Murió Wendy Sepúlveda, la joven atacada con gasolina por su expareja en Neiva, Huila
En un hospital donde cada segundo era una batalla entre la vida y la muerte, se apagó la historia de una joven de 24 años que había luchado durante días contra las graves heridas provocadas por un brutal ataque. Wendy Johana Sepúlveda Narváez no logró sobrevivir a las quemaduras que afectaron la mayor parte de su cuerpo, en un caso que ha estremecido profundamente a Neiva y a todo el país por la crudeza de los hechos y el trasfondo de violencia de género que lo rodea.
El ataque ocurrió en el barrio El Obrero, en la ciudad de Neiva, donde, según las investigaciones de la Fiscalía, la joven se habría reunido con su expareja sentimental. En ese encuentro, el hombre señalado presuntamente la roció con gasolina y posteriormente le prendió fuego antes de huir del lugar, dejándola gravemente herida en medio de la vía pública.
Desde el primer momento, la situación médica de Wendy fue crítica. Las quemaduras alcanzaron aproximadamente el 80 % de su cuerpo, lo que obligó a su traslado inicial a centros asistenciales en Neiva y posteriormente a una unidad especializada para pacientes con lesiones de alta complejidad en Medellín. Allí permaneció internada en cuidados intensivos, rodeada de equipos médicos que intentaban estabilizar su estado, mientras su familia mantenía la esperanza de una recuperación que, con el paso de los días, se volvió cada vez más incierta.
Durante ese periodo, su historia comenzó a circular con fuerza en medios de comunicación y redes sociales. No era solo un caso clínico: se había convertido en un símbolo doloroso de la violencia contra las mujeres en el país. Familiares, amigos y ciudadanos siguieron de cerca cada parte médico, cada actualización, cada leve cambio en su condición, aferrándose a la posibilidad de un milagro.
Sin embargo, el desenlace llegó tras varios días de lucha. Su muerte fue confirmada luego de permanecer en estado crítico en la unidad de quemados, donde el daño en su organismo resultó irreversible pese a los esfuerzos del personal médico. El país, que ya venía siguiendo el caso con preocupación, recibió la noticia con una mezcla de tristeza e indignación.
Las autoridades han señalado como principal sospechoso a su expareja sentimental, identificado como Yesid Alexander Rojas, conocido con el alias de “El Mudo”, quien habría sido capturado y judicializado por el ataque. Según las líneas de investigación, el hecho estaría relacionado con un presunto contexto de violencia previa dentro de la relación, un elemento que ahora se convierte en pieza central del proceso judicial.
El caso ha reabierto el debate sobre la persistencia de la violencia de género en Colombia y la dificultad para prevenir este tipo de agresiones extremas, incluso cuando existen antecedentes de conflicto entre las parejas. Organizaciones sociales han insistido en que muchos de estos hechos no son aislados, sino el resultado de ciclos de violencia que escalan hasta desenlaces fatales.
En Neiva, la noticia de su fallecimiento generó reacciones inmediatas. Mensajes de solidaridad comenzaron a circular en redes sociales, acompañados de exigencias de justicia y llamados a reforzar las medidas de protección para mujeres en riesgo. La Secretaría de la Mujer del municipio y diversas organizaciones defensoras de derechos humanos condenaron lo ocurrido y reiteraron la necesidad de fortalecer las rutas de atención.
Mientras tanto, el proceso judicial avanza con la adecuación de los cargos, que pasarán de tentativa de feminicidio a feminicidio consumado, conforme a la evolución del caso. Las autoridades continúan recolectando pruebas, testimonios y elementos técnicos que permitan reconstruir con precisión los momentos previos y posteriores al ataque.
Más allá del expediente judicial, la historia de Wendy Sepúlveda deja una huella profunda en la memoria colectiva. No solo por la violencia del hecho, sino por la sensación de fragilidad que deja en evidencia: una vida interrumpida en medio de una relación marcada por la violencia, y un desenlace que pudo haberse evitado.
Hoy, su nombre se suma a una larga lista de mujeres víctimas de feminicidio en el país. Su caso no solo se investiga en los tribunales, sino que también interpela a la sociedad sobre la urgencia de actuar antes de que la violencia llegue a su punto más irreversible.
Mientras las autoridades avanzan en el proceso judicial, la historia de Wendy permanece como un recordatorio doloroso de que detrás de cada cifra hay una vida, una familia y una tragedia que nunca debió ocurrir.