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Rosalía Vila Tobella nació en Sant Esteve Sesrovires, un pequeño pueblo cerca de Barcelona donde la vida transcurría lejos de los focos y de cualquier sueño de fama internacional.

Su familia era trabajadora y sencilla.

No había artistas ni conexiones con el mundo musical.

Pero desde muy joven la música comenzó a convertirse en algo más que una afición.

Era casi una necesidad.

A los trece años escuchó por primera vez a Camarón de la Isla.

Ese momento, según ha contado en varias ocasiones, cambió completamente su vida.

No era solo la voz.

Era el dolor que transmitía cada nota.

Aquella intensidad despertó algo dentro de ella.

Desde entonces supo que quería dedicar su vida al arte.

Pero el camino no fue fácil.

Cuando tenía apenas quince años decidió presentarse al programa televisivo Tú sí que vales, con la esperanza de demostrar su talento ante el público.

El resultado fue un rotundo rechazo.

El jurado le dijo que no.

Para una adolescente llena de sueños, aquella experiencia fue devastadora.

Sin embargo, con el tiempo se convertiría en una de las primeras grandes lecciones de su vida artística.

Si quería llegar lejos, tendría que luchar mucho más de lo que imaginaba.

Rosalía posa por primera vez en una alfombra roja con su novio, Rauw  Alejandro | Vanity Fair

Poco después comenzó su formación en el Taller de Músics de Barcelona, donde pasó años perfeccionando su técnica vocal y estudiando flamenco con disciplina casi obsesiva.

Pero cuando parecía que todo avanzaba en la dirección correcta, ocurrió algo que casi termina con su carrera antes de empezar.

A los diecisiete años sufrió una grave lesión en las cuerdas vocales.

La operación fue necesaria, pero el diagnóstico fue brutal: un año completo sin poder cantar.

Para alguien cuya identidad estaba completamente ligada a su voz, aquel silencio fue una experiencia devastadora.

Durante ese periodo atravesó momentos de profunda tristeza y dudas sobre su futuro.

Sin embargo, también fue un tiempo de aprendizaje.

Sin poder cantar, se dedicó a estudiar teoría musical, analizar composiciones y absorber todo lo que pudiera enriquecer su visión artística.

Cuando finalmente recuperó la voz, algo había cambiado.

Ya no era la misma chica.

Era más fuerte, más consciente y más decidida.

Con el tiempo comenzó a cantar en pequeños escenarios: bodas, restaurantes, bares donde muchas veces nadie prestaba atención al escenario.

Algunas noches ganaba apenas 80 euros.

Otras veces solo recibía una cena como pago.

Pero cada actuación era una escuela.

Cada canción la acercaba un poco más a su verdadero camino.

Durante esos años también empezó a colaborar con otros músicos emergentes y a experimentar con sonidos que mezclaban flamenco tradicional con influencias urbanas.

Esa mezcla terminaría convirtiéndose en su sello.

En 2016 su vida dio un giro decisivo cuando conoció al productor Raül Refree.

Juntos comenzaron a trabajar en el proyecto que daría forma a su primer gran disco: Los Ángeles.

Pero ese mismo año ocurrió otro encuentro que marcaría su vida personal y artística de una manera mucho más intensa.

Conoció a Antón Álvarez, conocido como C.Tangana.

La conexión fue inmediata.

Ambos eran jóvenes, ambiciosos y profundamente creativos.

Su relación combinaba pasión artística y emocional en una mezcla explosiva.

Durante dos años fueron inseparables.

Escribían canciones juntos, se inspiraban mutuamente y compartían la visión de una nueva música que rompía las barreras entre géneros.

Su primera gran colaboración, Antes de morirme, fue un éxito que comenzó a llamar la atención de la industria.

Pero aquella relación intensa también estaba llena de tensiones.

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Mientras trabajaban en el álbum que terminaría cambiando su vida —El mal querer— su relación atravesaba momentos cada vez más complicados.

El disco, inspirado en una historia de amor tóxico, terminó convirtiéndose en una especie de espejo emocional de lo que ambos estaban viviendo.

Cuando Malamente fue lanzada en 2018, todo explotó.

La canción se volvió viral y Rosalía pasó de ser una artista emergente a convertirse en un fenómeno global.

Pero al mismo tiempo, su relación con C.

Tangana llegaba a su fin.

Mientras el mundo celebraba su éxito, ella atravesaba una ruptura emocional profunda.

Con el tiempo, ambos artistas dejaron pistas de aquel amor en sus canciones.

Indirectas, reproches y recuerdos quedaron grabados en letras que millones de personas escuchan sin conocer la historia completa.

Para Rosalía, aquella relación fue tan dolorosa como transformadora.

Fue el punto de partida de una etapa que la llevó a reinventarse, explorar nuevos sonidos y construir la identidad artística que hoy la define.

La fama llegó después, junto con giras internacionales, premios Grammy y colaboraciones con algunas de las figuras más grandes de la música global.

Pero como ella misma ha reconocido, el éxito no borra las heridas.

A veces simplemente las hace más visibles.

Y aunque el tiempo ha pasado y su vida ha seguido adelante, aquella historia sigue siendo una parte fundamental de su identidad artística.

Porque, como ella misma admite, de ese dolor nació la música que terminó cambiando su vida para siempre.