Después de perder a su padre, Messi vuelve a la cancha con una duda que nadie puede responder
Después de perder a su padre, Messi vuelve a la cancha con una duda que nadie puede responder
Hay regresos que se celebran con aplausos y otros que están cargados de silencio. Para Lionel Messi, volver a la cancha después de despedir a su padre, Jorge Messi, pertenece a la segunda categoría.
El fútbol continuó. Los partidos siguieron apareciendo en el calendario y su equipo volvió a necesitar al número diez. Pero para Leo, nada podía sentirse exactamente igual. Jorge había sido una presencia constante durante prácticamente toda su vida y, además de ser su padre, había acompañado buena parte de su trayectoria profesional.
Jorge murió a los 68 años en Rosario después de una larga enfermedad. La pérdida golpeó a Messi en un momento especialmente sensible, después de un Mundial en el que el propio futbolista había reconocido cuánto había pensado en su padre.
Por eso, cuando Messi volvió a ponerse una camiseta y entró nuevamente al campo, no regresó simplemente un futbolista.
Regresó un hijo.
Y detrás de esa imagen apareció una pregunta que nadie puede responder por él:
¿Cuánto tiempo más quiere seguir jugando?
Durante años, esa pregunta parecía lejana. Messi siempre encontró una nueva motivación. Un nuevo torneo. Un nuevo desafío. Una nueva oportunidad para competir.
Pero ahora algo cambió.
No necesariamente su amor por el fútbol.
Cambió la manera de mirar el tiempo.
Después de haber perdido a una persona que estuvo presente desde los primeros pasos de su carrera, cada año puede adquirir un significado diferente. El calendario deportivo ya no es lo único que importa. También están los momentos con la familia, los hijos que crecen y una vida que continúa lejos de los estadios.
En su despedida pública a Jorge, Messi expresó precisamente esa incertidumbre. Reconoció que tenía dudas sobre cuánto tiempo más continuaría en el fútbol, una declaración que abrió la puerta a todo tipo de especulaciones sobre el final de su carrera.
Pero hay algo importante: tener dudas no significa haber tomado una decisión.
Messi no necesita anunciar inmediatamente su retiro.
Puede necesitar tiempo.
Puede necesitar volver a entrenar, competir y descubrir qué siente cuando el fútbol vuelve a formar parte de su rutina.
Porque el fútbol también puede ser una forma de refugio.
Durante toda su vida, Messi aprendió a concentrarse en el balón incluso cuando existían problemas fuera de la cancha. Entrar en un estadio, ponerse la camiseta y competir puede ofrecer una sensación de normalidad cuando todo lo demás parece haber cambiado.
Sin embargo, esta vez existe una diferencia.
Jorge ya no estará después del partido.
No habrá una conversación como tantas otras.
No estará esa figura que conoció al niño antes de que el mundo conociera al campeón.
Y quizás esa sea una de las cosas más difíciles de aceptar.
Messi pudo acostumbrarse a jugar bajo presión, a recibir críticas y a soportar la responsabilidad de representar a Argentina. Pero no existe entrenamiento capaz de preparar a una persona para la ausencia definitiva de un padre.
Por eso, su regreso al fútbol no debería interpretarse simplemente como una señal de que ya superó el dolor.
El duelo no funciona así.
Una persona puede jugar, sonreír, entrenar y competir mientras todavía siente una enorme tristeza.
Puede cumplir con sus obligaciones y, al mismo tiempo, echar de menos a alguien.
Puede marcar un gol y pensar inmediatamente en quien ya no está.
Y quizá Messi tenga que aprender precisamente eso: continuar sin olvidar.
El Mundial también puede haber dejado una huella profunda en esta historia.
Según el propio Messi, Jorge quería verlo disputar aquel torneo. Lionel continuó adelante con la esperanza de que su padre pudiera recuperarse y estar presente en algún momento. Finalmente, esa posibilidad no se hizo realidad.
Por eso, aquellos partidos pueden tener ahora un significado diferente.
Las lágrimas.
Los momentos de tensión.
Las celebraciones.
El cansancio.
La emoción.
Todo puede verse desde otra perspectiva después de conocer lo que Messi estaba viviendo en privado.
Y cuando un futbolista llega a una etapa así de su carrera, inevitablemente aparece otra pregunta.
¿Qué queda por demostrar?
Messi ya conquistó prácticamente todo lo que un jugador puede imaginar. Ha levantado los trofeos más importantes y construyó una carrera que lo convirtió en una figura histórica.
Por eso, si decide continuar, no será porque necesite demostrar que es el mejor.
Será porque todavía disfruta.
Porque todavía siente pasión.
Porque todavía quiere competir.
Y quizá porque todavía existe una parte de él que no está preparada para despedirse del fútbol.
Pero también puede ocurrir lo contrario.
Puede llegar un día en que Leo sienta que es suficiente.
Que ha llegado el momento de cambiar los estadios por una vida más tranquila.
Que quiere disfrutar de sus hijos sin que cada semana esté condicionada por un partido.
Que desea cerrar la puerta de los vestuarios mientras todavía puede hacerlo con la sensación de haber elegido él mismo el momento.
Eso sería diferente a retirarse obligado.
Sería una decisión personal.
Y después de la muerte de Jorge, esa decisión podría tener un componente emocional mucho más profundo.
Porque cuando perdemos a alguien que estuvo con nosotros desde el principio, comprendemos que el tiempo no es infinito.
Messi puede saberlo mejor que nadie ahora.
Por eso, cada partido que dispute puede ser visto como una oportunidad, no como una obligación.
Una oportunidad para disfrutar.
Una oportunidad para compartir con sus compañeros.
Una oportunidad para sentir nuevamente aquello que lo acompañó desde niño.
Y también una oportunidad para llevar consigo el recuerdo de Jorge.
Quizá esa sea la verdadera forma de continuar.
No intentar dejar atrás el dolor.
No fingir que nada cambió.
Sino aceptar que la vida cambió y encontrar una manera de avanzar.
Messi todavía puede tener muchos partidos por delante.
O quizá no tantos.
Nadie puede saberlo.
Ni los aficionados.
Ni sus compañeros.
Ni siquiera él.
Lo único seguro es que el futbolista que vuelva a entrar en la cancha después de esta pérdida será un hombre diferente al que salió de ella antes de despedir a su padre.
El número diez seguirá siendo el mismo.
El balón seguirá rodando.
Los estadios seguirán llenándose.
Pero dentro de Messi habrá una ausencia que ningún triunfo podrá reemplazar.
Y quizás, algún día, cuando llegue el último partido de su carrera, esa despedida no será solamente el final de una trayectoria deportiva.
Será también el cierre de una historia que comenzó muchos años atrás, cuando un niño soñaba con jugar al fútbol y su padre estaba allí para acompañarlo.
Ahora, ese niño convertido en leyenda tiene que decidir cuándo dejar de jugar.
Y esa es una respuesta que solamente Lionel Messi puede encontrar.
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