El capitán que nunca volvió a casa: la tragedia que apagó la vida de Willner Rivas y su familia bajo los escombros
El capitán que nunca volvió a casa: la tragedia que apagó la vida de Willner Rivas y su familia bajo los escombros
Durante más de once días, familiares, amigos y compañeros de equipo se aferraron a una sola esperanza: encontrar con vida a Willner Rivas. Cada jornada de búsqueda terminaba con la misma pregunta, la misma incertidumbre y el mismo deseo de recibir un milagro entre las montañas de concreto que dejaron los devastadores terremotos en Venezuela.
Ese milagro nunca llegó.
Las labores de rescate concluyeron con una noticia que estremeció al deporte venezolano. El cuerpo de Willner Rivas Quijada, capitán de la selección nacional de voleibol, fue localizado sin vida junto al de su esposa, Mariangel Pérez, y su pequeño hijo Theo, de apenas un año y medio. Los tres permanecían sepultados bajo los restos de un edificio colapsado en Catia La Mar, en el estado de La Guaira, una de las zonas más golpeadas por el doble sismo que sacudió al país el pasado 24 de junio.
La noticia puso fin a casi dos semanas de angustia, pero abrió un profundo duelo que trascendió las fronteras venezolanas. Rivas no era un deportista cualquiera. A sus 31 años se había convertido en uno de los grandes referentes del voleibol nacional, un líder dentro y fuera de la cancha cuya carrera continuaba creciendo en el ámbito internacional.
Horas antes del terremoto, Willner disfrutaba de un momento de descanso junto a su familia en su residencia de La Guaira. Nada hacía imaginar que aquella tarde cambiaría sus vidas para siempre. En cuestión de segundos, los violentos movimientos de tierra provocaron el derrumbe de numerosos edificios, dejando miles de víctimas y desaparecidos.
Desde ese momento comenzó una carrera desesperada contra el tiempo.
Equipos de rescate, bomberos, voluntarios y organismos de protección civil trabajaron sin descanso entre los escombros. A ellos se sumaron amigos, familiares y compañeros del voleibol venezolano, convencidos de que aún existía una posibilidad de encontrarlos con vida. Cada nueva excavación alimentaba una esperanza que se fue debilitando con el paso de los días.
Finalmente, tras más de once días de labores ininterrumpidas, los rescatistas localizaron los cuerpos de Willner, Mariangel y el pequeño Theo. La confirmación provocó una ola de mensajes de dolor en todo el continente.
Uno de los primeros pronunciamientos llegó desde España. El CV Guaguas, club con el que el jugador acababa de comprometerse para disputar la próxima temporada, expresó públicamente sus condolencias y lamentó profundamente la pérdida del deportista y de toda su familia.
“Se ha confirmado que Willner Rivas, su esposa Mariangel Pérez y su pequeño hijo Theo han sido encontrados sin vida”, escribió la institución, acompañando el mensaje con palabras de solidaridad hacia sus seres queridos.
Poco después también reaccionó la Confederación Sudamericana de Voleibol. En un emotivo comunicado recordó a Rivas como uno de los grandes líderes del voleibol venezolano y destacó el vacío que deja su partida dentro del deporte regional.
La organización afirmó que no solo desaparecía un extraordinario atleta, sino también un compañero ejemplar y un referente para las nuevas generaciones de jugadores.
La trayectoria de Willner Rivas había estado marcada por el esfuerzo y la constancia. Con la selección nacional disputó importantes competiciones internacionales y, como capitán, condujo a Venezuela hacia la conquista de la Copa Panamericana de Voleibol de 2025, torneo en el que además fue elegido como el Jugador Más Valioso (MVP). Ese rendimiento despertó el interés del voleibol europeo y le abrió las puertas del CV Guaguas, uno de los clubes más importantes de España.
Sin embargo, el destino tenía preparado un desenlace imposible de imaginar.
Mientras el deporte despedía a uno de sus líderes, Venezuela seguía enfrentando las devastadoras consecuencias del terremoto. Las autoridades informaron que el número de fallecidos continúa aumentando y que miles de personas permanecen heridas o han perdido sus hogares, convirtiendo esta emergencia en una de las mayores tragedias naturales registradas en la historia reciente del país.
En medio del dolor, cientos de deportistas utilizaron las redes sociales para recordar a Willner. Muchos compartieron fotografías de antiguos campeonatos, concentraciones y entrenamientos. Otros prefirieron dedicarle mensajes de agradecimiento por su liderazgo, su disciplina y el apoyo que siempre brindó a sus compañeros.
Quienes lo conocieron coinciden en una misma descripción: un jugador competitivo dentro de la cancha, pero humilde y cercano fuera de ella. Un capitán que entendía que el verdadero liderazgo se construía con el ejemplo.
Hoy, el voleibol venezolano pierde mucho más que a uno de sus mejores jugadores. Pierde a un símbolo de una generación que soñaba con seguir llevando el nombre del país a los escenarios internacionales.
La tragedia también deja una dolorosa reflexión sobre el costo humano de los desastres naturales. Detrás de cada cifra oficial existen familias enteras, proyectos interrumpidos y sueños que quedaron sepultados bajo los escombros.
Willner Rivas había dedicado gran parte de su vida a levantar trofeos y representar con orgullo a Venezuela. Sin embargo, su legado ya no será recordado únicamente por los títulos obtenidos, sino también por la inmensa muestra de cariño que despertó en el mundo del deporte cuando su nombre pasó de encabezar las páginas deportivas a convertirse en símbolo del profundo duelo que vive todo un país.
Porque algunas despedidas trascienden el resultado de cualquier competencia. Y la de Willner Rivas, junto a la de Mariangel y el pequeño Theo, permanecerá para siempre en la memoria de quienes entendieron que detrás de cada atleta existe, ante todo, una familia y una historia que jamás debió terminar de esta manera.