El PRO y la UCR le sueltan la mano a Adorni: “Hay unanimidad en que no tiene que estar más en el Gobierno”
La crisis que rodea al jefe de Gabinete ya no preocupa solo a la oposición: los principales aliados de Javier Milei comenzaron a exigir su salida y el respaldo político que lo protegía empieza a desmoronarse
Durante meses, Manuel Adorni fue considerado una de las figuras más sólidas dentro del círculo de confianza de Javier Milei. Desde su llegada al Gobierno, se convirtió en uno de los principales voceros del proyecto libertario y más tarde asumió responsabilidades aún mayores dentro de la administración nacional.
Sin embargo, la situación cambió de manera drástica.
Lo que comenzó como cuestionamientos sobre su patrimonio y sus declaraciones juradas terminó convirtiéndose en una crisis política que amenaza con golpear el corazón mismo del Gobierno.
Y lo más preocupante para la Casa Rosada es que las críticas ya no provienen únicamente de la oposición.
Ahora llegan desde los sectores que hasta hace poco funcionaban como aliados fundamentales del oficialismo.
El PRO.
La Unión Cívica Radical.
Y otros espacios que acompañaron numerosas iniciativas del Gobierno en el Congreso.
Todos comenzaron a tomar distancia.
Todos empezaron a enviar el mismo mensaje.
Y el mensaje es contundente: Adorni ya no puede continuar en su cargo.
La tensión creció de manera acelerada durante las últimas semanas.
Las explicaciones ofrecidas por el jefe de Gabinete respecto de las inconsistencias detectadas en sus declaraciones patrimoniales no lograron calmar la polémica.
Por el contrario.
Cada nueva aclaración pareció generar más preguntas que respuestas.
Y a medida que avanzaban las investigaciones y las discusiones públicas, comenzaron a aparecer señales de incomodidad entre quienes hasta hace poco evitaban confrontar con el Gobierno.
Uno de los primeros golpes llegó desde el PRO.
El partido liderado por Mauricio Macri difundió un duro posicionamiento en el que calificó la situación como una “falta grave” y cuestionó con firmeza las contradicciones del funcionario. Según el espacio, resulta inaceptable que un integrante del gabinete afirme ante el Congreso que no existió ocultamiento patrimonial y posteriormente admita lo contrario.
Las críticas no quedaron allí.
Dirigentes cercanos al macrismo comenzaron a manifestar públicamente que la permanencia de Adorni representa un problema político para el propio proceso de cambio que el Gobierno asegura impulsar.
Incluso algunos referentes sostuvieron que defender al funcionario implica dañar la credibilidad de una gestión que llegó al poder prometiendo transparencia y una ruptura con las prácticas de la política tradicional.
La frase que más resonó dentro del espacio fue clara.
“Apoyamos el cambio, no a un gobierno”.
Una declaración que dejó en evidencia el creciente distanciamiento entre el PRO y la administración de Milei.
Pero si la posición del macrismo generó ruido, la reacción de la UCR terminó de encender todas las alarmas.
El radicalismo difundió un comunicado especialmente duro en el que acusó a Adorni de haber faltado a la verdad frente al Congreso y cuestionó su capacidad para continuar ejerciendo una de las funciones más importantes del Estado.
“Quien le miente al Congreso no está en condiciones de conducir el Estado”, señalaron desde el partido.
La declaración tuvo un enorme impacto político.
No solo por la contundencia del mensaje.
También porque provino de un espacio que, en numerosas oportunidades, colaboró con el oficialismo para garantizar gobernabilidad parlamentaria.
La crítica radical dejó en evidencia que el caso dejó de ser una controversia aislada para transformarse en una cuestión institucional.
Y eso modificó por completo el escenario.
La presión aumentó aún más cuando dirigentes de otros sectores comenzaron a sumarse a los pedidos de renuncia.
Entre ellos apareció Juan Schiaretti, quien sostuvo públicamente que Adorni “no puede seguir siendo jefe de Gabinete” y cuestionó severamente las explicaciones brindadas por el funcionario.
Mientras tanto, en el Congreso comenzaron a tomar fuerza distintas iniciativas impulsadas por la oposición para interpelarlo e incluso avanzar hacia mecanismos institucionales que podrían derivar en su desplazamiento.
Aunque por ahora esas iniciativas enfrentan obstáculos parlamentarios importantes, el dato político es otro.
La soledad creciente del funcionario.
Porque incluso aquellos sectores que anteriormente lo protegieron empiezan a mostrar señales de cansancio.
La situación genera una incógnita central.
¿Qué hará Javier Milei?
Hasta el momento, el Presidente mantiene públicamente su respaldo a Adorni.
No hay señales concretas de que esté dispuesto a pedirle la renuncia.
Y desde el entorno presidencial insisten en que el funcionario continuará en su cargo mientras no exista una resolución judicial que determine responsabilidades.
Sin embargo, la presión política no deja de crecer.
Cada comunicado.
Cada declaración.
Cada nuevo cuestionamiento de los aliados aumenta el costo de sostenerlo.
Y dentro del oficialismo comienzan a aparecer voces que observan con preocupación el impacto que el escándalo puede tener sobre la imagen del Gobierno.
Especialmente en un momento donde la administración necesita recuperar la iniciativa política y concentrarse en la agenda económica.
Algunos dirigentes del PRO incluso advirtieron que el caso ya afecta el funcionamiento normal del Gobierno y consume tiempo, energía y recursos que deberían estar destinados a la gestión.
La preocupación no se limita únicamente a la cuestión institucional.
También existe temor por las consecuencias electorales.
Varios analistas coinciden en que uno de los activos más importantes de Milei fue siempre su discurso contra los privilegios y la corrupción.
Por eso, cualquier episodio que genere dudas sobre la conducta de un funcionario de máxima confianza tiene un impacto especialmente sensible sobre su base de apoyo.
Mientras tanto, el debate continúa creciendo en medios, redes sociales y ámbitos políticos.
Incluso en foros y comunidades digitales se multiplican las discusiones sobre el futuro del jefe de Gabinete y las posibilidades reales de que el Congreso avance con mecanismos de control institucional.
Por ahora, Manuel Adorni sigue ocupando su despacho.
Javier Milei mantiene su respaldo.
Y la Casa Rosada intenta contener una crisis que ya dejó de ser exclusivamente judicial o administrativa.
Pero algo parece haber cambiado definitivamente.
El PRO ya no lo defiende.
La UCR tomó distancia.
Los aliados comenzaron a soltarle la mano.
Y por primera vez desde que estalló el escándalo, la continuidad de Adorni dentro del Gobierno dejó de parecer una certeza.
La pregunta que domina la política argentina ya no es si la polémica afectará al funcionario.
La verdadera pregunta es cuánto tiempo más podrá resistir en el cargo mientras quienes antes lo respaldaban ahora piden abiertamente su salida.