¡No es ciencia ficción! Científicos descubren planeta que orbita una  estrella en un sistema estelar triple – El Financiero

Una de las primeras cosas que puede hacer que un planeta sea extraño es su órbita.

En nuestro sistema solar, el planeta con el año más corto es Mercurio.

Completa una vuelta alrededor del Sol en 88 días terrestres.

Incluso ese valor ya resulta sorprendente si lo comparamos con la Tierra.

Pero fuera del sistema solar existen casos mucho más extremos.

Entre los exoplanetas conocidos hay mundos que completan una órbita en apenas unos pocos días.

Esto ocurre porque muchos de ellos se encuentran extremadamente cerca de sus estrellas.

La razón por la que conocemos tantos planetas con órbitas tan cortas está relacionada con cómo los detectamos.

Uno de los métodos principales consiste en observar el brillo de una estrella durante mucho tiempo y detectar pequeñas caídas de luz cuando un planeta pasa frente a ella.

Este método se llama método de tránsito.

Si un planeta tarda años en completar una órbita, los astrónomos necesitarían observar esa estrella durante décadas para confirmar su existencia.

En cambio, si el planeta orbita en pocos días, el patrón se repite rápidamente y puede confirmarse mucho antes.

Por eso muchos de los exoplanetas descubiertos tienen años increíblemente cortos.

Pero algunos rompen todos los récords.

El planeta K2-137b posee uno de los años más cortos conocidos: apenas 4,3 horas.

Es un planeta del tamaño de la Tierra que orbita tan cerca de su estrella que probablemente se encuentra dentro de las capas externas de su atmósfera.

Las fuerzas gravitacionales y el calor extremo acabarán destruyéndolo algún día.

En el extremo opuesto existen planetas con órbitas tan enormes que su “año” puede durar cerca de un millón de años.

Pero no todas las rarezas tienen que ver con el tiempo.

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Algunos planetas orbitan algo mucho más complejo que una sola estrella.

En nuestra galaxia, muchas estrellas forman sistemas binarios o incluso sistemas con tres o más estrellas.

En estas configuraciones, los planetas pueden tener dos, tres o incluso más soles en su cielo.

Uno de los ejemplos más famosos es Kepler-16b, descubierto en 2011.

Este planeta orbita dos estrellas que giran entre sí.

Desde su superficie —si pudiera observarse— el cielo mostraría dos soles moviéndose juntos, una escena muy similar al planeta Tatooine de Star Wars.

Pero los sistemas múltiples pueden ser aún más complejos.

En teoría, en un sistema con muchas estrellas podrían existir planetas que orbitan todo el conjunto.

Desde su superficie se verían varios soles diminutos brillando en el cielo al mismo tiempo.

Sin embargo, vivir en un planeta así probablemente sería muy difícil.

Las variaciones gravitacionales alterarían las estaciones, y las erupciones estelares podrían bombardear el planeta con radiación intensa.

Pero incluso estos mundos parecen relativamente normales comparados con otro tipo de planeta: los planetas errantes.

Estos objetos no orbitan ninguna estrella.

Son planetas que vagan solos por la galaxia, expulsados de sus sistemas durante los caóticos comienzos de la formación planetaria o quizá nacidos directamente a partir de nubes de gas que nunca llegaron a formar estrellas.

Los astrónomos creen que podría haber billones de planetas errantes solo en la Vía Láctea.

Detectarlos es extremadamente difícil, porque no reflejan luz de ninguna estrella cercana.

Sin embargo, existe una técnica extraordinaria llamada microlente gravitacional.

Cuando un objeto masivo pasa frente a una estrella distante, su gravedad curva la luz y la estrella parece brillar momentáneamente con mayor intensidad.

Analizando ese pequeño aumento de brillo, los científicos pueden inferir la existencia del objeto que causó la lente.

Así se han descubierto algunos de los primeros candidatos a planetas errantes.

En estos mundos la oscuridad sería absoluta.

Sin embargo, algunos científicos han propuesto que un planeta con una atmósfera rica en hidrógeno podría retener suficiente calor interno para mantener océanos líquidos bajo una capa de hielo, incluso sin una estrella.

Pero los planetas más extremos conocidos son los llamados Júpiter ultracalientes.

Uno de los más famosos es WASP-76b.

Este gigante gaseoso orbita tan cerca de su estrella que un lado del planeta está permanentemente expuesto al calor estelar mientras el otro permanece en oscuridad eterna.

Las temperaturas en el lado diurno alcanzan aproximadamente 2400 °C, suficiente para vaporizar metales.

En su atmósfera se ha detectado vapor de hierro.

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Los vientos transportan ese hierro vaporizado hacia el lado nocturno del planeta, donde se enfría y condensa en forma de lluvia de hierro fundido que cae en la atmósfera profunda.

Otro caso aún más extremo es KELT-9b, uno de los planetas más calientes jamás encontrados.

Su temperatura supera los 4300 °C, más caliente que muchas estrellas pequeñas.

La radiación de su estrella está evaporando lentamente su atmósfera, arrancando enormes cantidades de gas al espacio.

Pero quizás uno de los mundos más espectaculares sea un candidato llamado J1407b.

Este planeta podría poseer un sistema de anillos absolutamente gigantesco.

Mientras los anillos de Saturno son enormes comparados con nuestro planeta, los anillos de J1407b serían 40.

000 veces más grandes y podrían extenderse hasta una distancia comparable a la órbita de Venus alrededor del Sol.

Cuando este objeto pasó frente a su estrella, bloqueó hasta el 95% de su luz, algo imposible para un planeta normal.

Los astrónomos interpretaron ese patrón de oscuridad como la señal de un sistema de anillos colosal, posiblemente en proceso de formar lunas gigantes.

Sin embargo, todavía se debate si realmente se trata de un planeta o de otro tipo de objeto.

Y esa es quizá la lección más importante de todos estos descubrimientos.

Cada vez que los científicos encuentran nuevos exoplanetas, descubren que el universo es mucho más diverso de lo que imaginábamos.

Planetas con múltiples soles.

Mundos donde llueve metal.

Gigantes más calientes que estrellas.

Y planetas solitarios vagando eternamente por la galaxia.

Nuestro sistema solar, que alguna vez pensamos que era el modelo del cosmos, podría ser solo una pequeña y tranquila excepción en un universo lleno de maravillas extrañas.