Lo que Lorne Greene escondía detrás de las cámaras de Bonanza dejó a todos sin palabras

La historia de Lorne Greene es mucho más que la de un actor que interpretó a un icónico patriarca en la televisión. Detrás de la figura imponente y serena de Ben Cartwright en Bonanza, existía un hombre con una vida marcada por la disciplina, la reinvención constante, el talento multifacético y una influencia que trascendió la pantalla. Su trayectoria, desde la radio en tiempos de guerra hasta el estrellato televisivo y la música, revela a una de las figuras más completas del entretenimiento del siglo XX.

Lorne Greene nació el 12 de febrero de 1915 en Ottawa, Canadá, en el seno de una familia de inmigrantes judíos provenientes del antiguo Imperio ruso. Su nombre original era Lyon Himan Green, aunque con el tiempo adoptaría la forma más conocida de Lorne Greene. Desde joven mostró interés por las artes, aunque inicialmente su destino parecía alejarse de la actuación. Estudió en la Queen’s University con la intención de convertirse en ingeniero químico, pero su participación en grupos teatrales universitarios cambió por completo su rumbo.

Su verdadera vocación emergió a través de la radio, medio en el que encontró una herramienta perfecta para su voz profunda y grave, que pronto se convertiría en su sello distintivo. Tras graduarse en 1937, se trasladó a Nueva York para formarse como actor en la Neighborhood Playhouse School of the Theatre, donde perfeccionó su técnica interpretativa. Sin embargo, el camino hacia el éxito no fue inmediato.

De regreso en Canadá, Greene se incorporó a la Canadian Broadcasting Corporation (CBC) en 1939 como locutor. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, su papel adquirió una relevancia especial: se convirtió en una de las voces más reconocibles de las noticias de guerra. Su tono serio y solemne le valió apodos como “la voz de la fatalidad”, ya que informaba diariamente sobre batallas, pérdidas y acontecimientos decisivos del conflicto. Esta etapa lo convirtió en una figura nacional en Canadá.

Durante esos años también participó en documentales de propaganda, incluyendo producciones premiadas como Churchill’s Island (1941), que ganó un Óscar al mejor cortometraje documental. Además de su labor como narrador, Greene demostró ser un innovador: diseñó un sistema de cronómetro regresivo para radio, una herramienta que ayudaba a los locutores a controlar con precisión el tiempo de emisión, anticipándose a las necesidades de la radiodifusión moderna.

Finalizada la guerra, su carrera evolucionó hacia la enseñanza y la formación artística. Fundó en Toronto una escuela de artes radiofónicas que formó a numerosos talentos del medio. Sin embargo, las dificultades económicas lo obligaron a cerrar el proyecto en 1952, momento en el que decidió dar un salto definitivo hacia Hollywood.

En Estados Unidos, Greene enfrentó un nuevo desafío: su poderosa voz, que en la radio había sido una ventaja, en la televisión y el cine lo encasilló en papeles de autoridad, líderes o figuras paternas. Aun así, su talento lo llevó a Broadway, donde interpretó a Otelo en 1953, y posteriormente a su debut cinematográfico en Hollywood.

El gran punto de inflexión llegó en 1959, cuando fue elegido para interpretar a Ben Cartwright en la serie Bonanza. El papel lo convirtió en una estrella internacional. La serie, una de las primeras producciones televisivas en color, narraba la vida de un viudo que criaba a sus tres hijos en el rancho Ponderosa. Greene aportó al personaje una mezcla de firmeza, calidez y autoridad moral que lo convirtió en una figura paternal para millones de espectadores.

Bonanza no solo fue un éxito de audiencia durante 14 temporadas, sino también un fenómeno cultural que abordó temas sociales poco comunes para la televisión de su época, como el racismo o los prejuicios sociales. Greene tuvo incluso influencia creativa en la serie, promoviendo historias más profundas y humanas, alejadas del simple western de acción.

Paralelamente, sorprendió al mundo musical con el éxito de la canción narrativa “Ringo” en 1964, que alcanzó el número uno en las listas de Billboard. Su voz, más que su canto, fue el elemento central de su éxito discográfico, lo que lo convirtió en uno de los pocos actores en lograr una carrera musical destacada.

Tras el final de Bonanza en 1973, Greene continuó trabajando en televisión y cine, aunque con resultados más modestos. Destaca su papel en Battlestar Galactica (1978), donde interpretó al comandante Adama, otro líder paternal en un contexto completamente distinto: la ciencia ficción. A pesar de su corta duración, la serie se convirtió en un clásico de culto.

Más allá de la actuación, Greene fue un hombre comprometido con causas sociales y ambientales. Apoyó la conservación de la naturaleza, colaboró con organizaciones benéficas y utilizó su fama para promover la igualdad y la protección de la vida silvestre. También fue mentor de actores como William Shatner, a quien ayudó en sus primeros pasos en la industria.

Su vida personal estuvo marcada por dos matrimonios y cuatro hijos. Aunque su primer matrimonio terminó en divorcio, su segundo, con Nancy Deale, lo acompañó hasta el final de su vida. Greene falleció el 11 de septiembre de 1987 a los 72 años debido a complicaciones tras una cirugía.

Su legado permanece vivo no solo en la historia de la televisión, sino también en la cultura popular. Recibió numerosos reconocimientos, incluida una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y la Orden de Canadá, uno de los más altos honores de su país natal.

Lorne Greene no fue únicamente el patriarca de Bonanza. Fue una voz que marcó una época, un innovador silencioso, un artista versátil y una figura que supo trascender los límites de la pantalla para dejar una huella profunda en la cultura del entretenimiento mundial.