Última publicación de Wilson Manyoma, fue homenaje y causó gran sorpresa

Wilson Manyoma nació el 30 de agosto de 1951 en el barrio Alameda de Cali, una ciudad donde la música siempre ha corrido por las venas de sus calles.

Desde pequeño su vida estuvo marcada por la ausencia de su padre y el esfuerzo incansable de su madre, quien luchó sola para sacar adelante a sus hijos.

Aquella infancia no fue fácil.

La familia terminó separándose y cada hermano tomó caminos distintos, viviendo con parientes diferentes.

Sin embargo, algo quedó grabado desde muy temprano en la vida de Wilson: la música.

Paradójicamente, fue su propio padre —guitarrista de oficio— quien lo acercó por primera vez a ese mundo, aunque su presencia en la vida del niño fue breve.

Wilson tenía apenas seis años cuando prácticamente dejó de verlo.

Durante su juventud, los estudios nunca lograron competir con la energía de la calle, el baile y las fiestas del barrio.

La música estaba en cada esquina de Cali y, sin darse cuenta, Wilson comenzó a formar parte de ese universo.

Su primer acercamiento profesional fue casi accidental.

Trabajaba como utilero en la agrupación La Sonora Juventud, encargándose de tareas simples, lejos de imaginar que algún día sería la voz principal de una orquesta.

Pero el destino tenía otros planes.

En 1972 ocurrió algo que cambiaría su vida para siempre.

El cantante principal faltó a una presentación y alguien le pidió a Wilson que lo reemplazara por esa noche.

Subió al escenario sin saber exactamente qué esperar.

Cuando terminó de cantar, la reacción del público fue inmediata.

Aquella voz cruda, cargada de calle y emoción, tenía algo especial.

Fue entonces cuando comenzó el verdadero camino.

Poco tiempo después apareció una oportunidad aún mayor: viajar a Medellín para presentarse a una audición con Discos Fuentes, uno de los sellos más importantes de la música tropical en Colombia.

La decisión no fue fácil.

Así era la relación entre Wilson Manyoma y Joe Arroyo

Su familia lo animó a intentarlo.

Si no funcionaba, siempre podría regresar.

Pero el destino ya estaba escrito.

En Medellín se cruzó con Julio Ernesto Estrada, el legendario Fruco, líder de la agrupación Fruco y sus Tesos.

Aquella reunión fue decisiva.

Fruco estaba buscando una voz que pudiera llenar un vacío importante dentro de la banda.

Wilson Manyoma no solo lo logró.

Lo hizo con un estilo tan propio que rápidamente se convirtió en una de las voces principales del grupo.

Junto a él también estaba otro joven talento que más tarde se convertiría en una leyenda de la música tropical: Joe Arroyo.

Entre Wilson y Joe nació una relación cercana, casi fraternal.

Compartían hoteles, viajes, ropa, zapatos y una vida intensa sobre los escenarios.

El público los veía como una dupla inseparable.

Pero incluso las amistades más fuertes pueden romperse.

La relación se fracturó por un episodio que parecía pequeño, pero que terminó generando una profunda herida.

Una mujer cercana a Joe Arroyo terminó saliendo a cenar con Wilson en una ocasión en la que Joe no estaba presente.

Según Manyoma, no hubo mala intención.

El verdadero problema fue que Joe se enteró por otra persona.

Cuando lo confrontó, la discusión fue dura.

La sensación de traición fue demasiado fuerte.

Aunque siguieron trabajando juntos por un tiempo, la relación nunca volvió a ser la misma.

Mientras tanto, la fama seguía creciendo.

En 1975 llegó el momento que cambiaría todo.

Una canción titulada El Preso apareció en el repertorio de Fruco y sus Tesos.

La letra, inspirada en la carta real de un colombiano encarcelado en Canadá, hablaba de soledad, arrepentimiento y desesperación.

Cuando Wilson Manyoma la interpretó en el estudio, ocurrió algo extraordinario.

Su voz transmitía tanto dolor que muchos creyeron que estaba contando su propia historia.

La canción se convirtió en un fenómeno internacional.

Sonó en América Latina, Europa y hasta en países donde la salsa apenas comenzaba a conocerse.

En lugares como Alemania e Italia, “El Preso” se convirtió en un símbolo de la música colombiana.

Pero mientras la fama crecía, la vida personal de Wilson comenzaba a desmoronarse.

Las giras interminables, el dinero fácil y el ambiente nocturno lo arrastraron a un mundo de excesos.

Durante una larga estancia en Lima, Perú, el entorno se volvió especialmente peligroso.

Alcohol, drogas y fiestas constantes se transformaron en rutina.

El dinero desaparecía tan rápido como llegaba.

Hubo momentos en los que Wilson perdió completamente la noción del tiempo.

Incluso llegó a abordar un avión sin recordar cómo había llegado allí, para terminar presentándose esa misma noche en un escenario.

Su cuerpo y su mente empezaban a pasar factura.

Con el tiempo, su deterioro físico se volvió evidente.

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La gente lo miraba en los pasillos con preocupación.

Ya no veían al poderoso cantante de “El Preso”, sino a un artista que parecía consumirse lentamente.

Un día alguien se lo dijo sin rodeos:

“¿Te has visto cómo estás?”

Aquella frase lo golpeó como una verdad imposible de ignorar.

El punto de quiebre llegó frente a un espejo en el lobby de un hotel.

Wilson se miró y por primera vez no reconoció al hombre que tenía enfrente.

Fue entonces cuando decidió cambiar.

El proceso no fue inmediato ni fácil.

Con ayuda de amigos cercanos y el apoyo firme de su madre, regresó a Cali y se alejó del ambiente que lo estaba destruyendo.

Durante meses permaneció prácticamente encerrado, reconstruyendo su vida paso a paso.

Fue un proceso duro, silencioso y lleno de momentos difíciles.

Pero funcionó.

Con el tiempo, Wilson Manyoma volvió a los escenarios.

Colaboró con agrupaciones como The Latin Brothers, La Sonora Dinamita y Afrosound, demostrando que su voz seguía intacta.

Más adelante formó su propia agrupación: Saoco.

Incluso décadas después de sus años más turbulentos, Manyoma seguía cantando, bailando y disfrutando de la música con la misma energía que lo había convertido en una estrella.

Hasta que, el 20 de febrero de 2025, el mundo de la salsa recibió una noticia devastadora.

Wilson Manyoma había fallecido en Cali a los 73 años.

El artista venía enfrentando varios problemas de salud, entre ellos cáncer de próstata y complicaciones derivadas de una caída reciente que le provocó un golpe en la cabeza.

Su estado se agravó en cuestión de días.

En la madrugada de aquel jueves fue encontrado sin vida en su casa.

La noticia sacudió al mundo salsero.

Desde Colombia hasta Perú, pasando por Europa, miles de fanáticos recordaron al hombre que había convertido una canción sobre la soledad en uno de los himnos más poderosos de la música latina.

Porque Wilson Manyoma no fue solo la voz de El Preso.

Fue una historia completa de caída, lucha, redención y legado.

Y mientras su música siga sonando en cada pista de baile, su voz seguirá viva en el corazón de la salsa.