanos presentes, incluso la hora exacta del día.

Era una base de datos enorme.

Luego, toda esa información fue introducida en un sistema de aprendizaje automático similar hasta a los que se utilizan para reconocer el habla humana.

Es la misma clase de tecnología que permite a los teléfonos entender cuando les hablamos o a los programas detectar voces en grabaciones.

Pero esta vez la máquina no escuchaba humanos, escuchaba cuervos.

Al principio los resultados fueron bastante previsibles.

El sistema comenzó a agrupar ciertos sonidos que aparecían en situaciones similares.

Algunas llamadas ocurrían siempre cuando aparecía un halcón, otras cuando los cuervos encontraban comida, otras cuando dos individuos simplemente mantenían contacto, pero después empezó a aparecer algo más.

Dentro de esos grupos de sonidos había pequeñas variaciones que parecían tener significado propio.

Cambios en la frecuencia, en la duración o en el orden de las notas.

Variaciones tan sutiles que los humanos nunca las habíamos notado.

Poco a poco la inteligencia artificial empezó a revelar algo que parecía una estructura más compleja.

No era simplemente ruido, había patrones, había combinaciones repetidas, había algo parecido a una gramática primitiva.

Uno de los primeros descubrimientos sorprendentes fue la frecuencia con la que los cuervos parecían referirse a los humanos.

En muchas grabaciones aparecían sonidos específicos cuando una persona entraba en el área, pero no siempre eran los mismos.

En algunos casos, las llamadas cambiaban dependiendo de quién era la persona.

Esto llevó a los investigadores a investigar más profundamente una serie particular de sonidos que aparecía repetidamente en una zona específica.

Para entenderlo mejor, los científicos comenzaron a llamar a ese patrón el patrón del sombrero rojo.

El motivo era simple.

Ese sonido aparecía cada vez que un hombre que solía caminar por el parque con una gorra roja entraba en el área.

Durante días, el sistema registró lo mismo.

Cada vez que ese hombre aparecía, algunos cuervos producían exactamente la misma secuencia de notas y cuando el hombre se iba, el sonido desaparecía.

Los científicos querían asegurarse de que no era coincidencia, así que realizaron una prueba.

Reprodujeron esa grabación a un grupo de cuervos que no habían estado presentes cuando el hombre aparecía.

Los investigadores querían ver si los cuervos reaccionaban.

La reacción fue inmediata.

Los cuervos comenzaron a emitir llamadas de alarma y a volar de forma agresiva, como si el hombre realmente estuviera allí.

Pero el hombre no estaba, solo estaba el sonido.

Esto sugería algo increíble.

Ese patrón de sonido parecía representar a una persona específica, no solo humano, sino ese humano.

Para algunos investigadores, este fue el primer indicio serio de que los cuervos podrían usar algo parecido a etiquetas vocales para identificar individuos, algo que en términos humanos se parecería mucho a un nombre.

Y si eso era cierto, entonces la comunicación de los cuervos era mucho más compleja de lo que se había pensado.

A partir de ese momento, los análisis de inteligencia artificial comenzaron a revelar otros detalles aún más sutiles.

Algunas llamadas parecían cambiar cuando un miembro del grupo moría.

Se detectaban tonos más bajos y pausados que aparecían durante reuniones alrededor del cuerpo de un cuervo muerto.

Otros sonidos aparecían cuando se compartía comida dentro del grupo y también se encontraron secuencias más rápidas y agudas durante lo que parecían discusiones entre individuos.

Era como si una televisión llena de interferencias comenzara lentamente a mostrar una imagen clara.

Una sociedad secreta estaba emergiendo poco a poco dentro de esos sonidos.

Un científico describió el descubrimiento con una frase que se volvió famosa.

Dijo que era como darse cuenta de que llevamos siglos viviendo al lado de otra civilización y solo ahora estamos empezando a escuchar sus conversaciones.

Pero entonces surgió una pregunta aún más incómoda.

Si los cuervos realmente hablan entre ellos sobre lo que ocurre a su alrededor, ¿qué dicen exactamente sobre nosotros? Cuando los investigadores comenzaron a profundizar en los patrones detectados por la inteligencia artificial, apareció algo inesperado.

Los humanos no eran simplemente una parte más del entorno para los cuervos.

En muchos casos parecían ser uno de los temas más frecuentes dentro de sus [música] llamadas.

Para los cuervos, los humanos eran algo así como parte del paisaje, pero también parte de sus noticias diarias.

Las máquinas empezaron a identificar ciertos tipos de llamadas que aparecían cuando una persona entraba en un territorio específico.

En algunos casos eran simples avisos.

Un humano se acercaba, pero en otras ocasiones el sonido cambiaba dependiendo de la historia que los cuervos tenían con esa persona.

Si un humano había intentado capturar a un cuervo, acercarse a un nido o lanzar objetos, las llamadas se volvían más intensas.

Parecían advertencias urgentes que se propagaban rápidamente entre los miembros del grupo, pero algo todavía más sorprendente apareció cuando los científicos observaron una situación muy concreta.

Un día, un hombre caminó por un parque llevando un palo largo en la mano.

En cuanto los cuervos lo vieron, uno de ellos emitió una llamada fuerte de alarma.

En cuestión de segundos, otros cuervos comenzaron a repetir la misma señal.

Era como si las noticias estuviera transmitiendo de árbol en árbol, pero más tarde ese mismo hombre regresó por el mismo camino, esta vez sin el palo.

Y algo curioso ocurrió.

Los cuervos no emitieron la misma alarma.

Esto hizo pensar a los investigadores que la señal no se refería únicamente a la persona, parecía referirse también a lo que esa persona estaba haciendo.

Es decir, los cuervos no solo reaccionaban ante la presencia de alguien, parecían interpretar sus intenciones.

La inteligencia artificial comenzó entonces a mapear estos sonidos en diferentes barrios y ciudades.

Al hacerlo, descubrió algo que sorprendió a muchos científicos.

Ciertas llamadas se propagaban entre grupos de cuervos a lo largo de grandes distancias, no en segundos como una señal eléctrica, por supuesto, pero sí a lo largo de horas o días, pasando de grupo en grupo.

Era como una red de comunicación natural.

Un cuervo detectaba un peligro, emitía una llamada, otros cuervos la escuchaban, la repetían y la información se extendía.

Si una persona había causado problemas en un lugar, era posible que los cuervos de zona cercarnas también terminaran sabiendo sobre ello.

Por eso, algunos investigadores bromean diciendo que si una vez molestaste a un cuervo, probablemente ya tienes mala fama, entre muchos más.

Sin embargo, no todas las noticias que comparten los cuervos son negativas.

Los análisis también encontraron señales asociadas con humanos que ofrecían comida regularmente o que protegían los nidos.

En algunos lugares del mundo, los cuervos incluso han sido observados dejando pequeños objetos brillantes cerca de las casas de personas que los alimentan.

Trozos de vidrio, papel metálico, cuentas de colores e incluso monedas.

No ocurre siempre, pero sucede con suficiente frecuencia como para que los científicos lo consideren algo más que coincidencia.

Algunos creen que podría ser una forma primitiva de intercambio o agradecimiento.

La inteligencia artificial encontró que estas zonas donde aparecían regalos coincidían con ciertos patrones de llamadas específicas entre los cuervos.

Tal vez dentro de su sistema de comunicación esos humanos eran identificados como aliados.

Y si eso es cierto, entonces significa que los cuervos no solo nos recuerdan, también nos evalúan, nos clasifican y comparten esas opiniones con otros.

Durante mucho tiempo creímos que éramos la única especie que analizaba a las demás criaturas del planeta.

Pero los datos se sugieren algo diferente.

Mientras nosotros observábamos a los cuervos, ellos también nos estaban estudiando.

Y gracias a la inteligencia artificial, por primera vez estamos empezando a escuchar una pequeña parte de esa conversación.

Pero la historia no termina ahí porque cuando los modelos de inteligencia artificial comenzaron a analizar niveles aún más profundos de las grabaciones, apareció algo que nadie esperaba.

Había ciertos grupos de sonidos que no parecían corresponder a comida, peligro, territorio ni humanos.

Eran diferentes, más [música] largos, más estructurados, casi como si fueran relatos.

Al principio los científicos pensaron que debía ser un error del sistema, tal vez ruido de fondo o grabaciones defectuosas, pero cuando compararon datos de diferentes regiones, descubrieron que esos mismos [música] patrones aparecían en lugares muy distantes, a veces con días de diferencia.