El mayor mapa del universo realizado por el telescopio James Webb descubrió  800.000 galaxias - Infobae

Durante décadas, los astrónomos sospecharon que el universo contenía mucha más masa de la que podían ver.

Las pistas aparecieron primero en galaxias individuales.

Cuando se midieron las velocidades de las estrellas en los discos espirales, ocurrió algo extraño: las estrellas lejanas del centro se movían demasiado rápido.

Según la gravedad producida por la materia visible, esas estrellas deberían haber disminuido su velocidad al alejarse del núcleo.

Pero no lo hacían.

Las curvas de rotación permanecían casi planas.

Era como si una enorme estructura invisible rodeara cada galaxia.

Ese halo oscuro parecía extenderse mucho más allá de donde llegaba la luz.

El mismo problema surgió en escalas aún mayores.

En los cúmulos de galaxias, cientos o miles de galaxias orbitan dentro de un mismo sistema gravitatorio.

Sus velocidades eran tan altas que, con la masa visible disponible, el cúmulo debería haberse dispersado hace miles de millones de años.

Pero no lo hizo.

La conclusión se volvió inevitable: la mayor parte de la masa del universo no brilla.

Esa masa invisible recibió un nombre práctico: materia oscura.

Sin embargo, saber que existe no significa saber dónde está exactamente.

La materia oscura no puede fotografiarse directamente.

Los telescopios no captan su luz porque no emite ninguna.

La única forma de detectarla es observar cómo deforma el espacio.

Aquí entra en juego una de las ideas más profundas de la física moderna.

Un descubrimiento del telescopio James Webb reveló secretos sobre la  materia oscura presente en el universo - Infobae

Según la relatividad general de Einstein, la masa curva el espacio-tiempo.

Cuando la luz atraviesa regiones donde hay masa, su trayectoria se desvía ligeramente.

Si la masa es enorme y está perfectamente alineada, la luz puede formar arcos brillantes o incluso anillos completos alrededor de un cúmulo.

Ese fenómeno se llama lente gravitacional fuerte.

Pero la mayor parte del universo no produce efectos tan espectaculares.

En la mayoría de los casos, la distorsión es minúscula.

Las galaxias lejanas aparecen apenas estiradas, como si alguien hubiera deformado su imagen en una fracción de porcentaje.

A ese fenómeno se le llama lente gravitacional débil.

Una sola galaxia no revela el efecto.

Su forma natural ya es irregular.

El truco consiste en observar cientos de miles.

Cuando se analizan juntas, surge un patrón.

Las galaxias tienden a alinearse ligeramente en ciertas direcciones.

Ese alineamiento estadístico es la huella de la gravedad producida por masas invisibles situadas entre ellas y nosotros.

En términos simples, la luz de esas galaxias funciona como una sonda cósmica.

Viaja durante miles de millones de años atravesando el universo, y en su camino registra cada ondulación del espacio causada por la materia.

El resultado es extraordinario.

Al medir cuidadosamente la forma de cientos de miles de galaxias —en algunos casos con densidades cercanas a 129 galaxias por minuto de arco cuadrado— los científicos pueden reconstruir un mapa de la masa total presente en esa región del cielo.

Ese mapa no muestra estrellas.

Muestra gravedad.

Y lo que revela es una estructura sorprendente.

La materia oscura no está distribuida de manera uniforme.

Forma nudos densos donde nacen cúmulos de galaxias.

Desde esos nudos emergen filamentos gigantescos que conectan regiones distantes.

Entre ellos se abren vastos vacíos donde la densidad de materia es mucho menor.

El conjunto recuerda una red.

O una telaraña cósmica que se extiende por el universo.

Las galaxias visibles se forman sobre ese entramado, como gotas de luz atrapadas en los hilos invisibles de la gravedad.

Pero construir estos mapas no es sencillo.

La señal que se busca es extremadamente pequeña.

La distorsión típica en la forma de una galaxia es inferior al uno por ciento.

Además, los telescopios introducen su propia distorsión.

Las ópticas, los detectores y el desenfoque pueden alterar la forma de los objetos observados.

Si esos efectos no se corrigen cuidadosamente, podrían confundirse con señales gravitacionales reales.

Por eso el proceso requiere una calibración meticulosa.

Los astrónomos modelan la respuesta del instrumento, seleccionan galaxias cuya forma puede medirse con precisión y estiman sus distancias utilizando corrimientos al rojo fotométricos.

La distancia es crucial.

Si una galaxia está delante de la masa que produce la lente, su luz no contiene la señal.

Solo las galaxias que se encuentran detrás sirven como sondas del espacio curvado.

800.000 galaxias y 255 horas de observación: el telescopio James Webb  revela el mapa más detallado de la materia oscura - Vandal Random

Una vez separadas esas capas, el patrón de estiramientos se transforma matemáticamente en un mapa de densidad de masa.

Es como reconstruir el relieve de una montaña observando cómo se inclinan miles de briznas de hierba en el viento.

Con suficientes datos, el paisaje emerge.

Y ese paisaje revela algo profundo sobre el universo.

La materia ordinaria —estrellas, planetas, gas— representa apenas alrededor del cinco por ciento del contenido total del cosmos.

La materia oscura constituye cerca del veintisiete por ciento.

El resto corresponde a una misteriosa energía oscura asociada con la expansión acelerada del universo.

En otras palabras, casi todo lo que existe es invisible.

Los mapas de lente gravitacional ofrecen una de las pocas formas directas de estudiar esa parte oculta del cosmos.

Además, estos mapas permiten poner a prueba teorías cosmológicas.

Algunos análisis recientes sugieren que el universo podría estar ligeramente menos “grumoso” de lo que predicen ciertos modelos derivados del universo temprano.

Si esa diferencia se confirma, podría indicar nuevas propiedades de la materia oscura, cambios en la gravedad a gran escala o efectos complejos de la física del gas y las galaxias.

Por ahora, la evidencia sigue acumulándose.

Lo que sí está claro es que el universo no es simplemente un conjunto de islas luminosas flotando en la oscuridad.

Es una red gigantesca de gravedad invisible que guía la formación de galaxias y define la arquitectura del cosmos.

Cuando miramos una imagen profunda del cielo, vemos apenas la espuma brillante en la superficie.

Debajo, silenciosa e invisible, se extiende la verdadera estructura del universo.

Una red oscura que sostiene todo.