8 curiosidades sobre el cosmos

Durante siglos, la humanidad se preguntó si el universo siempre había existido o si tuvo un comienzo.

La respuesta comenzó a aparecer en el siglo XX gracias a un astrónomo llamado Edwin Hubble.

Observando el cielo desde el observatorio del Monte Wilson en California, Hubble descubrió algo revolucionario.

Aquellas “nubes” difusas que los telescopios mostraban no eran simples formaciones de gas dentro de nuestra galaxia.

En realidad eran otras galaxias completas, cada una con miles de millones de estrellas.

Pero el descubrimiento más impactante llegó después.

Las galaxias se estaban alejando unas de otras.

Cuanto más lejos estaban, más rápido parecían moverse.

Esto significaba algo extraordinario: el universo se estaba expandiendo.

Y si el universo se expande hoy, entonces en el pasado debió haber sido más pequeño.

Mucho más pequeño.

Retrocediendo en el tiempo, los científicos llegaron a una conclusión inevitable: todo el universo debió haber estado comprimido en un estado extremadamente denso y caliente.

Así nació la teoría del Big Bang.

Según este modelo, hace aproximadamente 13.800 millones de años todo el espacio, el tiempo y la energía del universo estaban concentrados en un estado extremadamente compacto llamado singularidad cósmica.

En algún momento, ese estado se volvió inestable.

Entonces ocurrió el Big Bang.

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No fue una explosión en el espacio.

Fue una expansión del propio espacio.

El universo comenzó a expandirse violentamente mientras se enfriaba.

En los primeros instantes aparecieron las partículas fundamentales llamadas quarks, que luego se combinaron para formar protones y neutrones.

Después surgieron los primeros átomos.

Millones de años más tarde, la gravedad reunió esos átomos en nubes gigantes de gas que finalmente dieron origen a las primeras estrellas y galaxias.

Así comenzó el cosmos que conocemos.

Pero incluso esta teoría increíblemente exitosa tiene problemas.

Uno de ellos es algo que desconcertó a los físicos durante décadas: el universo primitivo era extraordinariamente uniforme.

La materia estaba distribuida de forma muy pareja en todas direcciones.

Si el universo hubiera nacido simplemente como una explosión caótica, deberíamos observar grandes irregularidades.

Pero no es lo que vemos.

Para resolver este misterio, el físico Alan Guth propuso en los años 80 una idea revolucionaria: la inflación cósmica.

Según esta teoría, una fracción de segundo después del Big Bang el universo experimentó una expansión extremadamente rápida.

En un instante infinitesimal, el espacio se expandió muchísimo más rápido que la velocidad de la luz.

Este proceso habría alisado el universo, distribuyendo la materia de manera uniforme.

Hoy en día, la inflación es una de las teorías más aceptadas en cosmología.

Pero todavía deja una pregunta abierta.

¿Qué ocurrió antes del Big Bang?

Algunos científicos creen que el Big Bang no fue el comienzo absoluto.

Uno de ellos es el físico alemán Martin Bojowald.

Según su interpretación basada en la gravedad cuántica, la singularidad cósmica no puede surgir de la nada.

En su lugar, el universo podría comportarse como un sistema cíclico.

Imagina un globo inflándose.

Eso sería la expansión del universo.

Pero en algún momento, la expansión podría detenerse y comenzar el proceso inverso: una contracción.

El cosmos empezaría a encogerse lentamente hasta volver a un estado extremadamente denso.

Entonces ocurriría algo sorprendente.

Otro Big Bang.

En este modelo, cada universo nace del colapso del anterior.

El tiempo no tiene un comienzo absoluto.

Es un ciclo interminable de expansión y contracción.

Nuestro universo sería solo uno entre muchos que han existido antes… y que existirán después.

Pero hay teorías aún más extrañas.

Los físicos Neil Turok y Paul Steinhardt propusieron una idea basada en la teoría de cuerdas conocida como modelo ekpirótico.

En este escenario, nuestro universo no es todo lo que existe.

De hecho, podría ser solo una “membrana” —o brana— flotando en un espacio de dimensiones superiores.

En ese espacio podrían existir otras branas paralelas.

Cada una contendría su propio universo.

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Normalmente estas branas estarían separadas por una distancia microscópica en una dimensión extra invisible para nosotros.

Pero lentamente podrían acercarse entre sí.

Y cuando finalmente colisionan… ocurre algo extraordinario.

El choque libera una enorme cantidad de energía.

Ese evento sería lo que nosotros percibimos como un Big Bang.

Después de la colisión, las branas volverían a separarse.

El universo seguiría expandiéndose durante miles de millones de años hasta que eventualmente el proceso se repita.

En este escenario, el Big Bang no sería el inicio de todo.

Sería simplemente el resultado de un choque cósmico entre universos.

Estas ideas suenan casi como ciencia ficción.

Pero están basadas en algunas de las teorías matemáticas más avanzadas de la física moderna, incluyendo la teoría de cuerdas y la teoría M, que intentan describir la realidad en hasta 11

dimensiones.

Aun así, todas estas hipótesis tienen un problema fundamental.

Todavía no tenemos evidencia directa.

La cosmología moderna ha logrado explicar muchas cosas: la expansión del universo, la radiación de fondo cósmica, la formación de galaxias.

Pero cuando intentamos mirar más allá del Big Bang, entramos en un territorio donde la física aún no tiene respuestas definitivas.

Quizás algún día descubramos señales que nos indiquen si el universo tuvo un comienzo absoluto… o si forma parte de algo mucho más grande.

Tal vez descubramos que vivimos dentro de un ciclo eterno de universos.

O quizá que nuestro cosmos es solo una pequeña región dentro de un vasto multiverso.

Por ahora, lo único seguro es que la pregunta más grande de todas sigue abierta.

¿Cómo comenzó realmente todo?

Y la respuesta podría cambiar para siempre nuestra comprensión del cosmos.