Hallan en Turquía una ciudad subterránea de unos 5.000 años de antigüedad -  Ciencia - ABC Color

El descubrimiento comenzó como muchos otros en Anatolia: una excavación rutinaria, un muro antiguo, una grieta en la roca.

Pero tras atravesar esa barrera de piedra, los arqueólogos se encontraron con algo que nadie esperaba.

No era una cueva natural.

Era una estructura deliberada, tallada con intención, con niveles, corredores y cámaras selladas que no habían sido tocadas desde la Edad de Bronce.

En Gordium, antigua capital frigia asociada al legendario rey Midas, un equipo abrió en junio de 2025 una cámara funeraria cuya última losa había permanecido intacta durante 28 siglos.

Dentro, el tiempo parecía haberse detenido.

Las vigas de madera seguían firmes, sin pudrición.

Vasijas de bronce colgaban todavía de los clavos originales.

No había señales de saqueo, animales ni filtraciones.

Todo estaba exactamente donde fue dejado.

Como si quienes sellaron la tumba hubieran conocido un método perfecto de preservación para la eternidad.

Pero Gordium fue solo el principio.

Bajo la ciudad de Midyat, en el sureste de Turquía, se está revelando algo aún más perturbador: una ciudad subterránea de casi 900.

000 metros cuadrados.

Más de 50 salas ya han sido abiertas y se han cartografiado al menos 120 metros de túneles.

Y aun así, los radares indican que solo se ha explorado una fracción mínima del complejo.

Todo apunta a que esto no era un refugio improvisado, sino una auténtica ciudad bajo tierra, diseñada para albergar comunidades enteras.

Las estructuras presentan puertas corredizas de piedra, sistemas de drenaje avanzados y conductos de ventilación que, de forma inquietante, aún funcionan tras casi tres mil años.

No hay improvisación en su diseño.

Antigua Cámara De Entierro Iluminada Con Velas, Un Sarcófago De Piedra  Descansa En Una Mística Sala De Piedra Tallada Con Intrinca Stock de  ilustración - Ilustración de piedra, antiguo: 385424225

Cada cámara está geométricamente calculada.

Las marcas en las paredes sugieren técnicas de tallado más sofisticadas de lo esperado para el siglo IX antes de Cristo.

Y entonces están las inscripciones.

En varias de estas cámaras han aparecido marcas casi invisibles, tan desgastadas que el ojo humano apenas puede percibirlas.

Para analizarlas, los investigadores están recurriendo a sistemas de inteligencia artificial como DeepScribe, desarrollado por la Universidad de Chicago, capaz de identificar escritura antigua con hasta un 80% de precisión incluso cuando está prácticamente borrada.

Los primeros resultados han encendido las alarmas: algunas de estas marcas no coinciden con ningún sistema de escritura conocido.

La posibilidad es explosiva.

Podrían tratarse de lenguas anteriores a los alfabetos oficialmente reconocidos.

Palabras escritas antes del inicio formal de la historia escrita.

Una sola frase completa podría obligar a reescribir la cronología del nacimiento de la civilización.

La conservación extrema de estos espacios abre otra puerta inquietante: el ADN.

En ambientes sellados como estos, el material genético puede sobrevivir intacto durante milenios.

Anatolia es, además, un punto clave en la migración humana desde África hacia Europa.

Estudios genéticos ya confirman que los antiguos agricultores de esta región son ancestros directos de gran parte de la población europea actual.

Pero ¿y si estas cámaras contienen restos humanos que no encajan en ninguna población conocida?

La historia ofrece un precedente.

En Denisova, Siberia, un solo diente y un fragmento óseo revelaron una rama humana completamente desconocida: los denisovanos.

No eran neandertales ni humanos modernos.

Eran otra cosa.

Una humanidad perdida.

Los complejos subterráneos de Turquía podrían albergar una revelación similar.

Las implicaciones no se detienen en la biología.

Los objetos hallados en Gordium no parecen simples ofrendas funerarias.

Muchos muestran signos de uso previo.

Su disposición sugiere rituales complejos, prácticas simbólicas que no encajan del todo con la iconografía frigia ni hitita.

Algunos símbolos grabados en bronce no corresponden a ningún patrón cultural claramente identificado.

Los arqueólogos están siendo cautelosos.

La ciudad subterránea que existió en secreto por miles de años debajo del  Valle del Amor de Turquía - BBC News Mundo

Las publicaciones se retrasan.

Las imágenes se dosifican.

En arqueología, el silencio suele acompañar a los hallazgos que no encajan bien en el relato establecido.

Ya ocurrió con el mecanismo de Anticitera, considerado durante décadas demasiado avanzado para su época.

La geología añade otra capa al misterio.

Turquía se asienta sobre una de las regiones sísmicamente más activas del planeta.

Las capas de ceniza volcánica han creado condiciones de conservación únicas.

Pero en algunas cámaras aparecen señales de calor extremo: roca parcialmente fundida, depósitos minerales anómalos.

Indicios de eventos catastróficos antiguos, quizá impactos o fenómenos solares extremos, que pudieron marcar profundamente la memoria colectiva.

Y aquí es donde mito y arqueología empiezan a superponerse de forma inquietante.

Las mitologías de Anatolia hablan de dioses que arrojaban fuego del cielo, de descensos al inframundo a través de puertas de piedra selladas, de ciudades ocultas bajo la tierra.

Derinkuyu, una ciudad subterránea cercana, podía albergar hasta 20.

000 personas y descender más de 80 metros bajo la superficie.

No eran escondites temporales.

Eran lugares para vivir durante generaciones.

Las religiones más influyentes del mundo tienen raíces en esta región.

Judaísmo, cristianismo e islam se desarrollaron en territorios atravesados por estas estructuras.

Si las cámaras selladas contienen textos o artefactos anteriores a las cronologías religiosas conocidas, el impacto cultural y teológico sería incalculable.

Hoy, sensores subterráneos y radar de penetración terrestre siguen detectando cavidades intactas bajo Anatolia.

Docenas, quizá cientos.

Cada una podría contener otra cápsula del tiempo, otro capítulo olvidado de nuestra historia.

La pregunta ya no es si existieron civilizaciones más avanzadas de lo que creíamos.

La pregunta es cuántas puertas más quedan por abrir… y si estamos preparados para aceptar lo que revelarán.