Jesús es un Sumo Sacerdote compasivo | Estudio de La Atalaya

Uno de los textos más honestos sobre este dilema se encuentra en el Salmo 73.

Allí, el autor describe una crisis de fe que lo llevó al borde del colapso espiritual.

Al observar el mundo, comenzó a notar algo que le parecía profundamente injusto.

Los malvados parecían prosperar sin obstáculos.

Tenían riqueza, salud y poder.

Vivían sin temor a las consecuencias de sus acciones.

Mientras tanto, quienes intentaban vivir con rectitud enfrentaban dificultades constantes.

El salmista llega incluso a confesar que casi pierde su fe al ver esta aparente injusticia.

Pero algo cambia cuando comienza a reflexionar desde una perspectiva espiritual más profunda.

Comprende que lo que estaba observando era solo una parte de la historia.

La prosperidad de los malvados era real, pero también era temporal.

Desde una perspectiva inmediata parecía que estaban firmes y seguros, pero en realidad su posición era frágil.

Su éxito estaba construido sobre una base que no podía durar para siempre.

La Biblia utiliza una imagen poderosa para explicar esto.

Los malvados pueden florecer como la hierba.

La hierba crece rápido.

Parece cubrir todo el campo.

Jesús enseña a los ancianos en el templo

Pero también se seca rápidamente cuando llega el momento adecuado.

Otra dimensión importante aparece en la enseñanza de Jesús conocida como la parábola del trigo y la cizaña.

En esta historia, un agricultor siembra buen trigo en su campo, pero durante la noche un enemigo siembra cizaña entre las plantas.

Cuando los trabajadores descubren el problema, quieren arrancar la cizaña inmediatamente.

Pero el dueño del campo responde de una manera inesperada.

Dice que no deben hacerlo todavía.

Si intentan arrancar la cizaña demasiado pronto, podrían dañar también el trigo.

En lugar de eso, ambos crecerán juntos hasta el momento de la cosecha.

La enseñanza es profunda.

En el mundo actual, el bien y el mal coexisten durante un tiempo.

La separación definitiva no ocurre inmediatamente.

Dios permite que ambos crezcan hasta el momento adecuado.

Esto no significa que Dios apruebe la maldad.

Significa que la historia humana está viviendo un periodo de paciencia divina.

Otro elemento clave aparece en el libro del profeta Habacuc.

Este profeta observaba la corrupción en su sociedad y le preguntó directamente a Dios por qué permitía tanta injusticia.

La respuesta que recibe revela un principio importante: el tiempo de Dios no funciona como el tiempo humano.

Las personas esperan justicia inmediata.

Si alguien hace el mal hoy, esperamos que enfrente consecuencias mañana.

Pero desde la perspectiva bíblica, Dios está trabajando dentro de una historia mucho más amplia.

Muchas veces lo que parece una victoria del mal es simplemente un capítulo temporal dentro de una narrativa mucho más grande.

También existe otra razón profunda que aparece en el Nuevo Testamento: la paciencia de Dios.

La segunda carta de Pedro explica que Dios no retrasa la justicia porque sea indiferente al mal.

La retrasa porque desea dar tiempo para el arrepentimiento.

Que deje lo que me impida acercarme a Ti Jesús y vaya en pos de Ti.

Cada día que pasa sin un juicio definitivo es, desde esta perspectiva, una oportunidad para que las personas cambien su camino.

Lo que algunos interpretan como demora de la justicia, la Biblia lo interpreta como extensión de la misericordia.

Pero esto no significa que la injusticia continuará para siempre.

La Biblia es clara al afirmar que llegará un momento en que todas las acciones serán evaluadas con perfecta justicia.

En ese momento, las aparentes victorias del mal serán reveladas como temporales.

Y muchas acciones de fidelidad que parecían insignificantes o invisibles adquirirán un significado eterno.

Por eso la sabiduría bíblica insiste en la perseverancia.

No porque ignore el sufrimiento o las injusticias del mundo, sino porque mira la historia desde un horizonte mucho más amplio.

Desde esa perspectiva, la pregunta no es si el mal parece ganar por un tiempo.

La verdadera pregunta es cómo terminará la historia.

Y según la narrativa bíblica, el desenlace final no pertenece a la injusticia.

Pertenece a la justicia.

Pertenece a la verdad.

Y pertenece a Dios.