Una noche de recreación terminó convertida en escena del crimen: el asesinato que estremeció uno de los lugares más emblemáticos de Barranquilla
Asesinan a alias ‘El Negro Sosa’ en el Malecón del Río de Barranquilla: autoridades investigan un posible ajuste de cuentas
El Gran Malecón del Río suele ser uno de los espacios más concurridos de Barranquilla. Cada noche, cientos de familias, turistas, deportistas y grupos de amigos recorren sus senderos para disfrutar de la brisa del río Magdalena, la gastronomía y el ambiente que ha convertido este lugar en uno de los principales atractivos de la ciudad. Sin embargo, la tranquilidad que caracteriza este escenario cambió abruptamente la noche del domingo 28 de junio, cuando una ráfaga de disparos sembró el pánico entre decenas de personas y dejó al descubierto una escena que hoy es objeto de una compleja investigación judicial.
Eran aproximadamente las 11:20 de la noche cuando la rutina del Malecón fue interrumpida por un ataque armado ejecutado con una precisión que, según los investigadores, no dejó espacio para la improvisación. En medio de visitantes que compartían con sus familias y disfrutaban de las últimas horas del fin de semana, un hombre fue interceptado por sicarios que llegaron hasta el lugar en motocicletas y abrieron fuego en repetidas ocasiones antes de escapar a toda velocidad.
La víctima fue identificada por las autoridades como Jhony Ernesto Pérez Soza, de 32 años, conocido con el alias de “El Negro Sosa”.
Los disparos provocaron escenas de pánico. Muchas personas corrieron buscando refugio detrás de las estructuras del Malecón, mientras otras intentaban comprender qué acababa de ocurrir. Algunos testigos relataron que todo sucedió en cuestión de segundos: los atacantes llegaron, dispararon repetidamente contra su objetivo y huyeron antes de que pudiera producirse cualquier reacción.
Cuando el silencio regresó al lugar, Jhony Ernesto Pérez Soza permanecía tendido sobre el pavimento.
Los equipos de emergencia y las patrullas de la Policía Metropolitana llegaron pocos minutos después, pero ya no había nada que pudiera hacerse por la víctima. Los impactos de bala le ocasionaron heridas incompatibles con la vida y su fallecimiento fue confirmado en el sitio de los hechos.
A partir de ese momento comenzó una carrera contrarreloj para reconstruir lo sucedido.
Funcionarios del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía acordonaron el área mientras especialistas en criminalística iniciaban la inspección técnica del cadáver y la recolección de evidencias. Sobre el piso quedaron múltiples vainillas calibre 9 milímetros, un elemento que evidenció la intensidad del ataque.
De acuerdo con la información oficial, los peritos recuperaron 14 vainillas, una cantidad que refuerza la hipótesis de que los agresores actuaron con la intención de asegurar la muerte de su objetivo y no dejar margen para su supervivencia.
Mientras avanzaban las labores forenses, los investigadores comenzaron a revisar el perfil de la víctima.
Según la Policía Metropolitana de Barranquilla, Pérez Soza registraba varias anotaciones en el Sistema Penal Oral Acusatorio (SPOA). Entre los antecedentes mencionados por las autoridades figuran investigaciones relacionadas con concierto para delinquir agravado, tráfico de estupefacientes, extorsión, lesiones personales y violencia contra servidor público.
Los archivos oficiales también indican que en 2019 fue capturado por unidades de la DIJÍN como presunto integrante del grupo delincuencial conocido como Los Papalópez, una organización señalada de participar en actividades de extorsión, microtráfico y otros delitos en Barranquilla.
Sin embargo, los investigadores aclaran que esos antecedentes, por sí solos, no permiten establecer quién ordenó el homicidio ni constituyen una prueba sobre el móvil del crimen. Por esa razón, todas las hipótesis permanecen abiertas mientras continúan las diligencias judiciales.
Dentro de las líneas de investigación también aparece la actividad económica que, según las autoridades, desarrollaba actualmente la víctima.
Los primeros reportes señalan que Jhony Ernesto Pérez Soza se dedicaba al préstamo informal de dinero mediante la modalidad conocida como “cobradiario”, administrando rutas de recaudo en el barrio La Luz, al suroriente de Barranquilla.
Precisamente esa información hace parte de los elementos que ahora analizan los investigadores para establecer si existe alguna relación entre dicha actividad y el atentado ocurrido en el Malecón. Hasta el momento no existe una conclusión definitiva y las autoridades mantienen absoluta reserva sobre los avances del proceso.
La principal hipótesis manejada por los organismos de investigación apunta a un posible ajuste de cuentas.
No obstante, los funcionarios insisten en que esa teoría deberá ser sustentada mediante evidencia técnica, testimonios y demás elementos materiales probatorios. Ninguna persona ha sido capturada y tampoco se han formulado imputaciones relacionadas con el homicidio.
Uno de los aspectos que concentra mayor atención es el amplio sistema de videovigilancia instalado en el Gran Malecón.
Las cámaras de seguridad podrían convertirse en la principal herramienta para reconstruir los movimientos de los atacantes antes y después del crimen. Los investigadores analizan cada grabación disponible con el propósito de establecer la ruta utilizada por las motocicletas, identificar posibles vehículos de apoyo y determinar si los responsables realizaron seguimientos previos a la víctima antes de ejecutar el atentado.
Paralelamente, agentes judiciales adelantan entrevistas con las personas que presenciaron el ataque.
Cada declaración puede aportar información sobre la apariencia de los sicarios, la dirección que tomaron durante la huida o cualquier comportamiento inusual observado minutos antes de la balacera. En investigaciones de esta naturaleza, incluso un detalle aparentemente insignificante puede convertirse en una pieza clave para identificar a los responsables.
El homicidio también ha generado preocupación entre comerciantes, visitantes y ciudadanos que frecuentan diariamente el Gran Malecón del Río.
Durante los últimos años, este corredor urbano se ha consolidado como uno de los principales símbolos de la transformación turística de Barranquilla y recibe miles de visitantes cada semana. La ocurrencia de un ataque sicarial en un espacio de alta afluencia revive el debate sobre los desafíos que enfrentan las autoridades para garantizar la seguridad en lugares públicos donde confluyen residentes y turistas.
Especialistas en investigación criminal explican que un caso como este suele requerir semanas o incluso meses de trabajo. Los análisis balísticos permitirán determinar si el arma utilizada ha estado involucrada en otros hechos violentos, mientras que las labores de inteligencia buscarán establecer si existían amenazas previas contra la víctima o conflictos recientes que ayuden a esclarecer el móvil del asesinato.
Por ahora, el expediente continúa abierto.
Las autoridades mantienen bajo reserva buena parte del material probatorio recopilado y reiteran que ninguna hipótesis será considerada definitiva hasta que exista evidencia suficiente para respaldarla. El estudio de las cámaras de seguridad, las pruebas técnicas y los testimonios de quienes presenciaron el ataque serán determinantes para identificar a los autores materiales y establecer si detrás del crimen existió una estructura organizada o un conflicto específico.
Mientras la investigación avanza, el Gran Malecón del Río intenta recuperar la normalidad que durante años lo ha caracterizado. Sin embargo, la imagen de una noche que debía estar dedicada al descanso y la recreación quedó marcada por el eco de catorce disparos, la huida de dos sicarios entre las sombras y una investigación que ahora busca responder la pregunta que permanece sin resolver: quién ordenó el asesinato de alias “El Negro Sosa” y qué motivó un ataque ejecutado en uno de los lugares más representativos de Barranquilla.