La inteligencia artificial permite leer un pergamino carbonizado tras la  erupción del Vesubio

En el año 79 después de Cristo, el monte Vesubio no solo destruyó ciudades.

No solo borró Pompeya del mapa con una lluvia interminable de ceniza.

En Herculano, su golpe fue aún más brutal y silencioso.

Avalanchas de gas hirviente y barro volcánico descendieron como tormentas de fuego, sellando casas, calles y habitaciones enteras bajo una costra de roca endurecida.

Mesas puestas.

Puertas cerradas.

Comida abandonada.

Y, en una mansión frente al mar, una biblioteca completa quedó atrapada en una prisión de piedra.

Esa mansión era la legendaria Villa de los Papiros, un palacio romano tan extravagante que siglos después sería replicado como museo en California.

Se extendía cientos de metros a lo largo de la costa, con terrazas, columnas y esculturas bañadas por la brisa del Mediterráneo.

Pero su mayor tesoro no estaba a la vista.

En estanterías de madera descansaban cientos de rollos de papiro, textos filosóficos escritos a mano, pensamientos destinados a sobrevivir al tiempo… aunque nadie imaginó de qué forma lo harían.

Cuando el calor del Vesubio atravesó la villa, los pergaminos no ardieron como hojas secas.

Se cocinaron lentamente, privados de oxígeno, transformándose en cilindros negros y quebradizos.

Parecían carbón.

Durante siglos, eso fue exactamente lo que todos creyeron que eran.

Cuando Herculano comenzó a excavarse en el siglo XVIII, muchos rollos fueron tirados, quemados o destruidos sin saber su valor.

El giro llegó por accidente: uno cayó al suelo y se partió, revelando letras griegas en su interior.

De pronto, el “carbón” era una biblioteca.

Tres estudiantes descifran con Inteligencia Artificial los primeros pasajes  de un pergamino de 2.000 años carbonizado por el Vesubio

Pero leerla era otra historia.

Cuchillos, productos químicos, máquinas delicadas.

Cada intento por desenrollar los pergaminos terminaba en desastre.

Camillo Paderni raspó capas enteras, salvando fragmentos pero borrando para siempre palabras irrepetibles.

Antonio Piaggio introdujo una máquina lenta y casi tortuosa, capaz de avanzar menos de un centímetro por día.

Funcionó… a medias.

A principios del siglo XIX, el químico Humphry Davy usó cloro.

Algunas páginas se abrieron.

Al día siguiente, la tinta se había desvanecido.

El dilema era cruel: los pergaminos sobrevivían cerrados, pero morían al abrirse.

La pregunta quedó suspendida durante generaciones: ¿cómo leer palabras atrapadas en piedra?

La respuesta no vino de un papirologista clásico, sino de la física, los rayos X y la inteligencia artificial.

En el Reino Unido, el sincrotrón Diamond Light Source comenzó a escanear pergaminos intactos con haces de rayos X tan potentes que podían atravesarlos sin tocarlos.

No eran fotografías, sino miles de cortes digitales que creaban un modelo tridimensional completo del rollo, con cada pliegue preservado.

Aun así, había un problema fatal.

La tinta romana estaba hecha de carbono.

Exactamente lo mismo que el papiro carbonizado.

Para los rayos X, texto y página eran casi indistinguibles.

Las letras seguían invisibles.

Hasta que alguien notó algo extraño.

En 2023, un investigador observó una textura sutil, un “crujido” microscópico en ciertas zonas del pergamino.

No era ruido.

Aparecía justo donde debía haber tinta.

Esa pista cambió todo.

Se entrenaron modelos de inteligencia artificial con millones de ejemplos hasta que aprendieron a distinguir lo invisible para el ojo humano.

Donde antes había manchas, la IA comenzó a ver trazos.

Letras.

Palabras.

El proyecto se abrió al mundo con el llamado Desafío Vesubio.

Cualquiera podía participar.

El premio: decenas de miles de dólares.

Pergamino romano antiguo es descifrado con IA como parte del “Desafío  Vesubio” | WFLA

El objetivo: extraer texto real, verificable, desde un pergamino sellado.

En el otoño de 2023, un estudiante de informática de 21 años llamado Luke Farritor lo logró.

Desde su laptop, sin túnicas ni pinceles, hizo historia.

En su pantalla apareció la primera palabra jamás leída desde el interior de un pergamino sellado de Herculano.

Era griega.

Su significado, al traducirse, fue devastadoramente perfecto.

Púrpura.

No era una palabra cualquiera.

En Roma, el púrpura era poder absoluto.

El tinte más caro del mundo antiguo, reservado para emperadores y senadores, obtenido de miles de caracoles marinos.

Una palabra que hablaba de riqueza, autoridad y exclusividad.

Que esa fuera la primera voz del pergamino fue casi poético.

Semanas después, otro investigador replicó el hallazgo con mayor claridad.

No fue un error.

Fue una prueba.

El silencio de dos mil años se había roto.

Y no se detuvo ahí.

En febrero de 2024, tres jóvenes investigadores lograron extraer más de dos mil letras griegas, formando pasajes completos.

Ya no era una palabra.

Era una voz.

Un texto filosófico inédito, jamás leído por ojos humanos modernos.

Hablaba del placer, de la moderación, de cómo la abundancia puede apagar la emoción y cómo la escasez puede intensificarla.

Música.

Comida.

Sensaciones cotidianas.

Reflexiones sorprendentemente humanas.

El estilo apuntaba a Filodemo, filósofo epicúreo ligado directamente a la Villa de los Papiros.

Y en 2025, otro pergamino sellado confirmó lo impensable: apareció el título de una de sus obras y la marca del libro uno de una serie sobre los vicios humanos.

Por primera vez, no solo se leía un pergamino sellado.

Se nombraba a su autor desde dentro.

Hoy, cientos de rollos siguen cerrados, esperando.

Pero ya no están en silencio.

La inteligencia artificial ha demostrado que puede escuchar lo que el fuego no logró borrar.

Bajo metros de roca volcánica, la antigüedad sigue hablando.

Y apenas estamos empezando a entender lo que tiene que decir.